Creo en la Santa Iglesia Católica…La Comunión de los Santos…

Creo en la Santa Iglesia Católica…La Comunión de los Santos…

Creo en la Santa Iglesia Católica…La Comunión de los Santos…

La palabra Iglesia significa sociedad o congregación. La Iglesia de Jesucristo es la sociedad visible fundada por nuestro Señor Jesucristo. Es militante, purgante y triunfante.

La Iglesia militante. La forman las que están en este mundo.

Iglesia purgante: La forman los que están en el purgatorio.

Iglesia triunfante: La forman  los que   Están en el cielo.

El noveno artículo del Credo se refiere especialmente a la Iglesia militante. Jesucristo la fundó para que todos los hombres puedan hallar siempre en ella todos los medios necesarios para su  salvación. Estos medios son: la verdadera fe, el sacrificio y los sacramentos; además los mutuos auxilios espirituales, como la oración, el consejo y el ejemplo.

La Iglesia de Jesucristo es perpetua e infalible.

Perpetua significa que ha de durar hasta el fin del mundo. Inefable significa que no puede errar. Jesucristo dijo las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos.

La Iglesia Católica es la sociedad de los fieles cuya cabeza es el santo  Papa.

Para pertenecer a la Iglesia católica es necesario: Estar bautizado, Creer todas las verdades de la fe, Reconocer al Papa como cabeza de la Iglesia. No pertenecen a la Iglesia: los infieles, herejes, cismáticos, apóstatas y excomulgados.

Infiel es el que no está bautizado, Hereje es el cristiano que niega con pertinacia  alguna verdad de la fe. Cismático es el cristiano que no reconoce al Papa como cabeza de la Iglesia. Apóstata es el que niega  con acto externo  la fe católica que antes profesaba, Excomulgado es el cristiano que ha sido privado por la Iglesia de los bienes espirituales comunes a todos los fieles.

La verdadera Iglesia militante de Jesucristo es la Iglesia católica, llamada también Romana, porque el Jefe de ella es el Sumo Pontífice de Roma. Las notas o señales por las cueles se reconoce la verdadera Iglesia militante de Jesucristo son: una, santa, católica y apostólica.

Una: porque Jesucristo fundó una sola. Porque siempre ha tenido y tiene en todas partes una misma fe, unos mismos sacramentos y una misma cabeza. Santa: porque Jesucristo es Santo y la fundó para santificarnos. Porque su cabeza es Jesucristo, el Santo de los santos, sus sacramentos son santos, su doctrina es santa y hace santos a los que la practican. Católica: la palabra católica significa universal: Jesucristo fundó su Iglesia para todos los hombres hasta el fin del mundo.  Apostólica: Jesucristo confió su propagación y gobierno a los apóstoles y a sus legítimos sucesores.

Sólo la Iglesia Católica  tiene santos, esto es, personas de virtudes tan extraordinarias que el mismo Dios da testimonio de ellas con hechos sobrenaturales. La doctrina Católica ha sido siempre la misma, sin cambio alguno. Por razón de tiempo. La Iglesia Católica existe desde que la fundó Jesucristo.

Las demás religiones, que se llaman cristianas, cuentan su existencia desde varios años y aún siglos después de Jesucristo. Los fundadores de estas religiones: casi todos fueron católicos que se rebelaron contra la Santa Madre Iglesia. Por razón de Lugar. La Iglesia Católica  es para todos los hombres y está extendida en toda la tierra.

Es Apostólica porque viene de los apóstoles y tiene la doctrina que ellos enseñaron.

 

Sólo la Iglesia Católica tiene el sello divino que es el milagro. Milagro es un hecho sensible, superior a todas las fuerzas y leyes de la naturaleza. Por consiguiente el milagro solo puede venir de Dios. Nuestro Señor Jesucristo probó con milagros su divinidad. El Papa es el Romano Pontífice, sucesor de San Pedro. Vicario de Cristo en la tierra. Jesucristo dijo a San Pedro:

“Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia, las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”

“Y a ti te daré las llaves de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra, ligado será en los cielos y todo lo que desatares en la tierra será también desatado en los cielos” Mt 18,18 Con estas palabras Jesucristo instituye a Pedro cimiento  y jefe supremo de su Iglesia. Donde están Pedro y sus sucesores allí está la Iglesia.

Legítimos Pastores de la Iglesia son el Papa y los Obispos unidos a él.

El Papa es el obispo de Roma, sucesor de San Pedro. Los Obispos son los sucesores de los Apóstoles. Jesucristo es el jefe principal o cabeza invisible de la Iglesia. Mas la Iglesia, como sociedad perfecta y visible, debe tener un jefe visible. El jefe visible es el papa que representa a Jesucristo en la tierra. El Obispo, con dependencia del Papa, es el jefe de su diócesis. El Obispo en la cura de almas se ayuda de los sacerdotes, principalmente de los párrocos. El Párroco con dependencia del Obispo, es el jefe de su Parroquia.

 El Papa y los Obispos unidos a él, constituyen la Iglesia docente. La Iglesia docente ha recibido de Jesucristo la misión de enseñar las verdades y las leyes divinas a todos los hombres. El Papa solo, sin los Obispos, es infalible, cuando, como Maestro de todos los cristianos, define doctrinas acerca de la fe y costumbres. En todas las demás cosas el Papa no es infalible ni impecable. La infalibilidad del Papa no consiste en una revelación particular, ni en una inspiración profética, sino en una asistencia divina que preserva al Papa de todo error, cuando define las verdades reveladas. Sin la autoridad infalible de la Iglesia hubiera sido imposible la unidad de fe y creencias.

En la Iglesia de Jesucristo se debe distinguir el cuerpo y el alma. El cuerpo consiste en lo que tiene de visible y externo. El alma de la Iglesia consiste en los que tiene de interno y espiritual, especialmente en la gracia de Dios.

Miembros vivos de la Iglesia son todos los fieles que están en gracia de Dios. Miembros muertos de la Iglesia son los fieles que están en pecado mortal. Toda persona que está en gracia de Dios pertenece al alma de la verdadera Iglesia de Jesucristo.

Los fieles católicos que están en pecado mortal pertenecen al cuerpo de la Iglesia católica, pero no al alma.

Los que no son católicos externamente, sin culpa suya, por no conocer la religión católica, pero aman a Dios y le sirven como saben y pueden, tienen la gracia de Dios, y pertenecen al alma de la Iglesia Católica. No hay salvación para quien muere sin pertenecer al alma de la Iglesia Católica.

Este artículo del Credo es en cierta manera el más importante de todos.

La autoridad infalible de la Iglesia es a que nos asegura que las Sagradas Escrituras, el Evangelio y las verdades contenidas en el símbolo, son  reveladas por Dios. La Sagrada Escritura puede ser entendida de maneras muy diversas, por eso la necesidad de que haya una autoridad infalible que las interprete rectamente. Creemos en la Santa Iglesia católica, porque ella tiene todos los caracteres necesarios que demuestran su divina institución. Por eso ella es nuestra maestra y guía para que podamos alcanzar la eterna salvación. Debemos pues obedecer a la Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo dijo a sus Apóstoles:

“El que a vosotros oye, a Mi me oye; el que a vosotros desprecia, a Mi me desprecia. El que no oye a la Iglesia, sea tenido como gentil y publicano”

 

La Comunión de los Santos…

 

La Comunión de los Santos es la comunicación de los bienes espirituales entre los fieles  que están en gracia de Dios. La palabra comunión significa comunicación. La palabra santos significa los fieles que están en gracia de Dios.

Los bienes espirituales son la gracia, oraciones y demás buenas obras.

Los miembros que están en gracia de Dios son miembros vivos de un mismo  cuerpo místico, del cual es cabeza nuestro Señor Jesucristo.  En un cuerpo la cabeza deja sentir su influencia en todos los miembros, y los bienes de uno son bienes de los demás.

La comunión de los Santos se extiende también a la Iglesia triunfante y purgante. Los santos del cielo ruegan a Dios por nosotros y por las almas del purgatorio. Los que están en pecado mortal participan solamente de los bienes externos del culto y de las plegarias de los justos para obtener el perdón.

El tesoro de la Iglesia está formado por la parte propiciatoria, impetratoria y satisfactoria de las obras buenas hechas por los justos. Toda obra buena hecha en gracia de Dios es meritoria, propiciatoria, impetratoria y satisfactoria: Meritoria: Hace ganar meritos y premios para el cielo. Propiciatoria: aplaca la divina Justicia. Impetratoria: Consigue gracias del Señor. Satisfactoria: Satisface la pena temporal debida por  los pecados.

La parte meritoria es del que práctica la obra buena: no se puede ceder. Las otras partes se pueden ceder con ellas, se forma el tesoro de la Iglesia.

Las buenas obras por razón del mérito pueden ser vivas, muertas y mortificadas. Vivas, son las que se hacen en gracia de Dios. Mientras dura la gracia de Dios son dignas de merito y de premio eterno. Muertas, son las que se hacen en pecado mortal. Nunca tendrán merito ni premio. ¡Cuán triste es vivir en pecado mortal! En tal estado, aunque se hagan obras muy buenas, no se conseguirá por ellas premio alguno en la eternidad. No obstante, cuantas más obras buenas hace un pecador, más fácil es que consiga la gracia de la conversión. Mortificadas, son las buenas obras hechas en gracia de Dios, si sobreviene el pecado mortal. Mientras dura el pecado mortal son como muertas; pero, si se recobra la gracia de Dios, son de nuevo vivas.  Para que las obras sean meritorias deben hacerse con la intención de agradar a Dios. Las buenas obras no todas tienen el mismo merito, sino unas son mucho más meritorias que otras; y aún puede suceder que una sola tenga más mérito que muchas otras juntas. Las buenas obras pueden ser  obligatorias y no obligatorias o supererogatorias. Obligatorias, son las que están mandadas bajo pena de culpa, como oír Misa en los días festivos. Supererogatorias, las que no son de obligación,  como el oír Misa diariamente.

Las buenas obras más recomendadas por Dios en la Sagrada Escritura son:

  • La oración, o sea los actos relativos al culto divino, como por ejemplo la santa Misa…
  • El ayuno o las obras de mortificación.
  • La limosna, o las obras de caridad y misericordia.

Las verdaderas riquezas son las buenas obras hechas en gracia de Dios.

Las buenas obras y los actos de virtud procuran la gloria del Criador.

¡Qué alientos infunde en las almas buenas para practicar todas aquellas obras que pueden contribuir a la Gloria de Dios! ¡Qué fervor en todos los ejercicios de piedad! ¡Qué desprecio de todo lo que no es de Dios!

No quedará sin premio  toda buena obra hecha para Gloria de Dios

 

Poco después de haber muerto una persona muy piadosa, se apareció radiante de gloria a otra, y le dijo:

“Soy sumamente feliz; pero, si algo pudiera desear, sería el volver a la vida y padecer mucho, a fin de merecer más gloria”, añadiendo que quisiera padecer hasta el día del juicio todo los dolores que había padecido durante su última enfermedad, para lograr solamente la gloria que corresponde al mérito de una sola Ave María.

  

Adoremos y demos gracias a nuestro Padre Santo  por nuestra Santa Iglesia, que él fundó y roguémosle nos ayude a ser obedientes para cumplir su ley y a crecer cada día más en la fe.

Padre Bueno y Eterno ayúdanos a mantener nuestra alma en estado de gracia para que nuestras obras sean siempre agradables a Ti, regálanos la perseverancia en la oración, a mortificar nuestro cuerpo y a crecer en generosidad, para así algún día gozar de la vida eterna.

 ¡¡¡Unidos en la Eucaristía!!!

 

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