Superstición e idolatría  una constante en nuestros tiempos. Padre Ismael Hernández Ramírez.

Superstición e idolatría una constante en nuestros tiempos. Padre Ismael Hernández Ramírez.

Superstición e idolatría una constante en nuestros tiempos.


Padre Ismael Hernández Ramírez.

El primer mandamiento de la ley de Dios, nos pide amarlo sobre todas las cosas, darle sólo a Él culto (Ex. 20, 2-5) Esto implica, como el mismo mandamiento lo prescribe, que «no habrá otros dioses delante de mí». Este mandato prohíbe honrar a dioses distintos del único Señor que se ha revelado a su pueblo. Prohíbe la superstición, que representa en cierta manera una perversión por exceso de religión. Dice el catecismo de la Iglesia que la superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone (CEC 2111). Tal superstición se expresa bajo las formas de magia, adivinación, brujería y espiritismo.

Dado que nuestra época proliferan estas formas de superstición, queremos iluminar con la luz de la doctrina cristiana, lo que dice Dios en la Biblia y que la santa Iglesia católica ha plasmado en su catecismo, respecto a estas prácticas que con frecuencia se piensa que son cristianas o que están bien, cuando más bien es una ofensa al primer mandato del Decálogo. Dividimos en 3 partes, este tema, dando primero paso a la Sagrada Escritura, luego a la Tradición y Magisterio de la Iglesia y finalmente tomamos un extracto de algunas entrevistas que le hicieron al Papa Benedicto XVI, algunas aún como el cardenal Ratzinger.

1. La superstición condenada en la Sagrada Escritura.

En la historia de la salvación, Dios va guiando a su pueblo, lo toma de Egipto para darle la tierra que le había prometido advirtiéndole de abstenerse de tales prácticas. Dice el libro del Éxodo: «Cuando hayas entrado en la tierra que Yahvé tu Dios te da, no aprenderás a cometer abominaciones como las de esas naciones. No debe de haber de ti nadie que practique la adivinación, la astrología, la hechicería o la magia, ningún encantador, ni quien consulte espectros o adivinos, ni evocador de muertos, porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahvé tu Dios y por causa de estas abominaciones desaloja Yahvé tu Dios a esas naciones a tu llegada» (Dt. 18, 10-12). Podemos afirmar que en la Sagrada Escritura abundan citas que se refieren a esta prohibición. (Vgr. Lv. 18,21; 19,31; 20, 6.27; 1 Sam 28,7) En el Nuevo Testamento sobresale el pasaje de Simón el mago, que al ver el poder de los apóstoles para hacer curaciones, quiso comprar el don del Espíritu Santo, siendo reprendido fuertemente por Pedro (Hch 8, 9ss). En síntesis podríamos decir que la superstición, es tomada por Dios como una abominación y de aspecto condenable. Nunca se habla ni la mínima posibilidad de aceptación de tales prácticas, sino siempre resultaron ser ampliamente censurables, por el hecho de desconfiar del gran amor que Dios tiene para con nosotros sus hijos.

2.- Tradición y Magisterio de la Iglesia.

Sobre todo encontramos referencias a la negativa de la evocación de los muertos, como quieren hacerlo notar los espiritistas. En la iglesia primitiva, nunca se practicó la evocación de los muertos, como lo afirman ellos. Los primeros cristianos invocaban a los muertos que eran mártires, para que intercedieran con sus méritos para vencer las dificultades, pero eso no es evocar. Orígenes, mencionado por los espiritistas, en su obra «Contra Celsum», habla del Espíritu que viene, pero se refiere al Espíritu Santo y no a los espíritus de los muertos. San Agustín rechaza el espiritismo al sostener tesis contrarias a éste, como por ejemplo habla sobre la vida eterna (y no reencarnación), la redención (y no la auto-purificación), el culto a Dios (y no culto a los muertos) etc.

En la actualidad la postura doctrinal de la Iglesia la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC). Leemos ahí: en efecto, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la Providencia en lo que se refiere al futuro y abandonar toda curiosidad malsana al respecto. Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán, a los demonios, la evocación de los muertos y otras prácticas que suponen desvelan el porvenir. La consulta a los horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y suertes, los fenómenos de visión, el recurso a los médiums, encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, a su vez que un deseo de granjearse la protección de los poderes ocultos. Esto está en contradicción con el honor y respeto que debemos solamente a Dios. (CEC 2115)

Todas las prácticas de magia y hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo, aunque sea para procurar la salud, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Prácticas que son más condenables cuando llevan la intención de dañar a otros. Llevar amuletos es también irreprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas, es por eso que la Iglesia pide a los fieles que se guarden de él. El recurso a las llamadas medicinas tradicionales no legitiman ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo. (CEC 2116)
3.- Reflexiones del Papa Benedicto XVI.

Queda pues claro y manifiesto que nunca ha sido la superstición una práctica aceptada, ni por Dios, ni por la Iglesia, que es fiel al mensaje de Dios.
No hay mejor manera de ilustrar este tema que con la Palabra de Dios y el Catecismo de la Iglesia Católica, pero me gustaría ahondar con unas palabras del Papa Benedicto XVI en una entrevista que concedió siendo aún el cardenal Ratzinger.

Cfr. VÉLEZ CORREA JAIME, Apariciones y mensajes de los Muertos, 103
Cfr. BENEDICTO XVI, Nadar contra corriente, 131-147.

Ante todo, dice en la entrevista, hay que entender el origen más profundo de la magia y el ocultismo. Hay dos elementos: por una parte, el hombre creado a imagen y semejanza, encuentra una sed de lo divino. Tendrá siempre el deseo de alargar las perspectivas de su ser y de entrar en la esfera de lo divino. Deseo que se ha perdido ya que parece demasiado difícil ir en busca de Dios, elevarse y dejarse sostener por el Amor Divino; de hecho las aventuras pasajeras son más simples que un amor profundo de la vida. Por otra parte en el hombre encontramos la naturaleza creada por Dios, que presenta su tendencia opuesta: desorientación y pecado original, los cuales alejan al hombre de su esencia. Esta tendencia trata de buscar un camino más fácil, intenta hacerse dominador de la realidad utilizando estas potencias ocultas; lo peor es que se siente verdadero dominador.
Detrás de la magia se encuentra el demonio, sin él no podría existir todo este mundo de ocultismo y magia. Por eso la Iglesia tiene que excluir las prácticas ocultas y mágicas que pervierten la realidad, pues son mentiras en el sentido más profundo de la palabra y como contrarios a la verdad son destructivos y consecuentemente destruyen al ser humano.

Respecto al hecho de que quienes se dedican a la superstición de cualquier tipo, se dicen creyentes y que utilizan imágenes sagradas, afirma el Papa que: obviamente, ninguna persona que practique la magia declara que opera con el concurso del demonio. Para una persona que se dedica a la magia le resulta natural utilizar todos los artilugios para expresar y modelar sus mentiras. El sincretismo (mezcla de religiones), es naturalmente uno de los elementos fundamentales del mundo mágico y ocultista, que se sirve de las religiones y sobre todo, de los elementos cristianos, pervirtiéndolos, con el único interés de atraer a la gente y ser creíbles.

También se firma que hay formas de magia y adivinación que son inicuas y ligeras, como la lectura de la mano, las cartas, el horóscopo, y que no son dañinas para las personas. Recordando la doctrina del catecismo de la Iglesia Católica, sostiene el Papa que, aún cuando puedan ser o llamarse más ligeras, son inaceptables, ya que abre las puertas hacia lo oculto. Si uno empieza a moverse en esa dirección, corre el peligro de caer en una trampa más profunda. Sin duda que existe una distinción magia blanca y la magia negra, pero hay que tener presente que un escalón conduce al otro. Por lo tanto no es compatible el ser cristiano con la práctica de tales formas de superstición, ya que desde el día de nuestro Bautismo hicimos la renuncia a Satanás y a todas sus obras y le dimos nuestra aceptación al Señor.

En lo que se refiere al horóscopo, dice el Papa que es una perversión del destino del hombre. Estas prácticas se presentan con el pretexto y la pretensión de ofrecer al hombre una liberación. Ofrecen poder, satisfacción, la promesa de hacerte vivir con todas las posibilidades del ser. Pero en el fondo subsiste una verdad: muchos ven sólo el camino arduo de la religión, la lejanía de un Dios de quien no tenemos experiencia, y los hombres buscan una experiencia inmediata y una rápida satisfacción, y caen en la esclavitud.

De manera que, con razón en sus discursos y escritos su santidad Benedicto XVI insiste en que el auténtico cristianismo consiste en el encuentro personal con Cristo vivo y resucitado. De esta forma tenemos el acceso a un Dios cercano y experimentamos su amor y su misericordia, su presencia que nos acompaña en todo el caminar de nuestra existencia.

Finalmente, y a propósito de la práctica de las meditaciones trascendentales y en particular el yoga, tan difundidas en nuestro mundo occidental afirma el Papa: la oferta de las religiones orientales se mueve en diferentes niveles. Existe un yoga reducido a un tipo de gimnasia, es decir, se ofrece un elemento que proporciona ayuda para el relajamiento del cuerpo. Si esta práctica solo es para relajamiento del cuerpo se podría aceptar, si está realmente reducido a un puro ejercicio de relajación física, asilado de todo elemento ideológico. Pero en el ejercicio de yoga, generalmente introduce con una determinada visión del hombre y del mundo, de la relación entre Dios y los hombres. El riesgo del yoga, es que pueda transformase en un método de redención, desprovisto de un verdadero encuentro de Dios y del hombre. De hecho según la doctrina de la práctica del yoga, el último grado, el más elevado, conlleva a un «contacto con el mundo de los espíritus y la adquisición de poderes mágicos».

En resumen, podemos ver que la verdadera religión nunca se basa en la superstición. Dios se ha acercado a nosotros en su Hijo Jesucristo que se ha hecho Mediador entre Dios y los hombres, Pontífice (puente) que nos acerca al Padre por medio del Espíritu Santo. Dios nunca nos abandona, camina siempre con nosotros de manera que nos vemos fortalecidos aún en medio de las pruebas y dificultades de la vida. Por eso nuestra fe nos permite estar cerca de Dios y tenerlo cerca de nosotros, de forma que no necesitamos de la superstición para sentirnos bien. Distingamos la obra de Dios y las perversiones del Maligno y luchemos por purificar cada día más nuestra fe.

1 Subrayamos el podría, porque no indica una aceptación plena sino una posibilidad. Faltaría precisar más para decir que equivale a una aceptación.

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