Palabra de Dios 12 de Junio de 2026. Solemnidad, SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.
Evangelio del dia.
PRIMERA LECTURA.
Del libro del Deuteronomio ( 7, 6-11 )
En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Eres
un pueblo consagrado al Señor, tu Dios; él te ha elegido a ti
para que seas pueblo suyo entre todos los pueblos de la tierra.
El Señor se ha comprometido contigo y te ha elegido, no
por ser tú el más numeroso de todos los pueblos, ya que al
contrario, eres el menos numeroso; más bien te ha elegido
por el amor que te tiene y para cumplir el juramento hecho
a tus padres. Por eso, el Señor, con mano firme, te sacó de
la esclavitud y del poder del faraón, rey de Egipto.
Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es el Dios
verdadero y fiel. El guarda su alianza y su misericordia
hasta mil generaciones para los que lo aman y cumplen
sus mandamientos; pero castiga a quienes lo odian, y los
hace perecer sin demora.
Guarda, pues, los mandamientos, preceptos y leyes que
yo te mando hoy poner en práctica”.
Palabra de Dios.
SALMO.
Salmo ( 102 )
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su
santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides
de sus beneficios.
R.
El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades;
él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de
ternura.
R.
El Señor hace justicia y le da la razón al oprimido. A
Moisés le mostró su bondad y sus prodigios al pueblo de
Israel.
R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento para
enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como
merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros
pecados.
R.
SEGUNDA LECTURA.
De la primera carta del apóstol san Juan ( 4, 7-16 )
Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque
el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de
Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios,
porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene, se ha
manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito
para que vivamos por él.
El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos
amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió
a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.
Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos
amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto
nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios
permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en
nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos
visto y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su
Hijo como salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús
es el Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y
hemos creído en ese amor. Dios es amor y quien permanece
en el amor, permanece en Dios y Dios en él.
Palabra de Dios.
EVANGELIO.
Evangelio según san Mateo ( 11, 25-30 )
En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has
revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te
ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie
conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino
el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados
por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre
ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de
corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave
y mi carga ligera”.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: • El mes de junio está dedicado
tradicionalmente al Corazón de Cristo, símbolo de
la fe cristiana particularmente apreciado tanto por
el pueblo como por los místicos y teólogos, porque
expresa de modo sencillo y auténtico la “buena
nueva” del amor, resumiendo en sí el misterio de
la Encarnación y de la Redención. Al celebrar la
solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, lo hacemos
viviendo la tercera y última de las fiestas que siguen
al tiempo pascual, después de la Santísima Trinidad
y el Corpus Christi… • Esta sucesión nos hace pensar
en un movimiento hacia el centro: un movimiento del
espíritu, que Dios mismo guía. En efecto, desde el
horizonte infinito de su amor, Dios quiso entrar en los
límites de la historia y de la condición humana, tomó
un cuerpo y un corazón, de modo que pudiéramos
contemplar y encontrar lo infinito en lo finito, el
Misterio invisible e inefable en el Corazón humano
de Jesús, el Nazareno… Toda persona necesita tener
un “centro” –un “corazón”– de su vida, un manantial
de verdad y de bondad del cual tomar fuerza y verdad
para afrontar las diversas situaciones y la fatiga de la
vida diaria. [Sintetizado de BXVI, Ángelus, 1-VI-2008]








