La formación moral, debe retomarse  por la Iglesia para ayudar al Estado a edificar una sociedad justa. Por Juan Revilla.

La formación moral, debe retomarse por la Iglesia para ayudar al Estado a edificar una sociedad justa. Por Juan Revilla.

La formación moral, debe retomarse por la Iglesia para ayudar al Estado a edificar una sociedad justa.


Por Juan Revilla.

En muchas ocasiones hemos levantado la voz para indicar o apuntar alguna situación que nos parece injusta y tal vez hayamos causado una sensación de ser católicos radicales o tradicionalistas, que sólo se quejan pero que no hacemos nada al respecto; hoy es bueno dar las gracias a Dios, porque se vale de campañas que la Iglesia promueve para ayudar al creyente a que madure su fe y el amor al prójimo, campañas como la pastoral social y la campaña de la misión continental que están sacudiendo la conciencia de la feligresía y del verdadero papel que debe de jugar no sólo en la Iglesia sino en la sociedad en todos sus aspectos, para fomentar la justicia y el bien para cada uno de los hermanos. En otro artículo anterior “¿Quién debe de procurar la justicia, la Iglesia o el gobierno?, comenté sobre esa desvinculación que los políticos intencional o inconscientemente hacen hacía la Iglesia, que no debe de influir en las decisiones del pueblo, pero es menester recordar que la Iglesia siempre procura por su naturaleza la guía y la salvación para todos, católicos, políticos, protestantes, testigos etc.

Ante la pérdida del valor a la vida y la pérdida de los valores que deben mover nuestras acciones, urge que la Iglesia tome una postura, que ayude a edificar y recuperar esa sociedad justa, floreciente y patriótica de nosotros los mexicanos y lo puede hacer porque cuenta con los medios pertinentes, pero esa urgencia entre un abanico de necesidades se puede dirigir a formar la conciencia del mexicano, una formación moral sólida que permita formar hombres con una robustecida conciencia que pueda romper con las estructuras de corrupción, decadencia y ligereza en actuar en cuestiones que competen el bien común, urgente que la Iglesia retome la formación moral para los creyentes, de esa manera la Iglesia colabora con el Gobierno para que se edifique una sociedad que persiga dos objetivos: la justicia y la caridad; cuando un pueblo vive en una justicia adecuada vive en paz y en un resurgimiento de la calidad de vida y cada uno de los miembros de la sociedad que pasan por situaciones difíciles son atendidas por la caridad del corazón de sus miembros.

Por muy malvado que sea un hombre, siempre va a buscar el bienestar de los suyos, no interesa su condición económica y cultural pues, por naturaleza el hombre da de lo que Dios le ha dado y no debería de actuar contrario a lo recibido, en palabras más pastorales el hombre no puede dar frutos contarios a la naturaleza y su esencia cfr. Mat 7, 16-17; la razón y la fe, dos puntos que se cruzan para en un mismo haz iluminar la interioridad del hombre, demanda la razón y la fe una purificación donde con una formación moral bien atendida por la Iglesia está pueda cambiar el rumbo de la vida del hombre y a la vez fortalecer la fe; muchos hombres que quieren cambiar de vida, ser otras personas, hastiados de vivir siempre igual, no pueden cambiar por su limitada formación moral; los padres, hermanos y familiares eran los responsables de su formación en la familia y los maestros eran los responsables en las aulas desde su niñez, en la adolescencia para encausar cívicamente a sus alumnos y la Iglesia acoger estos dos esfuerzos para acrecentar la formación moral, al fallar en su formación el hombre queda a la deriva de su libre albedrio y quizá a su poca prudencia, resultados que van a saltar a la vista de una sociedad conforme se haya formado, si se formo con excelencia, seguro que repercutirá en una sociedad donde se pueda vivir dignamente y lo contrario será muy parecido a lo que vivimos y que puede empeorar conforme vayan pasando los años ,pues estas nuevas generaciones formarán más deficientemente a sus hijos; por esta razón se puede comprender la lentitud del camino de conversión de los hermanos que se han encontrado con Cristo, hermanos que encuentran enormes escollos para vivir la fe, que son infranqueables en muchas ocasiones porque su deficiente formación moral se formo con un relativismo agudo que prevalece en su conducta del hombre y entonces este actuar del hombre no puede dar testimonio de ese encuentro con Cristo Jesús.

Entre Iglesia y Estado no debe haber disonancia para edificar juntos con el pueblo una sociedad donde reine el Espíritu de Dios, donde el reino de Dios sea evidente y atractivo en las vidas de los hombres y mujeres, no se puede dividir un pueblo por política, ni dogmas que lleven a la muerte y a la perdición, el reino de Dios es para todos los hombres nadie está exento de él y ni muchos menos no vivir los frutos y logros de un bicentenario de independencia y un siglo de revolución mexicana, así como la evangelización de nuestro país desde el siglo XV, hoy súper urge que la Iglesia retome la formación moral de nosotros los crey #evaentes y que el Estado se deje ayudar por la Iglesia, que sus políticos doblen las rodillas y sean capaces de vivir para servir al pueblo deonde la caridad y elamor vuelvan a ser prioridad de todos.

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