Moral Cristiana Especial Parte I. Ateísmo, diversidad y secularización

Moral Cristiana Especial Parte I. Ateísmo, diversidad y secularización

MORAL CRISTIANA ESPECIAL I

Resumen de: A. Gunthor, «Chiamata e risposta II»

Ed. Paoline, 1988

Introducción.:

La moral especial trata de determinar el contenido de la llamada de Dios al hombre y de la respuesta que éste debe dar en su vida cotidiana.

Este volúmen trata de las relaciones del cristiano con Dios, y el siguiente de las relaciones del cristiano con el prójimo; se trata de dos aspectos cuya estrecha relación aparecerá con frecuencia.

OBSERVACIONES PRELIMINARES.

El teólogo de hoy en día no puede hablar de las relaciones del cristiano con Dios sin antes atender al problema del ateísmo y del secularismo (¿es posible una relación con Dios, y en qué medida debe ésta influir en la vida del hombre?). Posteriormente se verán los temas de la fe, esperanza y caridad, de la veneración de Dios y de la conversión del pecador a Dios.

I. ATEISMO, PROCLAMACION DE LA MUERTE DE DIOS Y SECULARIZA­CION.

1. El ateísmo.

A. Diversos tipos de ateísmo:

Las corrientes de la negación de Dios ofrecen formas y grados diversos:

1. Ateísmo explícito, radical, dogmático: Rechazo consciente y absoluto de Dios y de la religión. Reviste varias formas: el nihilismo (negación de todo absoluto, hecha en modo absoluto y por lo tanto contradictoria en sí misma), el ateísmo colectivo, el ateísmo individual (frecuentemente es una excusa para acallar el imperativo de la conciencia).

2. Ateísmo agnóstico: Reducción del conocimiento del hombre a la experiencia sensible y negación de la posibilidad de que éste pueda conocer o decir algo de Dios.

3. Ateísmo positivista: Todo conocimiento, también si es sobre Dios, tiene sólo un valor provisional, probabilístico.

4. Ateísmo humanístico y existencialista: Centra tanto la atención en el hombre que pierde de vista a Dios, o niega a Dios para afirmar la libertad y el progreso de la humanidad. La fe en Dios se considera un obstáculo para el desarrollo científico o político social, o para la libertad.

5. Ateísmo como oposición a falsas formas de teísmo: La falsa idea que se tiene de Dios conduce a una negación de Dios, como es el caso de la concepción deística del Dios ausente y ajeno al mundo, o de la concepción moralística de Dios como mero legislador.

6. Ateísmo de la indiferencia o ateísmo práctico: los valores materiales e inmanentes llenan de tal modo la vida del hombre, que éste ni siquiera se plantea el problema de Dios; no siente necesidad de él.

7. Ateísmo de la protesta contra el mal en el mundo: la experiencia del mal físico y moral es para muchos incompatible con la fe en Dios.

8. Ateísmo de la idolatría de lo terrestre: Se da un valor absoluto a las realidades creadas: el cuerpo, el poder, etc.

B. Respuesta al ateísmo:

1. Ante el ateísmo radical y práctico hay que cuestionarse si la negación de Dios no va precedida por un prejuicio: se parte de principios y leyes que de antemano están cerrados a la posibilidad de que Dios exista.

2. Ante el ateísmo agnóstico hay que preguntar por qué el hombre nunca ha cesado de buscar a Dios, lo cual muestra su capacidad de conocer al menos algo sobre él.

3. Ante el ateísmo positivista, conviene demostrar cómo el conocimiento del hombre, si bien es parcial, puede alcanzar realidades verdaderas y estables.

4. Al ateísmo humanista y existencialista conviene mostrar cómo el cristianismo no rebaja al hombre, sino al contrario, lo exhalta, como creatura superior a todas las demás, amada por Dios, llamada a la eternidad, libre, etc.

5. Ante el ateísmo como oposición a un falso teísmo, conviene explicar cómo se debe entender a Dios.

6. El ateísmo de la indiferencia es en primer lugar un problema práctico cuya solución está en la conversión, en el librarse de la esclavitud de los valores terrenos.

7. Detrás del ateísmo de la protesta contra el mal en el mundo puee esconderse una profunda sensibilidad hacia los valores morales, que puede orientarse hacia una valoración del dolor, apoyándose en los ejemplos de aquellos cuya fe crece en el dolor. Además hay que ver muchos males deben atribuírse al hombre, no a Dios.

C. El cristiano en un mundo ateo.

– El cristiano debe rechazar el ateísmo como corriente, pero ayudar al ateo a encontrar a Dios.

– Evitar todo aquello que favorezca la difusión del ateísmo: la falsa representación de la fe y el mal testimonio de vida cristiana.

– Remediar el mal por el testimonio de una fe viva y madura (coherencia, justicia social, caridad).

Colaborar con el ateo en la vida pública, respetarlo, pero evitar que propague sus convicciones.

2. Excursus sobre la teología de la muerte de Dios.

«Muerte de Dios» es un término que pretende afirmar la no existencia de Dios no de modo teorético y frío, sino de modo apasionado y fanático.

Para algunos el término es un modo de expresar el hecho de que nuestra cultura vive ajena a Dios. Esto puede entenderse como el final de la «ilusión» de un Dios que nunca ha existido y que se ha logrado gracias al progreso del conocimiento humano. Pero también puede entenderse como el final de una representación imperfecta de Dios, que da lugar a una representación nueva; en este caso suele hablarse de una «teología después de la muerte de Dios»: pero puede tratarse, bien de una representación más perfecta de Dios, bien de una representación igualmente imperfecta e unilateral (por ejemplo, quienes sostienen la muerte del Dios trascendente y el descubrimiento de un Dios sólo inmanente).

3. La secularización.

La secularización es una corriente de nuestro tiempo que, sin negar la existencia y soberanía de Dios, reduce la relación con Dios en la fe y en el culto a la vida privada de cada individuo y sostiene la autonomía e independencia de los sectores de la vida humana (ciencia, vida social, economía, etc.). Secularismo es una forma extremista de secularización que sostiene una autonomía total del hombre y del mundo ante Dios.

Quedando firme que las realidades terrenas poseen una verdadera autonomía, querida por Dios (Cfr. GS 36), se puede afirmar que sólo el hombre que está orientado hacia Dios es capaz de tratar dichas realidades de modo objetivo, tal y como las ha querido el Creador, con una autonomía propia, pero orientadas hacia Dios. Es ilícita una secularización que quite toda referencia de las realidades temporales a las realidades trascendentes. Pero es lícita una secularización que pretenda liberar las realidades temporales de una indebida subordinación a determinadas instituciones religiosas, o a falsas religiones.

El hombre ha desacralizado correctamente el mundo, la historia y a sí mismo, al encontrar por medio de la ciencia y la técnica explicaciones a fenómenos que antes atribuía sin más a intervenciones directas de la divinidad. Pero existe el peligro de caer en otra sacralización: la de absolutizar el desarrollo técnico y científico, el progreso, o a sí mismo.

El pecado es la ruptura del ordenamiento hacia Dios del hombre y de las creaturas de las que él dispone, crea un desorden, viola las leyes de la creación y en consecuencia limita la autonomía y la mundaneidad del mundo quedando el hombre como fin de las cosas y haciénsode él esclavo de las creaturas.

La redención por medio de Cristo restituye al mundo su legítima mundaneidad y autonomía. Por medio del hombre renovado en Cristo el mundo puede ser reorientado a su plan original, a Dios.

La Iglesia, en cuanto actualizadora de la redención, debe

preocuparse por lograr la debida sacralización y la debida secularización del mundo. O sea, debe ayudar al hombre a tratar las realidades temporales de acuerdo con el plan del Creador, respetando la autonomía de éstas.

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