El purgatorio enseñanza de la iglesia católica y polémica de las sectas.

El purgatorio enseñanza de la iglesia católica y polémica de las sectas.

PURGATORIO

Realidad escatológica, que implica la purificación del hombre después de la muerte. El desarrollo del dogma ha llevado a aclarar algunos puntos que permiten distinguir entre lo que constituye el dato esencial de la fe y su elaboración teológica a lo largo de la historia.
La sagrada Escritura no habla directamente del purgatorio, pero contiene textos que permiten deducir su existencia. La tradición de la Iglesia acude particularmente a 2 Mac 12,40-45, que se refiere a la oportunidad de recurrir a la oración como fuente de perdón por el pecado de los que se durmieron en el Señor. No dice nada sobre el cómo de la acción purificadora de esta oración, ni sobre un «estado intermedio» de los que murieron en pecado. Es explícita la fe en la resurrección. Otro texto que se cita es el de Mt 5,26, donde se ha visto en la pena temporal de la cárcel un estado de expiación temporal en la vida futura. En Tertuliano, este intervalo entre la muerte y la resurrección es ocasión de purificación para todos, excepto para los mártires (De anima, 58), Algunos autores apelan a 1 Cor 3,10-15 (san Agustín, De civitate Dei 21,26,21, Con Agustín la fe en el purgatorio se configura definitivamente : después de la muerte el destino del hombre queda fijado para siempre, la purificación se refiere solamente a aquellos que, a pesar de su apego a los bienes creados, han puesto en Cristo el fundamento de su vida; el fuego se ve substancialmente como tribulación temporal que se deriva de las malas inclinaciones adquiridas.
Además de la Escritura y de la tradición de los Padres, el dato más importante de los primeros siglos (1-1111 es la práctica de los sufragios, como se deduce de las inscripciones funerarias, las actas de los mártires, etc.
En el período escolástico es importante la distinción que introduce santo Tomás entre la culpa y la pena (De malo 7 11). La culpa se perdona inmediatamente después de la muerte con un acto de amor y de arrepentimiento, pero la pena no se suprime ni disminuye, sino que ha de ser expiada. En el ámbito magisterial, el II concilio de Lyón (1274) afirma que los que murieron en la caridad de Dios «con verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho por ellos con verdaderos frutos de penitencia», son purificados después de la muerte con «penas purgatorias». Afirma también la validez de los sufragios (Profesión de fe de Miguel Paleólogo: DS 856). El concilio de Florencia ( 1439) recoge estos mismos principios en el Decreto para los griegos (DS 1304). El concilio de Trento ( 1536) remacha la doctrina sobre el purgatorio (DS 1820) en relación con los reformadores.
Lutero excluye toda posibilidad de purificación personal, como negación de la eficacia universal expiatoria de la muerte de Cristo.
En la teología postridentina, Belarmino y Suárez sistematizan la doctrina. En los sucesivos el interés escatológico decae en cuanto a las realidades que se refieren solamente al final de la existencia terrena.
La teología contemporánea ha vuelto a resaltar la dimensión escatológica de todo el mensaje cristiano y considera el purgatorio en una perspectiva cristológica, antropológica y eclesial.
Cristológica, en cuanto que- el purgatorio se concibe a la luz del » estar con Cristo», del «morir en Cristo». Antropológica, en cuanto que subraya la dimensión subjetiva del arrepentimiento y de la toma de conciencia de sí mismo. Eclesiológica, como expresión de la dimensión penitencial de la Iglesia. Todavía quedan elementos de incertidumbre sobre el estado intermedio y . sobre la subsistencia de un «yo» puramente espiritual después de la muerte.
El concilio Vaticano II insiste en «la solidaridad vital » con los que « todavía se están purificando después de la muerte» (LG 51), y el Documento sobre algunas cuestiones relativas a la escatología de la Congregación para la doctrina de la fe ( 1979) reafirma la permanencia después de la muerte de un «elemento espiritual» y, por lo que atañe a los elegidos, habla de «una eventual purificación de los mismos que es preliminar a la visión de Dios, pero totalmente distinta de la pena de los condenados».
E. C Rava

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