CATEQUESIS O ENSEÑANZA: Por VICENTE AYEL ¿QUE ES LA CATEQUESIS? CELAM-

CATEQUESIS O ENSEÑANZA: Por VICENTE AYEL ¿QUE ES LA CATEQUESIS? CELAM-

CATEQUESIS O ENSEÑANZA

LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA NOS ENSEÑA QUE LA
CATEQUESIS TIENE POR FIN LA EDUCACIÓN DE LA FE VIVA

CATE/QUÉ-ES:
a) Una oposición estéril y peligrosa: ¿Enseñanza o Educación?

Demasiado a menudo, la catequesis, la Enseñanza Religiosa,
está pensada como para llenar los espíritus de conocimientos
religiosos (cuando no está reducida, prácticamente, a la
explicación y a la tarea de aprender de memoria el manual). Al lado
de la catequesis enseñanza se descubre cada vez más la
necesidad de una educación cristiana, de una formación para la
vida. Incluso, a veces, llega a existir oposición: unos que defienden
una enseñanza doctrinal sólida, clara, didáctica, para hacer
aprender todo, cueste lo que cueste («¡siempre quedará algo!»).
Otros que argumentan: «¿De qué les servirán todas esas
hermosas nociones? ¡Cuánta hojarasca en vuestra enseñanza
religiosa! Lo que hace falta es una educación llena de vida, un
impulsar a la acción para reaccionar en cristiano.»
Lo más frecuente es que no exista una oposición tan acusada,
pero sí que se practique una especie de disociación, de división
del trabajo: para la catequesis, la tarea de proponer una doctrina;
para el educador de los jóvenes (responsable o asesor de un
movimiento, por ejemplo), hacerla vivir, educar verdaderamente.
Solución de facilidad que no respeta la verdadera naturaleza de
la catequesis, tal como la concibe la lglesia
-No se trata de oponer, ni incluso de yuxtaponer la enseñanza y
la educación. Es preciso dejar a un lado esa estéril y peligrosa
oposición, comprender que el movimiento de renovación
catequética no progresará mientras se satisfaga con la
dosificación, el compromiso, la yuxtaposición.
Porque en el cristianismo no se puede admitir la disociación
entre la Doctrina y la Vida. «Yo soy (una Persona) el Camino, la
Verdad, la Vida.» «Sí, Dios amó al mundo que le dio su Hijo único,
para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida
eterna.), «Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, único Dios
verdadero, y a tu enviado, Jesucristo».
Hay, pues, una conexión íntima entre la Verdad (la enseñanza) y
la Vida (la formación). Examinemos la naturaleza de esta relación.

b) Naturaleza de la relación Enseñanza-Formación
La catequesis es enseñanza y educación. Todavía no es
suficiente: estamos aún en el plano de una yuxtaposición.
En una catequesis fiel a la Tradición de la Iglesia, es menester
decir que la enseñanza es PARA la educación. Todavía no basta, o
al menos esta fórmula -en sí satisfactoria- tiene el peligro de ser
mal comprendida, como si se tratase de una acción en dos tiempos
sucesivos.
No se trata de una sucesión cronológica, de un proceso
caracterizado por dos momentos separados, de una «causa» que
produce más tarde su «efecto» (continuaríamos en una perspectiva
de yuxtaposición). Aquí, causa y efecto son simultáneos,
rigurosamente contemporáneos. En el acto mismo de enseñar (en
el sentido de «hacer discípulos»: «mateutein» y no «didaskein»), yo
debo educar. Una enseñanza que sólo se quisiera correcta, dejaría
de serlo. En el acto de acogida, de recepción de la doctrina, los
catequizandos deben dar vuelta a su corazón, cambiar el eje de su
existencia, vivir de la fe. La vida debe brotar de la doctrina misma,
en el mismo instante en que es enseñada. «La vida es que te
conozcan»… Pero ya se sabe que el verbo «conocer», en su
acepción bíblica, implica una dimensión distinta de la solamente
intelectual…
Por consiguiente, catequizar consiste no en «enseñar la religión»,
sino enseñar de tal manera que la doctrina provoque el acto de fe,
la vida de fe. No hay dos tiempos cerrados en sí, sino una sola
función de catequesis en dos dimensiones -aunque unas veces se
acentúe particularmente la enseñanza y otras la formación.
No se realiza catequesis para comunicar un saber religioso, ni
para triunfar en exámenes de tipo escolar; ni tampoco para
provocar costumbres piadosas, conducir a una vida moral. Se
catequiza para educar la fe, realizar la conversión del corazón,
obtener de la libertad de cada uno el abandono del egoísmo y de
la voluntad orgullosa de salvarse por sí mismo.
Comprenderemos mejor esto al analizar brevemente lo que es la
fe a educar; veremos mejor la implicación recíproca, en el seno de
una fe viva, del aspecto conocimiento y del aspecto formación.

¿QUÉ ES ESTA FE QUE DEBEMOS EDUCAR?
FE/QUÉ-ES No se trata, aquí, de una exposición completa sobre
la fe. Solamente esbozaremos algunas distinciones, fundamentales
para el trabajo catequético, a propósito de algunos aspectos
complementarios de la única fe católica.

a) La fe es «conversión» Y «conocimiento» CV/QUÉ-ES
-La fe es «conversión».
-Pensemos en uno de los tres mil que creyeron en el Evangelio
inmediatamente después de la primera catequesis de Pedro el día
de Pentecostés. Comienza por «convertirse». «Convertirse»
significa literalmente «volverse hacia», volverse, o más
rigurosamente, ser vuelto, cambiar el sentido de su marcha, de su
existencia. Se ha debilitado y mutilado la significación de la palabra
«conversión» a causa de un moralismo invasor. La conversión no
se sitúa solamente, ni en primer lugar, en el plano de la conducta
moral; tampoco es una entrada inmediata en las costumbres de
práctica religiosa y sacramental; menos todavía la posesión
consciente de un conjunto coherente de conocimientos doctrinales.
El convertido se adhiere en bloque al contenido de la religión, sin
ser capaz en el primer momento de detallar las verdades y las
obligaciones con todo pormenor. Está tomado, aprisionado
enteramente, subyugado por la Persona de Cristo, que acaba de
entrar en su vida. La fe-conversión es esa entrega de sí mismo a la
Persona de Cristo, esa relación existencial enlazada con Cristo,
esa adhesión no sólo del espíritu, sino del corazón y de todo el ser
radicalmente trastornado, cambiado en sus profundidades
espirituales más íntimas.
La fe-conversión está provocada por el anuncio de Jesucristo;
no de su doctrina, sino de su persona, de su venida, de su muerte
y de su resurrección, de su misterio pascual. Este anuncio primitivo
del «hecho» de Jesús a los no creyentes se llama propiamente la
Evangelización (el «Kerygma» del Nuevo Testamento), primera
etapa de toda catequesis.

-La fe es «conocimiento».
-A continuación, nuestro convertido participa en las reuniones de
la comunidad -el elemento comunitario es esencial para la fe-,
donde recibe la instrucción propiamente dicha. Su fe adquiere una
dimensión intelectual más o menos acusada según su nivel
cultural, su temperamento y también las posibilidades ofrecidas. La
fe-conversión se duplica con una fe-conocimiento. Esta es la toma
de conciencia más detallada de aquello a que se había adherido
globalmente en el fervor de la conversión vivida.
La fe-conocimiento está provocada por la enseñanza religiosa en
tanto que «enseñanza» de una doctrina. Es la «catequesis» en el
sentido estricto, segunda etapa de la catequesis en el sentido
amplio.

-Después de haber recordado esta distinción entre
fe/conversión y fe/conocimiento, apresurémonos a subrayar
las relaciones obligatorias entre estos dos aspectos de una misma
y única actitud creyente.
La conversión debe terminar en fe-conocimiento, sin la cual la fe
permanecería en estado infantil, se deslizaría hacia el subjetivismo
individualista, en un modernismo sin contenido dogmático preciso y
objetivamente delimitado. La fe-conversión reclama a la
fe-conocimiento como a su acabamiento normal: se desea
profundizar en el conocimiento global y amoroso que se tiene de
alguien. No se cree verdaderamente mientras no se conoce de
modo preciso lo que se cree.
Pero, al contrario, una fe-conocimiento que no fuera precedida y
continuamente movida por el impulso interior de una fe-conversión,
moriría en un puro saber religioso ortodoxo. Es propio de gentes
que «saben» bien su catecismo, sin tener una fe auténtica en
Nuestro Señor Jesucristo. En el edificio de su fe falta la planta baja,
la fe-conversión.

VICENTE AYEL
¿QUE ES LA CATEQUESIS? CELAM-CLAF.MAROVA.MADRID-1968.Págs. 33-37)

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