¿Por qué tan lejos la santidad para los cristianos?

¿Por qué tan lejos la santidad para los cristianos?

¿Por qué tan lejos la santidad para los cristianos?


santidad
Hablar de santidad en la actualidad es pensar en algo imposible para los hombres. Cada domingo la Iglesia insiste en la santidad del cristiano y muchos sacerdotes citan el santo del día, cuando lo escuchamos en la santa eucaristía, nos conmueve y nos llevan a pensar, ellos: ¿cómo le hicieron?, a la vez quizá algunos piensen en que son historias inventadas por la Iglesia.

La razón humana llega a una conclusión: “es casi imposible aislar la mente del hombre para que no peque”, pues el pecado aleja de la santidad de Dios. No le parece incongruente cuando Jesús pide una máxima judía para quien lo quiera seguir: Lev 19:2 –Di a toda la comunidad de los israelitas: Sean santos, porque yo, el Señor, su Dios, soy santo. Jesús lo profundiza pidiendo la perfección porque el Padre es perfecto.

Cuando se escucha hablar de santidad se esboza una sonrisa maliciosa, ¿santo yo?, sí todos somos bien pecadores e incluso sacerdotes, pastores, diáconos, consagrados cuanto más los laiquillos pecadores. No olvidemos que detrás está quién lo puede todo.

Un guía espiritual, daba a un laico un libro para combatir aquel pecado que con mucha regularidad lo hacía caer y se alcanzó a escuchar una pregunta de aquel santo sacerdote que le hacía al que estaba en confesión: “es recto tú corazón para abandonar ese pecado”, toda aquella área del confesionario hizo eco: “recto corazón”, “recto corazón”, “recto corazón”. ¿No será acaso eso lo que nos interfiere el corazón para llegar a la santidad?; decía San Juan Bosco: “cuando un sacerdote se pierde, también se pierden muchos con él”. El hombre no quiere enderezar su corazón. Recuerde, árbol que nace torcido… pero aquí estamos con endereza jorobas, no debería haber interferencia pero el hombre no quiere preparar su corazón en la rectitud.

Aunque el hombre este herido en su naturaleza humana por el pecado, ya Cristo pagó por el él, pagó la deuda del pecado por tanto no puede reinar el pecado, al menos… que nos guste tanto el pecado. Dios busca reflejar en el hombre su misma santidad y no es obra de la casualidad el que Dios haya pedido a Moisés que se descalzará cfr. Éx 3, 5. El libro del levítico afronta una realidad en los capítulos 17 al 26: “la santidad”, inmiscuidos Dios y el hombre. ¿Por qué el hombre se aleja de esa santidad día a día si tiene a Jesús?

El padre Antonio Royo Marín escribió un libro precioso llamado Jesús y la vida cristiana y en él cita lo siguiente: “Hace mucho tiempo que acariciábamos la idea de escribir un libro sobre la persona adorable de Jesucristo y su influencia capital sobre nosotros”, este breve pensamiento sacudió el corazón: “la persona adorable de Jesús”, “acariciábamos la idea”, el no desear ser santo ¿no será ir en contra del mismo Jesús?, ¿no será ofender al mismo Espíritu santo que es el que nos lleva a esa santidad?

La santidad se pierde en el horizonte cuando la densa neblina del materialismo, la cortina de humo del consumismo, del difundido hedonismo que debe de vivir el hombre, los modelos de vida humana que buscan inspirar al hombre así como una gran cantidad de factores están por encima de querer ser santos.

No se puede contradecir que las cosas materiales son necesarias, que el dinero resulta difícil quitarlo de la vida pues todo se paga con él, no se puede evitar consumir porque nadie es autosuficiente y así se puede ir citando algo referente a cada punto que se mencionó. Son importantes sí están por encima de la santidad, son llevaderos cuando son inferiores a la santidad.

En días pasados estuvimos compartiendo con un matrimonio que cumplió 60 años de casados y competiéndonos sus experiencias nos comentó que le aterraba no saber cuándo ofendía a Dios, le habían inculcado a un Dios juez, policía y por un tiempo estuvo muy confundido cuando empezaron su vida sexual, ¿hasta dónde es válido algunas caricias?; oía comentarios de compañeros de su trabajo que hablaban de su vida sexual y se sentía apenado por la falta de respeto para su esposa y como ella permitía tal agresión sexual aunque se justificaba que era en matrimonio.

Entraba en crisis cuando escuchaba los tratos de robo y timo que le hacían al patrón de manera organizada, él, siempre pensó que él trabajo engrandecía al hombre pues su padre siempre le dijo: Dios ha señalado como se debe de ganar el dinero, el sustento para tú familia: “con tú sudor”, “tú trabajo” y aquello le parecía que con solo engañar a su patrón estaban ganando un dinero que no les pertenecía y que no era esa la manera de ganar el dinero.

Nos comentó que muchas veces enmudecía ante tanta falta de respeto entre los compañeros de trabajo, la manera de mentir deliberadamente, la manera de actuar contrario al bien productivo y esto le asustaba porque su papá y su mamá les inculcaron que el respeto es el equilibrio total de las relaciones con el próximo, que la mentira nos aleja de la realidad y decir con el mayor esfuerzo siempre la verdad y remataba mi padre: sí ya sabes que está mal esa acción ¿por qué sigues actuando así?, ¿no es señal de maldad aceptada?, Dios debe de reinar en un corazón pues somos de él, nos compró con la sangre de Cristo Jesús, su hijo amado.

Agregó un último comentario. Le parecía bobo y como dicen hoy: “ñoño”, el que muchos en la mañana como locos van arriesgando su vida porque no les da la gana de levantarse más temprano, después de que se durmió tarde por estar viendo una película o estando comentando “en el face”; le parecía irrespetuoso, majadero, pedante el que con frecuencia se escuchaba el claxon del auto recordándose a la progenitora. No hablamos de un santo, estamos hablando de un hombre que cumplió 60 años de matrimonio.

La mujer sonriente ante los comentarios de su esposo tomo la palabra: cuando llegamos a vivir en la colonia en una casa ajena a la de mi padre padre y a la de su padre de mí esposo, me extraño que muchas mujeres se reunían cada mañana, era muy común ver de 2 a 6 damas, por una o dos horas, con escoba en mano y sandalias. Todas se veían que se conocían, pues hablaba una y otra y parecían temas interesantes. No pude entrar a ese círculo y siempre me quede con esa inquietud.

Lo que sí recuerdo era que muchas vecinas nunca usaban recogedor, solo escoba, no usaban bolsa para la basura, es algo que apenas comprendí cuando ví a una de mis hijas usar esa rara técnica: “pasar la basura al vecino más tonto” y tonto porque la recoge.

Comentaba aquella novia, que en su tiempo su papá y mamá tenían bien marcado la hora de llegar por la noche a su casa, argumentaban, que a altas horas de la noche ya era riesgoso para una mujer andar en la calle, que hablaba mal de una mujer y más aún, cuando al día siguiente tenía que ir a la escuela era todo un suplicio por no dormir las horas adecuadas o lo que sucede con mucha frecuencia hoy en la actualidad: se levantan tarde y se levantan cansadas.

Recordaba, a su padre nunca se le escuchaba una palabra anti-sonante allí en casa, era recio ese hombre, pero nunca llegó alcoholizado o haciendo escándalo y que cada vez que veía a un borrachito les decía: “es un hijo de Dios que no quiere ayuda para esa enfermedad”, siempre consideró enfermo aquel que toma más de 4 cervezas y que se ve transformado en su personalidad en algo que no es, como un hijo de ellos que murió a causa de la drogadicción, su hijo en la escuela era donde se drogaba y cuando ellos le detectaron por su comportamiento les dijo: “soy mayor de edad y la ley me protege”, partió a vivir con otro amigo que andaba igual, dependiendo de las drogas, algo artificial que la familia nunca uso o producía, una cadena para ese hijo que de repente apareció, lo esclavizó y en una riña por robarles a unos hombres, recibió un balazo y murió casi instantáneamente, su compañero fue a la cárcel por intento de asesinato cuando clavo varias veces un puñal a uno de esos hombres.

Estas experiencias tan sencillas nos hicieron reflexionar y decir: “realmente el cristianos no queremos ser santos”. Sí evaluamos que tipos de pecados vamos a confesar nos llevaríamos una agradable sorpresa en que todos pueden ser evitados, vencidos, incluso el adulterio, el detalle es que quiera dejar aquel amante, entonces la santidad se alejará cada vez más y más por encapricharnos en hacer lo que nos de la regalada gana, este matrimonio de 60 años culmino: a esta dama que ha compartido estos 60 años me dio su juventud, me dio su cuerpo, me dio su vida, ¿cómo podría yo corresponder a tanto amor?, con las promesas hechas realidad de nuestros votos matrimoniales: “te juro serte fiel”, “estar junto a ti en la enfermedad”, “amarte”, “servirte”, “que nada falte en nuestro hogar”, “recibir y educar a los hijos que Dios me dé”.

Esto nos hace recordar al antiguo Israel. Holocaustos, sacrificios, oblaciones, ceniza, sayal, y actos de pureza del israelita solo tienen un objetivo prioritario: estar limpios, puros, dignos ante Dios, libres del pecado que aleja de la santidad, por ello el profeta Isaías impactado ante la santidad de Dios oía aquellas voces: Isa 6:3 Y se gritaban el uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahvé Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria.» Ante la gloria y santidad de Dios sólo expresa palabras: Isa 6:5 Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahvé Sebaot han visto mis ojos!».

Sí, se aleja la santidad porque no queremos ser santos, no queremos romper con el pecado, estamos en nuestra zona de confort; el que tiene el pecado de flojo no quiere trabajar, el de lengua muy suelta no la quiere controlar; no queremos ser drásticos pero San Pablo expuso un panorama que no exenta a nuestra actual humanidad: 1Co 6:7-11 Ya es bastante desgracia que tengan pleitos entre ustedes. ¿Acaso no sería mejor sufrir la injusticia? ¿O dejarse robar? Pero no, ustedes mismos son los que perjudican y roban a sus hermanos.
¿No saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No sigan engañándose: ni inmorales ni idólatras ni adúlteros ni afeminados ni homosexuales ni ladrones ni avaros ni borrachos ni calumniadores ni explotadores heredarán el reino de Dios. Literalmente es muy fuerte la palabra de Dios pero es una realidad estos excesos nos hacen abusar de los demás y perder el camino de Dios y es obvio de la santidad.

Exponía una mujer en una pequeña comunidad que tenían un fuerte problema con un hermano de su esposo, les habían pedido asilo por unos dos meses mientras conseguían casa, accedieron y hoy cumplen un año y no se quieren salir, es pleito y pleito al pedirle para luz, agua, teléfono, cable, ya no para comida porque según no tienen y salen del hogar y se dan unas atragantadas. Nunca han comprado un cloro o un artículo de limpieza, mucho menos de higiene, el esposo trató de aguantar la injusticia por caridad a su hermano, pero ahora es insostenible y el sacerdote le dijo: “hijo es tiempo de decirles que ya no pueden darles más asilo”, más vale un buen enojo, a que lleguen a tronar a causa de tal situación, que haya golpes, majaderías, relaciones conflictivas. El hombre aquel le comentó al padre que había aguantado aquella situación porque recordaba el verso de San Pablo:
1Co 6:11 Algunos de ustedes fueron de ésos; pero han sido purificados y consagrados y absueltos por la invocación del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. El hermano que pidió asilo no tiene comunión con Dios y vive como hereje y con muy pocos valores, difícil de cambiar, aun con el buen ejemplo.

¡No!, concluyendo, el cristiano no quiere ser santo. Aquella jovencita no está dispuesta a cambiar su ropa por una decente. No quiere renunciar aquella mujer a dejar el juego de mesa con sus amigas cada viernes donde pasa hasta 6 horas, a dejar el billar aquel hombre cada sábado pues es la manera de quitar “el stress”, aunque llegue sin dinero o llegue en la madrugada a su hogar, no quiere renunciar a perderse cada domingo frente a un televisor viendo mil cosas sin provecho. Una mente ocupada por tanta paja no puede pensar en el cielo, en la salvación; una mente queriendo ser feliz por métodos propios no puede romper una historia mediocre cristiana y más si piensa que es salvo ya por pronunciar el nombre de Cristo, ¡se equivocan!; el cristianismo es acción, es vida, es reflejo del amor de Dios, el amor de Dios debe de mover a hacer lo mismo, no se puede quedar inmóviles ante tanto amor.

La santidad se compone de pequeñas acciones que el cristiano lleva a la perfección, se va venciendo la soberbia, el orgullo, la envidia, la flojera, la gula, la avaricia, la mentira, la lujuria, los deseos contra él bien, los valores hacen que brillen los hombres, y el anti-valor se pierde entre sus grandes virtudes y por lógica, Jesús hace hincapié en actuar según lo que Dios quiere, manda, designa para la santidad del hombre a través del Espíritu santo y para cerrar: ¿acaso el cristiano no tiene el sacramento de la reconciliación y reparación?, ¿se ha olvidado que Dios ha previsto todo para su santidad y la mía?, ¿cree que lo deja solo, sin armas?, los altares están llenos de hombres que encontraron en Cristo el motivo de santidad, con Cristo se puede, su alma lo anhela, solo es cuestión de dejar actuar al Espíritu santo para empezar ese camino a la santidad.

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2 Comentarios

  1. alejandro gonzalez

    Cualquier cosa que hagamos sea para la gloria fe Dios. Marina meditaba y guardaba todo en su corazón. Guardaba atesoraba amaba toda palabra y hechos de Jesús. Comer y beber el cuerpo y sangre de Jesús con humildad limpieza de corazón. No soy digno de que entres en mi corazón pero una palabra tuya limpiara mi corazón. Señor que sea el menor entre mis hermanos. Haz de mi un hombre humilde un hombre atento y dispuesto para los trabajos humildes. Que cada día ñra tu palabra y acuda a tu celebración eucarística. Escuche tu palabra en misa.

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