Aposento de Adoración IX. Lámparas del Amor Divino

Aposento de Adoración IX. Lámparas del Amor Divino

Aposento de Adoración
IX. Lámparas del Amor Divino

manjar-eterno

 

 

Jesús:

Cuando se me acercaron las turbas y echaron mano de Mí, huyeron mis discípulos y me dejaron solo entre aquellos enemigos. Discípulos que Yo elegí, discípulos que formé con todo el amor de mi Corazón, discípulos a quienes llamé amigos e hijos, discípulos a quienes comuniqué cuanto Yo había oído de mi Padre, discípulos que poco antes prometieron no negarme y dar, aún, la vida por Mí.

Más, cuando les llego el momento de cumplir sus promesas, huyeron despavoridos convirtiéndose en desertores.

El abandono de mis discípulos hirió gravemente mi Corazón.

Hijo mío: hoy, también, me hallo solitario y abandonado; las criaturas pasan desapercibidas frente a mi mansión de amor, y si por ventura llegaren a Mí, salen rápido porque no encuentran palabras qué decirme; el mundo las absorbe y el silencio las ahoga, y son muchos los asuntos pendientes que dejaron allí afuera.

Se olvidan que en esta porción de cielo encontrarán solución a todos sus problemas, descanso a sus fatigas, fortaleza a sus debilidades, remedio a sus enfermedades, fin a las tribulaciones, ruptura a las esclavitudes porque soy el mismo Hombre de Nazaret que liberó a los poseídos, sanó a los enfermos, perdonó a los pecadores y resucitó a los muertos.

Soy el mismo Hombre de Nazaret que trajo una propuesta diferente de vida, hombre que quiso abolir falsas leyes y perfeccionarlas.

Soy el mismo Hombre de Nazaret que compartió la mesa con publicanos, llamó a conversión a prostitutas, a salteadores y a recaudadores de impuestos.

Soy el mismo Hombre de Nazaret que turbó a los sacerdotes y maestros de la ley, porque mis pensamientos chocaban con los suyos, mi manera de hablar los cuestionaba y airaba, ya que descubrían en Mí al Mesías, al Dios esperado.

Soy el mismo Hombre de Nazaret que obró prodigios y milagros y un indeterminado número de almas me siguieron, teniendo que pasar desapercibido frente a las muchedumbres, almas que soportaban el recio calor del sol o la impetuosa tormenta, porque mis palabras las seducía; y hoy que también estoy realmente presente en la Sagrada Hostia: los hombres esquivan a mi amor, se apartan de mi lado pretendiendo encontrar la felicidad fuera de mis palabras, cuando en Mí hallarán sosiego disfrutando de mi paz verdadera; paz que os doy desde mi Santuario. Santuario poco visitado, poco frecuentado por las almas.

Soy el mismo Hombre que murió en una cruz para ser luz a toda la humanidad; humanidad que yace en tinieblas, humanidad sombría porque el pecado oscurece el corazón de los hombres.

Venid, pues, y hacedme compañía; encended el foco de luz de vuestro corazón que os quiero como lámparas del Amor Divino. Lámparas cuya luz no habrá de extinguirse, porque los rayos potentes de mi Sol divino siempre os alumbrará.

 

Alma adoradora del silencio:

Rey solitario y abandonado de los corazones: me abismo a vuestros pies con el silencio de la adoración y del amor.
Rey solitario y abandonado de los corazones: me anonado frente a vuestra realeza, porque el Rey del más alto linaje se posa frente a mis ojos.

Rey solitario y abandonado de los corazones: os adoro, porque os habéis perpetuado en la Sagrada Hostia. Vuestra presencia me eclipsa, me enamora.

Rey solitario y abandonado de los corazones: os glorifico por vuestra invención de amor; estáis aquí para suavizar la amargura de mi corazón, estáis aquí para impulsar mi corazón en amaros más y más.

Rey solitario y abandonado de los corazones: os alabo en unidad de los Santos y de los Ángeles, me uno al barullo de sus voces porque sois deleite para mi espíritu y suave refrigerio para mi corazón.

Rey solitario y abandonado de los corazones: reparo la ingratitud con un sinnúmero de te amos, reparo el desprecio de las almas con mi presencia, porque me habéis cautivado, habéis seducido mi corazón. Sin Vos no podría vivir porque sois la luz de mis ojos y el aire que respiro.

Rey solitario y abandonado de los corazones: os pido mil y mil veces perdón; porque muchas almas pudiéndoos amar, no os aman; pidiendo adorar, no os rinden los homenajes que os merecéis.

Rey solitario y abandonado de los corazones: creo que estáis aquí, Dios mío, y que bajo los velos de este Sacramento me miráis y penetráis hasta el fondo de mi corazón.

Rey solitario y abandonado de los corazones: creo que bajo esta apariencia de pan están contenidas, no solamente vuestra Carne y vuestra Sangre, sino también vuestra divinidad y vuestra humanidad.

Oración

Os adoro, os alabo y os amo con todas las almas que, en esta hora, os están amando en la tierra y en el cielo.
Amén.

 

Sea siempre bendito y alabado el Santísimo y Divinísimo Sacramento.

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