¡El ciego de nacimiento, sí era el ciego que sano Jesús!, ahora hay que enseñarlo a ver.
¡El ciego de nacimiento, sí era el ciego que sano Jesús!, ahora hay que enseñarlo a ver.

¡El ciego de nacimiento, sí era el ciego que sano Jesús!, ahora hay que enseñarlo a ver.

¡El ciego de nacimiento, sí era el ciego que sano Jesús!, ahora hay que enseñarlo a ver.

Por Genaro Valdivia.

Quienes nos hemos dedicado a la evangelización por años y aun los más nuevos, podemos constatar que cuando uno tiene su encuentro con Cristo Jesús como se conoce, de ojos abiertos y corazón palpitante (recibe su anuncio, la buena noticia), algo sucede que es extraordinario: “vuelve a nacer”, es otra persona, su rostro cambia y que decir de los ojos, los ojos trasmiten luz, brillo, cuando esos ojos están muertos hasta el rostro se ve sombrío, por esa razón la gente se expresaba: “no es el ciego”, “se le parece”, “sí es , sólo que algo que le hicieron”, vaya que tuvo que gritar el que había sido ciego: “si soy, sólo que brilla mi rostro porque la vida volvió a mi vida”, “estoy vivo”.

Después de un retiro la gente nueva, quiere vivir diferente a como lo venía haciendo, es obvio que los demás no se la creen: “te conocemos”, tú eres así, asa, tienes estos males, vicios, tú historia es está y tus inclinaciones son estás, ¿por qué las niegas?, el mundo rápido lo quiere absorber, lo quiere regresar a su estado original y sí se puede hasta peor; Cristo Jesús le pregunta: “¿Crees en el hijo del hombre?, para nosotros: ¿crees en el Salvador que soy yo Cristo Jesús, el que te devolvió la vista?, en el retiro lo conocemos como es y entonces al igual que el ciego dijo: “Sí creo y se postro”, lo hizo su rey, su Señor, su Dios; aquella gente, aquel hermano que sale del retiro proclama: “¡tú eres mi Señor!”, “¡tú eres mi Rey!”, “¡mi salvador!”, “¡mi Dios!”, sin embargo la gente se rehusa a admitirlo hasta que con el testimonio de vida y actuar, perseverar, al igual de proclamarlo, la gente va cediendo y entonces acepta que ha recobrado la vida, que tiene vida nueva y que Dios sí esta con el.

Más no todo es color de rosa, porque será necesario ahora enseñarlo a ver, si a ver con los ojos, no conocía nada físicamente, tocaba, pero… no conocía colores, tamaños, formas, la iglesia ayuda al que sale de su retiro, lo invita a entrar a una comunidad, para seguir ese ardor, unirse con los demás a compartir su experiencia, seguir disfrutando las maravillas de ver, de entrar en la doctrina de su Iglesia, ser más asiduo a los sacramentos, enseñarlo a orar, la necesidad de relacionarse con Dios, nuevos hermanos llegan otros hermanos se irán por su nueva vida, detestará algunas cosas que a la vista repugnan otras le dará gusto verlas, ¡eso es la iglesia!, el medio de crecimiento que junto con la palabra de Dios lo seguirá a que disfrute de esa vida y se integre en todos los ámbitos como hombre nuevo.

Claro que sí era el ciego, pero el resplandor de Dios brilló en él y cambio todo, nunca volverá a ser igual, las penumbras no volvieron a ocupar un espacio en él, Dios ya no lo deja pues Cristo se ha quedado en el centro de su vida pues él mismo se postro para adorarlo, al igual nosotros que nos hemos entregado a Él y que hemos empezado un camino de conversión constante a Dios.

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