La Cruz nuestra única Esperanza. Encomendemos nuestros sufrimientos a María santísima y supliquémosle nos acoja en su regazo. Hora Santa

La Cruz nuestra única Esperanza. Encomendemos nuestros sufrimientos a María santísima y supliquémosle nos acoja en su regazo. Hora Santa

La Cruz nuestra única Esperanza. Encomendemos nuestros sufrimientos a María santísima y supliquémosle nos acoja en su regazo. Hora Santa

 

Se reza la Estación del Santísimo Sacramento…

Canto

Altísimo Señor…

Jesús  Sacramentado este día te damos las gracias por la cruz de cada uno de nosotros, gracias por el dolor que nos hace estar más cerca de ti, gracias por no comprender muchas cosas del dolor, pero sabemos que solo el dolor nos da intimidad contigo y comprendemos con dificultad que es una manera muy particular de amar. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 34-9,1                   De pie

En aquel tiempo, Jesús  llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de mi y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre, entre los santos ángeles”

Y añadió: “Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder”.

Palabra del Señor.                               

 

Releemos en silencio y compartimos.

 

 

 

Canto.

//Hoy Señor Jesús vengo ante ti para alabarte

Hoy Señor Jesús con tu poder puedes cambiarme

Sáname Señor hoy quiero vivir, dame tu amor sin ti no puedo ser feliz

Sáname Señor, líbrame del mal, toca el corazón para alcanzar la santidad//

 

 

¡Oh Cruz única Esperanza!

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena OCD

El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación – para nosotros- es fuerza de Dios (1 Co 1, 19) Para quien no cree en Cristo la cruz es un absurdo inaceptable, pero para los que le siguen y aman “es fuerza de Dios”, fuerza que redime, que salva, que santifica. Cuanto más una criatura aspira a la santidad tanto más debe amar la Cruz y no sólo la Cruz con la que fue redimida, sino la cruz personal que la asocia al misterio de la muerte de Cristo, para hacerla participe del misterio de la vida del mismo Cristo “Oh almas que os queréis andar seguras y consoladas en las cosas del espíritu – exclama san Juan de la Cruz-, si supieses cuánto os conviene padecer sufriendo para venir a esa seguridad y consuelo”. El hombre esta tan amasado de egoísmo y de orgullo, que para alcanzar la unión con Dios necesita ser purificado y transformado en el fondo de su ser. Sólo Dios puede realizar en él este trabajo de purificación y de transformación y lo hace por medio de la cruz. Por eso, cuando el irrumpe en la vida de una criatura con pruebas interiores y exteriores, atribulándola en el cuerpo y en el espíritu entonces es precisamente cuando le concede una de sus mayores gracias, índice de sus planes de amor y de santidad hacia ella.

Cristo cumplió la obra de la reconciliación del género humano con Dios “al tiempo y punto en que  estuvo más aniquilado en todo… acerca de la reputación de los hombres, porque como le veían morir, antes hacían burla de él que le estimaban en algo y acerca  de la naturaleza, pues en ella se aniquilaba muriendo y acerca del amparo y consuelo espiritual del Padre, pues en aquel tiempo le desamparó. Para que entienda el bien espiritual el misterio de la puerta y del camino de Cristo para unirse con Dios y tanto mayor obra se hace” (S.J. de la Cruz) Cuanto más una criatura esté convencida de esta verdad, tanto menos atrevidas le parecen las expresiones de San Pablo acerca de la cruz, de su Señor, sino que hace de ella el programa de la propia vida: “Dios me libre de gloriarme si, no es en la cruz de nuestro Señor, Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gal 6, 14)

 

Releemos en silencio y oramos con la frase que más nos agrade.

 

 

 

Oremos a nuestra Madre.

Madre del dolor, que estuviste a los pies de la cruz siempre presente, siempre fiel, aún en medio del dolor, porque conocías que era valor de redención, te pedimos que nos enseñes a permanecer fieles y de pie en medio del dolor y del sufrimiento. Amén.

 

 

1er Misterio. Cristo en los días de su vida mortal quiso compartirla suerte del hombre pecador, quiso compadecer, padecer por él y con él. El peso inmenso de ese dolor le arranco “gritos y lagrimas” y con todo se sometió a él  voluntariamente en obediencia al querer del Padre, pues a PESAR DE SER Hijo de Dios aprendió, sufriendo. María siguió a Jesús por este camino, padeció con él y con la humanidad entera para salvarla.

Pidamos a Jesús  y María nos acompañen en el camino de la cruz.

 

2do Misterio. Cada nuevo sufrimiento la encontró siempre disponible al querer divino, pronta a repetir el Fiat de la anunciación, Jesús, sometiéndose a la voluntad del Padre “se ha convertido para todos los que lo obedecen  en autor de la salvación eterna”. Y María participando en esa obediencia y en ese dolor coopero a su salvación. Al mismo tiempo, junto con el Hijo, enseñó a los hombres el camino de la obediencia.

Pidamos ser obedientes como Jesús y María.

 

3er Misterio. Cuanto costo a María, la sumisión a la voluntad de Dios lo dice la espada que le traspasó el alma durante toda la vida y el holocausto supremo que realizó finalmente al pie de la Cruz, “junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de Madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente a la inmolación de la victima que ella misma había engendrado”.

Oremos para que la voluntad de Dios la vivamos todos con generosidad.

 

4to Misterio. Para ser madre del Hijo de Dios bastaron su fe invicta, su Fiat lleno de amor y la desnuda pobreza de Belén. Más para venir a ser Madre de los hombres es necesario también el sufrimiento atroz del Calvario. Solo entonces Jesús, presentándole la humanidad en la persona de Juan, le dijo: Mujer, ahí tienes a tu Hijo” como para significar que el haber compartido su pasión le daba derecho a ser reconocida oficialmente Madre de los hombres.

Pidamos que valoremos  y amemos esa maternidad de María.

 

5to Misterio. La maternidad de María para con los hombres es maternidad de amor y de dolor. Para ser dignos hijos suyos es necesario aprender de ella a amar y a sufrir. Amar a Dios y todos sus quereres, aceptar con amor las tribulaciones de la vida y ofrecerlas en unión con la pasión de Jesús y de María al pie de la Cruz suaviza la aspereza del dolor, infunde animo y ayuda a sufrir con generosidad en la serena esperanza de que todo coopera al bien de los que ama  Dios.

 

Oremos para ser animados por nuestra Madre en el dolor. 

 

 

Recemos la Corona de la Misericordia.      De rodillas o de pie.

Ofrezcámosla para que aprendamos a amar la cruz de cada día

 

Padre nuestro…Ave María… Credo…

En  las cuentas grandes antes de cada decena.

Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amantísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero.

En las 10 cuentas pequeñas de cada decena.

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Jaculatoria para rezarse al final de cada misterio.

Oh Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, Confiamos en Ti

Doxología final después de las cinco decenas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero (3

 Veces) 

 

Permanezcamos en silencio unos momentos.

 

 

 

Amo Oh mi Dios

Tea no, Oh mi Dios, mi único deseo es amarte,

Hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,

Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti

Te amo, Oh mi Dios y mi único temor es ir al infierno

Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor, Oh mi Dios.

Si mi lengua no puede decir, cada instante que te amo,

Por lo  menos quiero que mi corazón lo repita, cada vez que respiro.

Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,

Y de amarte mientras que sufro,

Y el día que me muera no sólo amarte

Pero sentir que te amo.

Te suplico que mientras más cerca este de mi hora final

Aumentes y perfecciones mi amor por Ti

Amén.

 

 

Canto.

 

Gloria, Gloria a la Virgen María

Protectora del pueblo leones,

Inflamados de amor y alegría,

De rodillas caer a sus pies…

 

Oremos en silencio por las necesidades personales y de todo el mundo.

 ¡¡¡Unidos en la Eucaristía!!!

Acerca del autor

Temas relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.