Palabra de Dios 22 de Marzo del 2026. V DOMINGO DE CUARESMA.
Evangelio del dia.
PRIMERA LECTURA.
Del libro del profeta Ezequiel ( 37, 12-14 )
Esto dice el Señor Dios: “Pueblo mío, yo mismo abriré
sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo
a la tierra de Israel.
Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo
mío, ustedes dirán que yo soy el Señor.
Entonces les infundiré a ustedes mi espíritu y vivirán, los
estableceré en su tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo
dije y lo cumplí”.
Palabra de Dios.
SALMO.
Salmo ( 129 )
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha
mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
R.
Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría,
Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso
con amor te veneramos.
R.
Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra;
mi alma aguarda al Señor, mucho más que a la aurora el
centinela.
R.
Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel al
Señor, porque del Señor viene la misericordia y la abundancia
de la redención, y él redimirá a su pueblo de todas sus
iniquidades,
R.
SEGUNDA LECTURA.
Carta de Pablo a los Romanos ( 8, 8-11 )
Hermanos: Los que viven en forma desordenada y egoísta
no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase
de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el
Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes.
Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En
cambio, si Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga
sujeto a la muerte a causa del pecado, su espíritu vive a
causa de la actividad salvadora de Dios.
Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los
muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó
a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus
cuerpos mortales por obra de su Espíritu, que habita en
ustedes.
Palabra de Dios.
El texto entre […] puede omitirse por razones pastorales.
EVANGELIO.
Evangelio según san Juan ( 11, 1-45 )
En aquel tiempo, [se encontraba enfermo Lázaro, en
Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta.
María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le
enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano
Lázaro. Por eso] las dos hermanas le mandaron decir a Jesús:
“Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.
Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en
la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que
el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin
embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo,
se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba.
Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a
Judea”. [Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco
que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver
allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas
el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la
luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche
tropieza, porque le falta la luz”.
Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se
ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le
dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”.
Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba
del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente:
“Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber
estado ahí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces
Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás
discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.]
Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en
el sepulcro. [Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a
unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido
a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de
su hermano.] Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a
su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta
a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto
mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te
concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano
resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en
la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la
resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya
muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no
morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí,
Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios, el que tenía que venir al mundo”.
[Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana
María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”.
Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde
estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino
que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado.
Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola,
viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que
iba al sepulcro para llorar ahí y la siguieron.
Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó
a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría
muerto mi hermano”.] Jesús, [al verla llorar y al ver llorar a
los judíos que la acompañaban,] se conmovió hasta lo más
hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron:
“Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos
comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían:
“¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento,
hacer que Lázaro no muriera?”
Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante
el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces
dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que
había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva
cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees,
verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy
gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú
siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta
muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me
has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal
de ahí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y
los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
“Desátenlo, para que pueda andar”.
Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta
y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.