Curso de moral fundamental: VI parte: Prof. Livio melina

Curso de moral fundamental: VI parte: Prof. Livio melina

Para ésta semana en el curso de teología moral fundamental parte VI, tenemos un importante tema, basado en la teología de San Pablo, la moral judía y la griega, virtudes de san Pablo, la ley según Pablo y de forma ya directa tenemos las ciencias y la moral , así como la ley natural y su contexto.

3. San Pablo y la ley.

No debemos tomar de San Pablo solo la parte moral de la segunda parte de sus cartas, sino unirlas a las partes dogmáticas. Como tampoco basta tomar y tener presenta la filosofía de su tiempo), sino de tomar la originalidad misma de S. Pablo en su conjunto, a partir del fundamento teológico de su moral.

a. San Pablo de frente a la moral judía y griega.

En su predicación, Pablo se enfrenta a los dos grandes sistemas:

– La moral judía: centrada en la búsqueda de la justicia ante Dios, determinada fundamentalmente por la ley de Moisés, los mandamientos, etc. Esta ley iba unida a una promesa de Dios.

El peligro es de una autosuficiencia, para lograr cumplir los mandamientos delante de Dios, la auto justificación por medio de la ley.

La moral griega: centrada en la idea de perfección humana que tiene su culmen en la sabiduría. Esto ideal de perfección humana se configura por medio de todo un arganismo de virtudes intelectuales de moral.

Platón y Aristóteles tienen una influencia muy grande, como tal se deja ver en la moral Nicomaquea, donde la perfección se identifica con la sabiduría como conocimiento; se logra esto por medio de la virtud. Las palabras claves son: las de sabiduría, virtud y felicidad. La moral romana se expresa en el derecho romano con sentido de justicia y de orden.

b. Respuesta de San Pablo.

En 1Cor 1,22-25;2 Pablo tiene una respuesta fuerte y vigorosa de frente a la justicia que buscan los judíos y a la sabiduría que buscan los griegos. Pone como nuevo fundamento de la moral la fe en Cristo muerto y resucitado. No rechaza la justicia ni la sabiduría, pero les procura una nueva base: Cristo es para él la justicia y la sabiduría de Dios. Es un escándalo para los judíos y una tontería para los griegos.

Así, la moral Cristiana nace en una paradoja, por un lado cumple lo que es la meta de una moral humana, y por otro lado es como si rompiera con las tradiciones de los sistemas consolidados; aparentemente parece ir contra las perspectivas humanas. El hecho fundamental es que S. Pablo toma de esos sistemas un defecto fundamental: el orgullo de hombre que trata de salvarse por sí solo: de justificarse con el cumplimiento de la ley (judíos) o de alcanzar la perfección de la virtud por sí solos (griegos).

Pablo pone a la raiz, la humildad de la fe que reconoce en Cristo crucificado y resucitado, la única posibilidad de ser justos ante Dios. La alternativa fundamental es poner la confianza en Otro.

La moral de Pablo tiene por base un elemento de conversión radical. La experiencia de Pablo se encuentra en la conversión radical, cambiar de completamente de actitud. Su perspectiva moral es dialéctica, mediante contraposiciones: ley-gracia, pecado-justicia, impotencia humana-potencia divina, perdición-salvación

El hombre para Pablo es fundamentalmente carne (sarx), diverso de cuerpo (soma). La sarx es el hombre considerado en su fragilidad, en su caducidad y en su pecado. Se opone a Dios; se inclina al mal. La soma, indica el aspecto físico donde actua la sarx. El cuerpo (junto con la psijé humana) es el lugar donde se desencadena con la pasión la revelión a la ley de Dios. Y solo cuando se le confiere el pneuma comienza la redención del cuerpo, la soma viene redenta. La moral de Pablo es la moral de la persona que vive en Cristo; es una de las fórmulas más usadas en las cartas de San Pablo: “el cristiano vive en Cristo”. Jesús en su individualidad histórica, es la causa de la fuente de la santidad y de la sabiduría que Dios ofrece a los hombres. La unión personal con Cristo mediante la fe, pasa a ser la raiz de la vida moral del cristiano. Es vinculado en un mundo nuevo; vive en Cristo (Col 3,1-3: “Buscad las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo ** a la derecha de Dios”).

Este ser vinculado a Cristo es el origen de una vida nueva, vida en la fe, en la esperanza y en la caridad. Así el problema de la fragilidad humana (“no hago lo que quiero, sino lo que no quiero”, Rm 7,19ss) viene resuelta. Está la ley de la carne; la fe es aquello que libra de ésta escalvitud de la carne, de la presunción de autojustificación y salva también de la desesperación ante la debilidad. La fe establece una relación constitutiva de la persona con Cristo y la inserta a Cristo: “Ya no vivo más por mi mismo sino que vivo en Cristo” (**). La fe es una virtud activa, operativa. Ella ejercita una influencia en toda la persona; hace nacer al hombre nuevo.

Mediante la fe viene donado el Espíritu Santo que une al creyente a Cristo en un modo tan profundo que  produce un cambio en su mismo ser. En la raiz de este cambio está el Bautismo. Rm 6,4: “Hemos sido sepultados en la muerte con Cristo mediante el Bautismo… una vida nueva”. En el Bautismo la conversión es un evento sacramentalmente, inserta en el misterio pascual de Cristo; pasa de la ley de la carne a la ley del Espíritu.

Entonces, en el Bautismo se da la conversión radical con la inserción en Cristo. Aquí tiene lugar el tema paolino de la imitación de Cristo. Significa dejar que la vida nueva reproduzca en el cristiano la persona del Señor. En este sentido es mucho más radical que en el A.T., el imperativo de la Nueva Ley que se radica en el indicativo de la gracia.

Todos los imperativos morales de Pablo derivan de este evento sacramental:

– 1Cor 5,7: ponerse el vestido nuevo y quitarse el viejo, porque ahora son una realidad nueva, hay una ontología nueva. Motiva a los coritios teológicamente: “Sois el Cuerpo de Cristo”.

– Ef 4,1: “Caminad en manera digna en la vocación a la que habéis sido llamados”.

Ser cristiano es decir sí al Espíritu en el cual estamos insertados. Y este es el concepto paolino de libertad: es ante todo algo donado; es libertad del pecado, de la carne, de la ley, de la muerte. Es una libertad del pecado, para Dios, abierta al servicio. La vida moral del cristiano es dejar que las energías del Espíritu se desarrollen; que den origen a los frutos del Espíritu de los que habla Ga 7,4. Contrapone los frutos de la carne a los del Espíritu. Aquellos de la carne nos corresponden. La vida en el Espíritu es como una batalla de la vida nueva contra la vieja (Rm 8,5), porque la vida cristiana está dentro del “ya” de la gracia pero en un “todavía no”; son las primicias del Espíritu, es decir, las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), que el Espíritu obra en el corazón del hombre. Pero estas virtudes necesitan luchar contra “los soberanos de este mundo” (1Cor 1,6), las potencias cósmicas que buscan seducir al hombre, contra santanás (2Cor 2,11). Hay necesidad de armas especiales (Ef 6).

c. Sistema de virtudes de San Pablo.

La actitud de Pablo ante las virtudes paganas, es doble: por un lado asume esas virtudes pero con una preliminar ruptura. Pone en la raíz de este sistema de virtudes a la fe. Esta es la nueva virtud, más radical, que combate el orgullo y abre hacia otro. La fe como fundamento nuevo permite retomar, trasfigurar todas las demás virtudes: “In fati fratelli… debe ser objeto de vuestra cura” (Flp 4,8); se debe examinar todo y retener lo que es bueno, se debe discernir (1Tes 5,21).

El organismo de las virtudes cristianas son la fe, la esperanza y la caridad, que ponen al cristiano en relación directa con Dios en Cristo, y en este sentido eliminan el peligro de la autosuficiencia. Las virtudes no son ya auto perfeccionamiento,  auto realización. Para Pablo la virtud la virtud cardinal, la más perfecta es la caridad: himno a la caridad como vínculo a la perfección, con Cristo y con los hermanos (1Cor 13), eclesial, no individualista; el Espíritu Santo difuso en nuestros corazones, autor de las virtudes, que habita en la Iglesia y la une en la caridad (Rm 5,1-8).

El ser en Cristo, con Cristo, hace que toda la vida cristiana sea animada por una motivación moral, específicamente cristiana. No hay una división entre la moral y la espiritualidad (1Cor 8,12); la moral es siempre moral de la vida en Cristo, no solo la observancia de las leyes, incluyendo las de orden natural.

Hay virtudes específicamente cristianas que no se encuetran en el mundo hebreo, ni griego, como la humildad ante la magnanimidad, la castidad no como represión sino como puerta al acto supremo del amor (don de sí).

En síntesis, San Pablo siempre ve unidos los elementos morales y ontológicos.

d. San Pablo y la ley.

En los siete primeros capítulos en la carta a los Romanos encontramos a Pablo en confronto con la ley, nos dan un horizonte sotereológico, lo que determina el examen de la ley. Podemos notar tres puntos:

1) La ley no salva. La ley es justa, santa, hace conocer el bien, pero no da la fuerza para observarla. Tiene la función de revelar el pecado, revela la división interior del hombre entre el bien y el mal que existen en él.

2) Sólo la Fe salva. Por esta somos salvados gratuitamente, no como premio de la observancia de la ley. Dios nos salva por la fe en Cristo, nos hace justos, libres de todo pecado.

3) En la fe recibimos el Espíritu Santo. De El recibimos el amor, y nos hace capaces de cumplir la ley. Quien ama la cumple sin necesidad de ella; le es implícita.

Santo Tomás comenta Gal 5,1-5 y 2Cor 3,1.3.

– Gal 5,1-5: “Si sois guiados por el Espíritu ya no están bajo la ley”. Santo Tomás se pregunta qué significa que el cristiano ya no esté más bajo la ley. Distingue entre obligación y constrección. No estamos obligados quantum ad coadtionem. Pero quantum ad obligationem sí. Quien es justificado de la ley, por Cristo, no puede no cumplirla y mucho menos ir en contra. El cristiano tiene obligación de cumplir la ley, está bajo la ley. Pero no es forzado por la ley.

– 2Cor 3,1.3. “Iusto lex non est posita”: la ley no ha sido creada para quien es justo. Se pregunta sato Tomás qué significa la libertad cristiana. Responde: es el actuar a partir de sí y no por una constricción exterior. Quien evita el mal no por sí sino porque Dios lo prohibe, no es verdaderamente libre. En cambio lo es cuando lo evita porque sabe que es malo. El Espíritu Santo es el principio de la libertad humana que nos hace amar lo que la ley manda, pero no por una constricción exterior. La libertad cristina no es una libertad de la ley, sino de la constricción de la ley.

d. Formación de la conciencia en San Pablo.

Se encuentra un concepto fundamental: Conciencia (con-ciencia; cum-scientia; sin-eidesis) viene de la filosofía popular estoica, conocida ya por el judaísmo, pero no es exactamente lo que nosotros entendemos hoy.

Aparece 20 veces en san Pablo, para identificar la cosapevolenza del valor moral. La capacidad de juicio y también su función actual del juicio; es una especie de testimonio interior de nuestras acciones ante Dios.

El texto más significativo es: Rom.2,14: “Los paganos que no tienen ley por naturaleza, hacen lo que la ley ordena, o la revelación hacen lo que les dice su corazón”. Tienen como testigo a su conciencia. Los paganos que no han recibido la Revelación tienen en su corazón inscrita la ley natural y lo que manda, aunque no basta para salvarse.

La conciencia es el juicio último sobre la cualidad moral de una acción. Todos los hombres tiene la capacidad de conocer el bien, y realizar algunas acciones buenas, pero para alcanzar la vida eterna es necesario que el Espíritu Santo le lleve al bien, sólo así esto adquiere valor. Sin embargo en la vida moral de un cristiano se pueden encontrar conflictos.

1Cor 8-10 y Rm 14.

Tocan la problemática importante para la moral, por su enseñanza, sobre si la carne inmolada a los ídolo puede comerse. La cuestión es: ¿Se pueden comer estas carnes sin que se contaminen, sin participar en esta idolatría?

Respuesta de Pablo en tres momentos:

1) Reclama la verdad. Los dioses paganos no existen. La carne ofrecida a estos ídolos es igual a las otras. No es pecado comerlas en la comunidad cristiana. Los de conciencia bien formada saben que no es pecado, por tanto ellos cuando la comen, no cometen pecado.

2) Los débiles, en cambio, de conciencia errada o al menos dudosa, si la comen cometen pecado por aceptar el riezgo. No tienen convicción muy segura y si obran cometen pecado.

3) Los fuertes deben respetar la integridad de sus hermanos; no deben inducirlos a comer la carne que para ellos sería idolatría. Deben renunciar a la libertad por caridad; subordinar la propia certeza moral a la integridad del hermano.

La conciencia es la norma última, pero no la única, ya que existen normas arriba de la conciencia por las cuales esta se debe dejar iluminar. Estas son la Verdad, la Caridad etc. La conciencia emite juicios sobre el valor moral de una acción concreta.

[JJRE1] e. La Ley Nueva. (S.Th. I-II q. 106-108)

S.Th. I-II q.106.a.1: ¿La ley es ley escrita? o ¿Esta ley es índita (interius data), es decir, interior?. Esto es interesante porque pone el problema entre espíritu y letra dentro de la moral cristiana. ¿Cómo va interpretada la moral cristiana? ¿Como un espíritu o una ley?, o ¿En que sentido se relacionan?

Los tratados de leyes se laboraron en la escolástica, sobre todo con la escuela franciscana. Entonces se dan dos respuestas:

1. Escuela Franciscana (Alejandro de Al): La única ley índita es la ley natural. En cambio, la ley nueva del evangelio es una ley escrita.

El evangelio es sobretodo un libro donde están escritos los preceptos y reglas de vida. De lo contrario, se confunde la ley nueva con la ley natural.

2. Escuela espiritualista (Joaquín de Fiore, monje calabrese con influjo en el medievo): oponiéndose a la Iglesia sostienen que así como hay tres personas en la Santísima Trinidad, hay también tres grandes momentos en la historia:

– edad del Padre    —    A.T.

– edad del Hijo       —    De la encarnación hasta nuestros días.

– edad del Espíritu Santo —  Edad venidera.

La edad del Espíritu Santo supera toda institución previa (Iglesia, sacramentos, evangelio); donde el evangelio será espíritu (evangelio eterno, espiritual); donde no habrá más autoridades ni leyes. Todo será espíritu, todos estarán en contacto con Dios sin mediación de autoridad humana.

Respuesta de Santo Tomas: Distingue entre lo que es principal y lo que es secundario, dados en toda realidad:

Potisimum: aquello que es específico (principal) y dominante (principio ordenador de la realidad). Lo que tiene la guía (egémonen).

En el hombre es el alma.

Secundarium: son elementos esenciales, pero subordinados.

En el hombre es el cuerpo.

En la ley nueva:

– El potisimum es la gracia del Espíritu Santo que es dada por la fe en Cristo. No es una gracia sin referencia a Cristo. El Espíritu no es una época sucesiva a Cristo, sino quien nos reveló a Cristo y que se recibe por la fe en Cristo.

– El secundarium son el evangelio de Cristo, los sacramentos, la autoridad de la Iglesia; se trata de todo el régimen visible de la Iglesia. Son esenciales a la ley nueva, pero en manera subordinada a lo que es potisimum.

San Agustín: “Si tomamos el Evangelio como solo una letra, incluso éste nos mata”; lo que da vida es el Espíritu.

– El potisimum es la gracia del Espíritu, pero tenemos necesidad del elemento secundarium puesto que del Espíritu tenemos solo las primicias; hace falta verificarlas.

De este modo la respuesta de S. Tomás (clave de lectura fundamental para la impostación moral auténticamente cristiana) sintetiza los dos elementos: el Evangelio (Ley Nueva), en su elemento principal es índita, o sea es interiormente dada; en su elemento secundario (esencial pero secundario) es escrito.

Aquí esta toda la economía de la moral cristiana, en donde a partir de la ley debemos cultivar la virtud y hacerla interior: debemos interiorizar lo escrito.

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