Comentario al numeral número 7 de la encíclica Verbum Domini.

Comentario al numeral número 7 de la encíclica Verbum Domini.

Verbum Domini

Comentario al numeral número 7 de la encíclica Verbum Domini.

Juan Revilla.

Una de las expresiones usadas en el momento de proclamar la sagrada escritura cuando ya se ha terminado el pasaje, el versículo es decir: “Palabra de Dios”, otra expresión usada en la proclamación es decir “Palabra del Señor”, una expresión que puede dejar dudas al momento de proclamar la escritura es decir “está es palabra de Dios”, como si nosotros quisiéramos aseverar que se trata de la palabra de Dios, como si hubiera duda, cuando es evidente que está proclamando de la sagrada escritura y que por ser la sagrada escritura (la Palabra de Dios) ya tienen la autoridad por antonomasia; el numeral 7 de la encíclica Verbum Domini hace mención importante que los Padres sinodales después de hacer una meditación del prologo del evangelio de Juan (el capítulo 1) llegan a constatar que se trata estas expresiones de la única Palabra de Dios, sí , lo podemos oír como de distinta manera se le da la autoridad única Palabra. Se cita una parte del numeral tal cual está escrito:

7. De todas estas consideraciones, que brotan de la meditación sobre el misterio cristiano expresado en el Prólogo de Juan, hay que destacar ahora lo que los Padres sinodales han afirmado sobre las distintas maneras en que se usa la expresión «Palabra de Dios». Se ha hablado justamente de una sinfonía de la Palabra, de una única Palabra que se expresa de diversos modos: «un canto a varias voces»

Lo que llama la atención es la expresión: “Es una sinfonía de la palabra”, la sinfonía es una obra de arte, una perfecta sincronía de los diferentes instrumentos que tocan notas que llegan al oído deleitando con sus notas en conjunto; una obra que a un hombre el Espíritu inspiró sin que él lo supiera, las sinfonías perduran por generaciones, sus notas no dejan de ser impactantes… pero que decir de la “sinfonía de la Palabra”, un concierto que ha llegado al hombre para conducirlo por senderos de armonía, de vida, de la salvación, de la plenitud de Dios, la presencia de Dios en la vida de los hombres a diario, la autoridad cuando es proclamada cimbra a todo lo creado, incluyéndose al hombre, desde el principio del mundo hasta la actualidad, una obra maestra con las frases exactas que hablan al corazón y al entendimiento del hombre. Otra parte del numeral nos deja anonadados:

El Verbo eterno, es decir, el Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial a él: la Palabra estaba junto a Dios, la Palabra era Dios. Pero esta misma Palabra, afirma san Juan, se «hizo carne» (Jn1,14); por tanto, Jesucristo, nacido de María Virgen, es realmente el Verbo de Dios que se hizo consustancial a nosotros. Así pues, la expresión «Palabra de Dios» se refiere aquí a la persona de Jesucristo, Hijo eterno del Padre, hecho hombre.

Nos llama la atención la parte doctrinal y dogmatica con que sigue la Iglesia educando al pueblo de Dios, es bello leer, escuchar y saber que: “La Palabra estaba junto a Dios y la palabra era Dios”, el lugar perfecto que ocupa la Palabra es ser “Dios”, reconocer a Jesús sólo como Señor, es una fe incompleta, por eso la Iglesia lo manifiesta al creyente “es Dios” no un “dios”, no definitivamente un dios de esos inventados por el hombre, Dios mismo se manifiesta con su grandeza ante el hombre encarnándose, va hablar a través del hijo único que es Dios y que está en el seno del Padre, como mesías se encarna en el seno de nuestra madre santísima, dolor de muelas para el incrédulo, dolor de hígado para el hereje, ulcera que lacera los intestinos de los ateos. La encarnación de la Palabra es muy amplia de tratar, este es sólo un comentario al numeral 7, pero el creyente sabe que se habla de la encarnación de la palabra en el seno elegido por Dios, anunciado por los profetas y referido en nuestro credo sin dudar:

la palabra predicada por los apóstoles, obedeciendo al mandato de Jesús resucitado: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15), es Palabra de Dios. Por tanto, la Palabra de Dios se transmite en la Tradición viva de la Iglesia. La Sagrada Escritura, el Antiguo y el Nuevo Testamento, es la Palabra de Dios atestiguada y divinamente inspirada. Todo esto nos ayuda a entender por qué en la Iglesia se venera tanto la Sagrada Escritura, aunque la fe cristiana no es una «religión del Libro»: el cristianismo es la «religión de la Palabra de Dios», no de «una palabra escrita y muda, sino del Verbo encarnado y vivo». Por consiguiente, la Escritura ha de ser proclamada, escuchada, leída, acogida y vivida como Palabra de Dios, en el seno de la Tradición apostólica, de la que no se puede separar.

La palabra predicada por los apóstoles no es cuestión de hechos pasados, es una realidad actual que a todo bautizado se le exige de ser testigo de esa misma palabra, anunciándola también, la Palabra de mí Padre, la palabra de mí maestro, la Palabra de mí salvador no se puede quedar escondida bajo una olla de barro, tienen que brillar para iluminar a todos, pues el verbo encarnado habla a todos, la biblia contienen la sagrada Palabra de Dios, pero nuestra fe no es sólo de un libro mudo, un libro de hojas escritas, es un término meramente laudable, pues muchos tenemos muy guardada la biblia como algo sagrado, para que no se maltrate ni se ensucie, ¡es viva!, proclamarla, escucharla vivirla, acogerla cita el numeral, ¡qué forma de alentarnos a meternos en las fibras de la palabra de Dios!, a vivirla con sentido de responsabilidad e intimidad con la Palabra, que no nos pase que entre a nuestra vida y salga sin dejar huella:

Es necesario, por tanto, educar a los fieles para que capten mejor sus diversos significados y comprendan su sentido unitario. Es preciso también que, desde el punto de vista teológico, se profundice en la articulación de los diferentes significados de esta expresión, para que resplandezca mejor la unidad del plan divino y el puesto central que ocupa en él la persona de Cristo.

Para concluir, nos urgen a ser educados en la escucha de la Palabra, en la lectura de la Palabra, en la meditación de la Palabra, mientras más nos adentremos mayor es la revelación misma en la vida del bautizado, la Palabra de Dios es excelsa en su significado pero a varios voces podemos gritar, proclamar que sí es “Palabra de Dios” quién nos habla, que la Palabra de Dios está viva y que en está navidad en su última semana, es la fuente que brota de lo más profundo del ser, la Palabra habita entre nosotros, está metida hasta la medula y las entrañas en nuestro ser, en el interior, educados por la Palabra de Dios, urge ese contacto con la Palabra para amarla, respetarla y vivirla.

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