Palabra de Dios 19 de Enero del 2026. 2do Lunes de Tiempo Ordinario.
Evangelio del dia.
PRIMERA LECTURA.
Del primer libro de Samuel ( 15, 16-23 )
En aquellos días, Samuel le dijo a Saúl: “Te voy a manifestar
lo que el Señor me dijo hoy en la noche”. Él le contestó: “¿Qué
te dijo?” Samuel prosiguió: “Aunque a tus propios ojos no valías
nada, ¿no llegaste acaso a ser el jefe de Israel? El Señor te ungió
como rey de Israel. Él te ordenó llevar a cabo una expedición
contra los amalecitas, diciéndote: ‘Ve y destruye a esos pecadores.
Hazles la guerra hasta acabar con todos ellos’. ¿Por qué no has
obedecido la voz del Señor y te has quedado con el botín, haciendo
lo que desagradaba al Señor?”.
Saúl le respondió a Samuel: “No. Yo obedecí al Señor. Llevé
a cabo la expedición que él me ordenó. Traje cautivo a Agag, rey
de Amalec, y acabé con los amalecitas. Fue el pueblo el que tomó
del botín lo mejor de las ovejas y los bueyes para sacrificarlos al
Señor, nuestro Dios, en Guilgal”.
Pero Samuel le replicó: “¿Crees tú que al Señor le agradan más
los holocaustos y los sacrificios que la obediencia a sus palabras?
La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que
la grasa de los carneros. La rebelión contra Dios es tan grave
como el pecado de hechicería, y la obstinación, como el crimen
de idolatría. Por haber rechazado la orden del Señor, él te rechaza
a ti como rey”.
Palabra de Dios.
SALMO.
Salmo ( 49 )
R. Quien me da gracias, ése me honra.
No voy a reclamarte sacrificios, dice el Señor, pues siempre
están ante mí tus holocaustos. Pero ya no aceptaré becerros de
tu casa ni cabritos de tus rebaños.
R.
¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú
que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?
R.
Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme? ¿Crees acaso
que yo soy como tú? No, yo te reprenderé y te echaré en cara
tus pecados.
R.
Quien las gracias me da, ése me honra y yo salvaré al que
cumple mi voluntad.
R.
EVANGELIO.
Evangelio según san Marcos ( 2, 18-22 )
En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y
los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y
le preguntaron: “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos
de los fariseos ayunan, y los tuyos no?”
Jesús les contestó: “¿Cómo van a ayunar los invitados a una
boda, mientras el novio está con ellos? Mientras está con ellos
el novio, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el novio
les será quitado y entonces sí ayunarán.
Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo,
porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor
la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino
rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los
odres. A vino nuevo, odres nuevos”.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Estas dos breves comparaciones, de la
tela y del vino nuevo, vienen a esclarecer la respuesta de
Jesús acerca del ayuno, y ambas reafirman la novedad
radical del Evangelio. Jesús es el «Novio» de las bodas de
Dios con su nuevo pueblo y con la nueva humanidad.
Ellas han sido inauguradas en su persona y en su
doctrina, siempre al servicio del Reino. Cuando les
falte este novio, y cuando tengan que sufrir inevitables
persecuciones y dificultades –una clara alusión a su
pasión y muerte redentoras– entonces por supuesto
que sus amigos tendrán que ayunar.