Billete Celador -Un Mensaje para Ti Guardia de Honor-
Ruego por los que creerán…
Parroquia de San Pío X
No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú Padre, en mí y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo le he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.
Juan 17-20-26
San Agustín: Ruego por los que creerán en mí… el Salvador se refiere a todos sus elegidos, a los que Vivian entonces, y a los que vivirán en los siglos venideros; a los que oyeron la predicación de los Apóstoles, como a los que siguieron después de ellos. Objeto de sus ruegos somos también nosotros, los que hemos recibido la fe en Jesucristo por la predicación de los Apóstoles, que se ha transmitido hasta nosotros y se seguirá transmitiendo a todos los que creerán en Él.
Jesús ruega por su Iglesia, y le encarga su propia misión. El deber principal de la Iglesia será conocer a Dios, sea cual fuere la situación de la Iglesia su misión propia e irremplazable será la de conservar y proclamar el verdadero conocimiento del Padre y el mandato del Hijo. Los que han recibido la Palabra y han tenido acceso a la Verdad, comienzan una lucha para mantenerse fieles. Jesús pide a su Padre, los conserve santos y unidos. Y Reciben la promesa de que el mundo creerá cuando ellos mismos sean no sólo uno, sino uno con Dios.
Unámonos a la oración de Jesús para alcanzar la gracia de vivir eternamente con Él.
Cuando reconocemos por la fe la existencia del Dios único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el hombre se abre a la caridad que une al Padre y al Hijo y entonces le transmite su Espíritu. Esta caridad le convierte en su testigo en el mundo y cooperador en los designios de Dios: unir en el Hijo único a todos los hombres.
Jesucristo, el Hijo de Dios, une a los que lo aman y creen en él dándoles su Espíritu y a su Madre, alimentándoles con un solo Pan, cuerpo sacrificado en la cruz. Así hace de todos los pueblos un solo cuerpo, hace de los creyentes sus miembros dotándolos de diferentes carismas para el bien común de su cuerpo que es la Iglesia; haciéndolos piedra vivas, dándoles vida nueva para restaurar la unidad, que por medio del Espíritu hace de los hombres hijos de Dios y unidos a una sola voz alaban y bendicen al único Dios. El signo de la Iglesia confiada a Pedro es el permanecer en el amor a Cristo cumpliendo el mandamiento: “Amaos los unos a los otros como Yo los he amado.”
La fidelidad y la fecundidad del cristiano se miden en su unión con Cristo.
El pecado rompe la unidad.
No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él…1Juan 2,15
El mundo es la vida engañosa que nos absorbe y distrae nuestro corazón de los bienes celestiales, en cuanto dejamos de buscar la voluntad de Dios. Si consideramos esencial el éxito, la vida y el amor se vuelven ídolos que esclavizan. La codicia de la carne: es el deseo de poseer todo aquello de que gozan los demás. La codicia de los ojos: es la atracción de cualquier novedad, imágenes, ídolos, son el gran cliente de la publicidad y de los medios audiovisuales… la arrogancia del éxito: salud, fama, éxito y dinero. Todo esto nos aleja del Reino.
Los hombres engañados por el espíritu del mal, han introducido el mal en lo que hacen, por eso el mundo y su cultura se resisten a la Palabra.
La fe es condición de unión con Dios
Ser uno con Dios, significa tener los mismos sentimientos de amor, misericordia, compasión… de empatía hacia el hermano que sufre, pero, no solo hacia el enfermo, o el desvalido, sino también aquel que desconociendo la existencia de Dios, viven sin consuelo, sin ilusiones, decepcionado de la vida, dispersos por caminos falsos… como ovejas sin pastor. Hoy la Palabra de Dios nos cuestiona.
“El mundo creerá cuando seamos uno con Dios”
¿ Vivo en unión Cristo, como para que mis palabras y obras convenzan a los demás de seguir a Jesús, el Hijo de Dios? ¿Qué tan adherido estoy a la Vid? ¿Estoy trabajando por la unidad de la Iglesia?








