QUINTO principio:Por el  Padre Horacio Bojorge S.J.: «FELICES LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA»

QUINTO principio:Por el Padre Horacio Bojorge S.J.: «FELICES LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA»

Jesús misericordioso nos invita a ser misericordiosos también nosotros como Él lo es, para compartir su bienaventuranza.

QUINTA BIENAVENTURANZA
Comentario del P. Horacio Bojorge S.J.
«FELICES LOS MISERICORDIOSOS,
PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA»

1 Jesús misericordioso

1) La devoción a Jesús misericordioso se ha extendido mucho en nuestros tiempos debido a las apariciones a Sor Faustina Kowalska. En estas apariciones vuelve a expresarse lo que ya había revelado el Señor en las apariciones a Santa Margarita María de Alacocque: el abismo de misericordia de su corazón: «Jesús misericordioso tened compasión de mí», «Jesús manso y humilde de corazón, dame un corazón semejante al tuyo». Jesús misericordioso nos invita a ser misericordiosos también nosotros como Él lo es, para compartir su bienaventuranza.

2 ¿Qué clase de misericordia?

2) No hay que confundir la misericordia a la que se refiere la bienaventuranza con cualquier compasión. En la Bienaventuranza se trata de la compasión del Padre por los pecadores a los que quiere salvar, para lo cual envía a su Hijo. Esta bienaventuranza lleva a alegrarse por la conversión de los pecadores y perdonar a los que nos persiguen y nos son enemigos, deseándoles el bien de la salvación. Esta misericordia se expresa, también en el perdón sincero, generoso y magnánimo de los enemigos. Es la misericordia de los mártires hacia sus perseguidores.

3 Jesús compasivo, pontífice comprensivo y misericordioso

3) La Sagrada Escritura se refiere a varios aspectos de la misericordia de Jesús. No todos ellos son la misericordia específica a la que se refiere esta bienaventuranza.
a.- Está, en primer lugar, la compasión o misericordia pasión, como conmoción de las entrañas (en griego: splagjnús) por el mal físico o espiritual de alguien. Por ejemplo la compasión, que siente Jesús por la enfermedad del leproso: «Compadecido (conmovido en sus entrañas) de él, Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: ‘quiero, queda limpio’. Y al instante quedó limpio de su lepra» (Marcos 1, 41). Jesús se siente igualmente conmovido por la ignorancia y abandono en que estaba la muchedumbre, como ovejas sin pastor: «Y saliendo, vio la gran muchedumbre, y se compadeció (esplagjnusthe = se le conmovieron las entrañas) de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas» (Marcos 6,34)
b.- Se habla también, en segundo lugar, de que Jesús es un Sumo Sacerdote misericordioso, refiriéndose a su capacidad de comprensión y de participación solidaria en los mismos sufrimientos y debilidades humanas, que, por haberse hecho hombre, él conoció por experiencia propia: «debía ser hecho en todo semejante a sus hermanos, para hacerse misericordioso (eleemón génetai) y Sumo sacerdote fiel (pistós) en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados» (Hebreos 2, 17-18). «No tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas (sumpathésai tais asthenéiais hemón), sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado» (Hebreos 4, 15). Pero la bienaventuranza sin excluir estos aspectos se refiere principalmente a otro aspecto de la misericordia.
4) La misericordia a que se refiere la bienaventuranza, es la bondad perdonadora del Padre, que lo mueve a tomar la iniciativa de sanar y salvar a los malos y enemigos: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él» (Juan 3, 16-17)
5) Jesús, el enviado con esa misión, hace visible la misericordia del Padre. El viene por los que tienen necesidad de salvación y esa es la suprema misericordia, porque es la compasión por el mal supremo: «no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Marcos 2,17). Celebrando la conversión del publicano Zaqueo, Jesús afirma: «El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lucas 19,10). En otras palabras, la misión del Hijo del Hombre es una misión de misericordia salvífica; «Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad plena» (1 Tim 2, 3).

4 La misericordia salvífica del Padre y del Hijo

6) Jesús manifiesta la gracia salvadora del Padre destinada y ofrecida a todos los hombres, no solamente sin atención a méritos previos (Tito 2,11) sino mientras son pecadores; es decir, mientras le son enemigos. No sólo a pesar de que son enemigos sino porque lo son y necesitan ser salvados: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (…) «Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero» (1 Juan 4, 10.19).
7) Y así, Jesús, hace visible la bondad superlativa del Padre (jrestótes: El Nuevo Testamento juega a menudo con la semejanza en la pronunciación de jrestós, excelente y jristós, Cristo, ungido, mesías). Ese amor misericordioso del Padre, lo llama Pablo ‘filantropía de Dios’: «el amor a los hombres (filanthropía) de Dios (Padre) salvador» (Tito 3,4). Este amor, dice Pablo, salva sin atención a previas buenas obras y a pesar de las malas: «no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia (éleos)» (Tito 3,5). La situación de los hombres es que «todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el regalo de su gracia» (Romanos 3,23-24).
8) La misericordia aparece, pues, como una victoria de la bondad divina sobre el pecado de los hombres. Pablo llegará a decir que: «Dios encerró a todos los hombres (judíos y paganos) en el pecado, para usar con todos ellos de misericordia (eléese)» (Romanos 11,32)

4.1 Las Parábolas de la Misericordia

9) San Lucas es, entre todos los evangelistas, el que más recalca la misericordia del Padre y la de Jesús. Lucas recomienda esta misericordia como la forma más característica de la caridad cristiana y la que debe caracterizar a los discípulos de Jesús, para vivir como Hijos del Padre celestial.
10) Lucas nos conservó las tres ‘parábolas de la misericordia’: la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo que vuelve a su padre (Lucas, 15, 1-31). En estas parábolas, la misericordia divina por la salvación del pecador se manifiesta en forma de alegría y de fiesta: «Hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia» (…) «Se alegran los ángeles de Dios por un pecador que se convierte» (…) «Celebremos una fiesta porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado» (Lucas 15, 7.10.23-24.31-32).
11) También es reveladora de la divina misericordia la parábola del Buen Samaritano, que nos narra Lucas. En ella Jesús enseña que ser prójimo de alguien es ejercitar la misericordia con él: «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de salteadores? Él dijo: ‘el que hizo misericordia (ho poiésas to éleos) con él’. Díjole Jesús: ‘vete y haz tú otro tanto'» (Lucas 10, 36-37). No basta conmoverse y compadecerse (misericordia pasión), es necesario poner remedio al mal (misericordia virtud)
12) Hermosamente explican Orígenes y otros Santos Padres esta Parábola del Buen Samaritano, diciendo que el hombre asaltado por los ladrones es Adán, la humanidad caída y golpeada por el pecado. Y que el Buen Samaritano que pasa y lo socorre es Jesús que se inclina sobre la Humanidad, la sana y la confía a la Iglesia hasta su regreso.

4.2 Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial

13) La misericordia de Jesús se presenta, pues, como un atributo del corazón del Hijo que, como dice en el evangelio según san Lucas, es un reflejo del Padre: «sed misericordiosos (oiktirmoi) como vuestro Padre celestial es misericordioso» (Lucas 6, 36). «El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Juan 14,9). Lo mismo debería poder decir todo buen hijo del Padre celestial, en el que se espeja la vida del Padre. Ser una viva imagen y semejanza del Padre, pues para eso ha sido destinado, creado y reengendrado.
14) El que ve la misericordia de Jesús ve la misericordia del Padre y esa misericordia ha de reflejarse en nosotros, si queremos tener una vida y un corazón de hijos. En resumen: Jesús se muestra misericordioso perdonando a los pecadores, perdonando a los que lo crucifican, intercediendo ante el Padre para que los perdone y expiando sus pecados a su propia costa. En esto muestra cómo se refleja en su corazón la misericordia del Padre, que consiste precisamente en ser bueno con los malos.

5 Misericordia salvífica universal: perdonar, amar y salvar a los malos

15) La perfección del Padre consiste en su bondad benéfica y misericordiosa con todos. Si alguien necesita que se compadezca su mal es el malo. Y cuanto más malo, más misericordia necesita o merece y más se ha de desear y procurar su bien, más se ha de procurar remediar su mal, en cuanto nos sea posible y él esté dispuesto: lo desee, lo pida o lo permita.
16) El Padre manifiesta su misericordia en que es bondadoso con los ingratos y los malvados y en que ama a los que le son enemigos. Para ser hijos suyos hay que asemejársele en esto: «Amad, pues, a vuestros enemigos, haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso (oiktirmós)» (Lucas 6, 35-36).
17) De esta manera los hijos de Dios superan la justicia de los publicanos y los gentiles, que también aman a los que los aman y favorecen a los que los favorecen. Superan la justicia del talión y de la estricta retribución.
18) Jesús enseña a exceder todas esas formas de justicias anterior y vivir la justicia de los hijos, aprendida del Padre: «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hechos (hopos genésthe) hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos. Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos (teleioi), como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto (teleiós)» (Mateo 5, 44-48).
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