Palabra de Dios 30 de Marzo 2024. VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA.

Palabra de Dios 30 de Marzo 2024. VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA.

Palabra de Dios 30 de Marzo 2024. VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA.

Evangelio del dia.

PRIMERA LECTURA.

Del libro del Génesis (1, 1–2, 2)

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. [La tierra era
soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El
espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios que la
luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día”
y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día.
Dijo Dios: “Que haya una bóveda entre las aguas, que separe
unas aguas de otras”. E hizo Dios una bóveda y separó con ella
las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios
a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana del segundo día.
Dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un
solo lugar y que aparezca el suelo seco”. Y así fue. Llamó Dios
“tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios
que era bueno.
Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semilla
y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la
tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía
semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban
semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde
y la mañana del tercer día.
Dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que
separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los
años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra. Y
así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor
para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo
las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para
iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz
de las tinieblas”. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la
mañana del cuarto día.
Dijo Dios: “Agítense las aguas con un hervidero de seres
vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del
cielo”. Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes
que en el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creó
también el mundo de las aves, según sus especies. Vio Dios que era
bueno y los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense;
llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra”.
Fue la tarde y la mañana del quinto día.
Dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes, según sus especies:
animales domésticos, reptiles y fieras, según sus especies”. Y así
fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles,
cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.]
Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo,
a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre
la tierra”. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo
creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las
aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.
Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas de
semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que
producen frutos y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a
todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los
reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les
doy por alimento las verdes plantas”. Y así fue. Vio Dios todo
lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la
mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus
ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día
de todo cuanto había hecho.

Palabra de Dios.

SALMO.

Salmo (103, l-2a.5-6.10 y 12.13-14.24 y 35c)

R. Bendice al Señor, alma mía.

Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es
tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve
como un manto.
R.

Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre.
Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en los montes
concentraste.
R.

En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre
montañas; junto al arroyo vienen a vivir las aves, que cantan
entre las ramas.
R.

Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de
tus manos; haces brotar hierba para los ganados y pasto para los
que sirven al hombre.
R.

¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con
maestría! La tierra está llena de tus creaturas. Bendice al Señor,
alma mía.
R.

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en todas las obras de
tu amor te muestras admirable, concede a quienes has redimido,
comprender que el sacrificio de Cristo, nuestra Pascua, en la
plenitud de los tiempos, es una obra más maravillosa todavía
que la misma creación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

SEGUNDA LECTURA.

Del libro del Génesis (22, 1-18)

En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le
dijo: “¡Abraham, Abraham!” Él respondió: “Aquí estoy”. Y
Dios le dijo: “Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas;
vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte
que yo te indicaré”.
[Abraham madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos
de sus criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio
y se encaminó al lugar que Dios le había indicado. Al tercer
día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados:
“Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta allá,
para adorar a Dios y después regresaremos”.
Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su
hijo Isaac y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Los dos
caminaban juntos. Isaac dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”
Él respondió: “¿Qué quieres, hijo?” El muchacho contestó:
“Ya tenemos fuego y leña, ¿pero dónde está el cordero para el
sacrificio?” Abraham le contestó: “Dios nos dará el cordero para
el sacrificio, hijo mío”. Y siguieron caminando juntos.]
Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham
levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso
sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo.
Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo:
“¡Abraham, Abraham!” Él contestó: “Aquí estoy”. El ángel le
dijo: “No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño.
Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo
único”. Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado
por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en
sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso por nombre a aquel
sitio “el Señor provee”, por lo que aun el día de hoy se dice: “el
monte donde el Señor provee”.
El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y
le dijo: “Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho
esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y
multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las
arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades
enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los
pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras”.

Palabra de Dios.

SALMO.

Salmo (15,5 y 8.9-10.11)

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida
está en sus manos. Tengo siempre presente al Señor y con él a
mi lado, jamás tropezaré.
R.

Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá
tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte, ni dejarás
que sufra yo la corrupción.
R.

Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu
presencia y de alegría perpetua junto a ti.
R.

Oremos. Dios nuestro, excelso Padre de los creyentes, que
por medio de la gracia de la adopción y por el misterio pascual
sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham de multiplicar
su descendencia por toda la tierra y de hacerlo el padre de todas
las naciones, concede a tu pueblo responder dignamente a la
gracia de tu llamada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

TERCERA LECTURA.

Del libro del Éxodo (14, 15—15, 1)

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “¿Por qué sigues
clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha.
Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo,
para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a
endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y
me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército,
de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a
expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán
que yo soy el Señor”.
El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de
Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de nubes que iba
adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el
campamento de los israelitas y el campamento de los egipcios.
La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así los
ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar
durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar,
y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar y no se
mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha
y a su izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y
toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras
ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego
y humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico.
Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: “Huyamos de
Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre
el mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros
y sus jinetes”. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al
amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir,
los egipcios se encontraron con ellas, y el Señor los derribó en
medio del mar. Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los
jinetes y a todo el ejército del faraón, que se había metido en el
mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del
mar. Las aguas les hacían muralla a derecha e izquierda. Aquel
día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio
a los egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano
fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió al Señor y
creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los
hijos de Israel cantaron este cántico al Señor:

SALMO.

Ex (15, lb-2.3-4.5-6.17-18)

R. Alabemos al Señor por su victoria.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria: caballos y jinetes
arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor, él es mi
salvación, él es mi Dios, yo lo alabaré; es el Dios de mis padres,
yo le cantaré.
R.

El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en
el mar los carros del faraón y a sus guerreros; ahogó en el mar
Rojo a sus mejores capitanes.
R.

Las olas los cubrieron, cayeron hasta el fondo, como piedras.
Señor, tu diestra brilla por su fuerza, tu diestra, Señor, tritura al
enemigo.
R.

Tú llevas a tu pueblo para plantarlo en el monte que le diste
en herencia, en el lugar que convertiste en tu morada, en el
santuario que construyeron tus manos. Tú, Señor, reinarás para
siempre.
R.

Oremos. Señor Dios, cuyos antiguos prodigios los percibimos
resplandeciendo también en nuestros tiempos, puesto que
aquello mismo que realizó la diestra de tu poder para liberar a
un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo sigues realizando
también ahora, por medio del agua del bautismo para salvar a
todas las naciones, concede que todos los hombres del mundo
lleguen a contarse entre los hijos de Abraham y participen de la
dignidad del pueblo elegido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén

CUARTA LECTURA.

Del libro del profeta Isaías (54, 5-14)

“El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es ‘Señor
de los ejércitos’. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado
‘Dios de toda la tierra’. Como a una mujer abandonada y abatida
te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de
la juventud?, dice tu Dios.
Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia
te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi
rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor,
tu redentor.
Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré
que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora
juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte. Podrán
desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor
por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para
siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti.
Tú, la afligida, la zarandeada por la tempestad, la no consolada:
He aquí que yo mismo coloco tus piedras sobre piedras finas, tus
cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí y puertas de
esmeralda y murallas de piedras preciosas.
Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande
su prosperidad. Serás consolidada en la justicia. Destierra la
angustia, pues ya nada tienes que temer; olvida tu miedo, porque
ya no se acercará a ti”.

Palabra de Dios.

SALMO.

Salmo (29, 2 y 4.5-6.11 y 12a y 13b)

R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis
enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de
morir, me reviviste.
R.

Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El
llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo.
R.

Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente.
R.

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, multiplica, en honor
a tu nombre, cuanto prometiste a nuestros padres en la fe y
acrecienta la descendencia por ti prometida mediante la santa
adopción filial, para que aquello que los antiguos patriarcas no
dudaron que habría de acontecer, tu Iglesia advierta que ya está
en gran parte cumplido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

QUINTA LECTURA.

Del libro del profeta Isaías (55, 1-11)

Esto dice el Señor: “Todos ustedes, los que tienen sed,
vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen
trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el
dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos
sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y
vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las
promesas que hice a David. Como a él lo puse por testigo ante
los pueblos, como príncipe y soberano de las naciones, así tú
reunirás a un pueblo desconocido, y las naciones que no te
conocían acudirán a ti, por amor del Señor, tu Dios, por el Santo
de Israel, que te ha honrado.
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo
mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el
criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a
nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus
caminos no son mis caminos. Porque así como aventajan los
cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y
mis pensamientos a sus pensamientos.
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino
después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la
palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino
que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.

Palabra de Dios.

SALMO.

Isaías (12,2-3.4bcd.5-6)

R. El Señor es mi Dios y salvador.

El Señor es mi Dios y salvador: con él estoy seguro y nada
temo. El Señor es mi protección y mi fuerza, y ha sido mi
salvación. Sacarán agua con gozo de la fuente de salvación.
R.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los
pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime.
R.

Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra.
Griten jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha
sido grande con ustedes.
R.

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, única esperanza del
mundo, tú que anunciaste, por voz de los profetas, los misterios
que estamos celebrando esta noche, multiplica en el corazón de
tu pueblo los santos propósitos porque no podría ningún santo
anhelo alcanzar crecimiento sin el impulso que procede de ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

SEXTA LECTURA.

Del libro del profeta Baruc (3, 9-15. 32—4, 4)

Escucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para que
adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en
país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que te hayas
contaminado por el trato con los muertos, que te veas contado
entre los que descienden al abismo?
Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras
seguido los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente.
Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la
energía, así aprenderás dónde se encuentra el secreto de vivir
larga vida, y dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién es el que
halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus tesoros? El que
todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia la ha escudriñado.
El que cimentó la tierra para todos los tiempos, y la pobló de
animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella va, la llama, y
temblorosa le obedece; llama a los astros, que brillan jubilosos
en sus puestos de guardia, y ellos le responden: “Aquí estamos”,
y refulgen gozosos para aquel que los hizo. Él es nuestro Dios y
no hay otro como él; él ha escudriñado los caminos de la sabiduría
y se la dio a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después de esto,
ella apareció en el mundo y convivió con los hombres.
La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez
eterna; los que la guardan, vivirán, los que la abandonan, morirán.
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad
de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un
pueblo extranjero. Bienaventurados nosotros, Israel, porque lo
que agrada al Señor nos ha sido revelado.

Palabra de Dios.

SALMO.

Salmo (18,8.9.10.11)

R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
R.

En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para
el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el
camino.
R.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los
mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
R.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas
del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.
R.

Oremos. Dios nuestro, que haces crecer continuamente a tu
Iglesia con hijos llamados de todos los pueblos, dígnate proteger
siempre con tu gracia a quienes has purificado con el agua del
bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

SÉPTIMA LECTURA.

Del libro del profeta Ezequiel (36, 16-28)

En aquel tiempo, me fue dirigida la palabra del Señor en
estos términos: “Hijo de hombre, cuando los de la casa de Israel
habitaban en su tierra, la mancharon con su conducta y con sus
obras; como inmundicia fue su proceder ante mis ojos. Entonces
descargué mi furor contra ellos, por la sangre que habían
derramado en el país y por haberlo profanado con sus idolatrías.
Los dispersé entre las naciones y anduvieron errantes por todas
las tierras. Los juzgué según su conducta, según sus acciones los
sentencié. Y en las naciones a las que se fueron, desacreditaron
mi santo nombre, haciendo que de ellos se dijera: ‘Este es el
pueblo del Señor, y ha tenido que salir de su tierra’.
Pero, por mi santo nombre, que la casa de Israel profanó entre
las naciones a donde llegó, me he compadecido. Por eso, dile a
la casa de Israel: ‘Esto dice el Señor: no lo hago por ustedes,
casa de Israel. Yo mismo mostraré la santidad de mi nombre
excelso, que ustedes profanaron entre las naciones. Entonces
ellas reconocerán que yo soy el Señor, cuando, por medio de
ustedes les haga ver mi santidad.
Los sacaré a ustedes de entre las naciones, los reuniré de todos
los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y
quedarán purificados; los purificaré de todas sus inmundicias e
idolatrías.
Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón
de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir según mis
preceptos y guardar y cumplir mis mandamientos. Habitarán en
la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré
su Dios’ ”.

Palabra de Dios.

SALMO.

Salmos (41,3.5bcd; 42,3.4)

R. Estoy sediento del Dios que da la vida.

Como el venado busca el agua de los ríos, así, cansada, mi
alma te busca a ti, Dios mío.
R.

Del Dios que da la vida está mi ser sediento. ¿Cuándo será
posible ver de nuevo su templo?
R.

Recuerdo cuando íbamos a casa del Señor, cantando,
jubilosos, alabanzas a Dios.
R.

Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan
en mi guía y hasta tu monte santo me conduzcan, allí donde tú
habitas.
R.

Al altar del Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y a
mi Dios, el Señor, le daré gracias al compás de la cítara.
R.

Oremos. Dios de inmutable poder y eterna luz, mira propicio
el admirable misterio de la Iglesia entera y realiza serenamente,
en virtud de tu eterno designio, la obra de la humana salvación;
que todo el mundo vea y reconozca que los caídos se levantan,
que se renueva lo que había envejecido y que, por obra de
Jesucristo, todas las cosas concurren hacia la unidad que
tuvieron en el origen. Él, que vive y reina por los siglos de los
siglos.
R. Amén.

EPÍSTOLA.

Carta de Pablo a los romanos (6, 3-11)

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo
Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su
muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él
en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los
muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos
una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por
una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su
resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado con
Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin
de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda
libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros
de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una
vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte
ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado
de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios.
Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para
Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

SALMO.

Salmo (117, l-2.16ab-17.22-23)

R. Aleluya, aleluya.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu
misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: “Su misericordia
es eterna”.
R.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es
nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo, para contar lo
que el Señor ha hecho.
R.

La piedra que desecharon los constructores, es ahora la
piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro
patente.
R.

EVANGELIO.

Evangelio según san Marcos (16, 1-7)

Transcurrido el sábado, María Magdalena, María (la madre
de Santiago) y Salomé, compraron perfumes para ir a
embalsamar a Jesús. Muy de madrugada, el primer día de la
semana, a la salida del sol, se dirigieron al sepulcro. Por el
camino se decían unas a otras: “¿Quién nos quitará la piedra de
la entrada del sepulcro?” Al llegar, vieron que la piedra ya estaba
quitada, a pesar de ser muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven, vestido con una
túnica blanca, sentado en el lado derecho, y se llenaron de miedo
Pero él les dijo: “No se espanten. Buscan a Jesús de Nazaret, el
que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado. Miren el sitio
donde lo habían puesto. Ahora vayan a decirles a sus discípulos
y a Pedro: ‘El irá delante de ustedes a Galilea. Allá lo verán,
como él les dijo’ “.

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • La fiesta por excelencia de los
cristianos es, como bien lo sabemos, la Pascua
de Resurrección y la Vigilia Pascual su más bella
expresión. Como la semilla confiada a la tierra,
Cristo «reposa» en el sepulcro. La Iglesia –llevando
en sus manos la lámpara de la esperanza (Cfr. Lc
12, 35-40)– vigila junto a la tumba de su Señor.
También ella aguarda el gran «día del Señor»,
cuando Él vendrá para invitarla a sentarse en su
mesa. En Cristo, verdadero hombre y «nuevo Adán»,
la muerte no es el final de la vida, sino la victoria
sobre las limitaciones de la condición terrena y la
participación en la vida eterna de Dios… • La noche
de Pascua es el gran sacramento de la vida del
cristiano. El Bautismo y la Eucaristía –que junto
con la abundancia de la Palabra de Dios están al
centro de esta solemne liturgia– nos hacen presentes
y contemporáneos los principales acontecimientos
de la Historia de nuestra Salvación. A partir de esta
noche “santísima”, Cristo está presente en medio de
los suyos de una forma nueva. Con la luz y la fuerza
de su Espíritu, vengamos a gozarnos de la dignidad
de hijos muy amados del Padre. ¡Despojémonos,
pues, de la «antigua levadura» (Cfr. 1 Cor 6, 12) y
decidámonos a llevar una vida de resucitados!

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