La cuaresma invitación a rechazar al pecado y transfigurarse en la santidad.

La cuaresma invitación a rechazar al pecado y transfigurarse en la santidad.

La cuaresma invitación a rechazar al pecado y transfigurarse en la santidad.




Juan Revilla.

La segunda semana de cuaresma nos ofrece una realidad: “enemistarse de por vida contra el pecado”, poniendo los ojos en una amistad más provechosa “La santidad”; es una realidad porque ya no debe de ser una invitación, más bien, no fuimos creados para vivir en el pecado, aun que en nosotros haya quedado la raíz del pecado original, esa inclinación hacía el mal, “la concupiscencia”; el pecado como tal lo sabemos todos: “nos priva de la amistad de Dios”, nos alejamos de Dios avergonzados de haberlo ofendido, ya que él nos ha dado preceptos de vida que constantemente violamos, transgredimos, ignoramos; estos aspectos de nuestra vida, necesitan ser conducidos por una senda que produzca un bien a nosotros, para hacer más fácil la perfección humana Dios nos comparte una moralidad, normas, conceptos y actitudes que nos hacen que reflejemos su persona, pues somos imagen de Dios.

El pecado nos da un gozo pasajero, es un espejismo que al pasar o al desvanecerse queda el terrible dolor de haber visto denigrado su dignidad de hijo de Dios, de haber rechazado a Dios aunque no lo dijimos abiertamente, es más ni siquiera nos paso por la cabeza ofender a Dios, sin embargo: “pecamos” y disfrutamos de ese goce ilícito, un goce que no está en los planes de Dios, pues el mismo afirma: “mi gracia te basta”, pero…¿qué pasa, porque olvidamos que tenemos la gracia de Dios?, será que la gracia no la veo y sólo la tengo por entendimiento teórico y el pecado es real, está presente y puedo disfrutarlo, pero…oh que tristeza embarga mi corazón, si la gracia no me bastó para no pecar, me pregunto: ¿y Cristo Jesús a quién digo que lo amo?, ¡a mí maestro!, ¿no me bastará para no pecar?, ¿que el pecado será más fuerte que Dios?, ¡nunca lo será!, bien lo afirma el apóstol Pablo: Rom 6:11 Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

La cuaresma es un tiempo propicio para desterrar el pecado de la vida, no es mera palabrería, al contrario, vuelvo a repetir: “es una realidad”, tengo que renunciar al pecado para que en mí reine la gracia, que la sangre de Cristo me cubra y me salve, pues ya estoy salvado, pero las garras del pecado cogen mis pies y me jalan hacía el infierno y me desorientan de la santidad, que debería de ser la meta “única”, Jesús nos dice como a la samaritana, pues Él sabe que va a ser difícil que podamos vencer y doblegar aún pecado hambriento sin esa plena convicción de romper con el pecado: “llama a tu marido”, sí, llama a tus pecados y preséntamelos, “Señor no tengo marido”, el Señor Jesús nos dice: ¡cierto!, no tienes marido, tienes “7 pecados capitales” que quieren sepultarte y matarte, privarte de la salvación y de la santidad.

Amigos, el pecado se ha amistado tanto en uno, que rehúsa salir del cuerpo y de la mente, quiere tener encadenado al espíritu y al alma, necesita ser expulsado con el poder de la oración, ya lo dijo el Señor Jesús: “estos demonios (pecados) sólo salen con el poder de la oración, por esa razón al limpiar esa casa, y dejarla lista para que habite el Espíritu, quiere venir con otros siete pecados más, “el tiempo se ha cumplido”, la cuaresma nos hace entrar y retomar el misterio de salvación (el misterio pascual), es cuando por la misma gracia el hombre está más sensible a dejar el pecado, rechazarlo, abandonarlo, expulsarlo.

La transfiguración a la santidad sólo se reflejará si el pecado va doblando sus rodillas ante Dios, la transfiguración brillante y radiante que nos ofrece Cristo es esa misma gloria suya, su reino, blancura que ciega y que nos dice: “brille su luz delante de los hombres” para poder habitar y para que brille necesita no haber pecado.

Para concluir, es necesario ponerse: “las pilas”, como se dice vulgarmente; es la segunda semana y el tiempo como siempre, empieza a pasar y las oportunidades y gracia de Dios se va esfumando, es necesario el rechazo al pecado, rechazar una y otra vez, pues… vaya ser que lo guardemos porque nos gusta el pecado, porque el pecado me trae alegría, placer, gozo y más beneficios temporales que me hagan perder la vida eterna.

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