Palabra de Dios 14 de Sep. del 2026. Lunes XXIV de Tiempo Ordinario.
Evangelio del dia.
PRIMERA LECTURA.
Primera carta de Pablo a los corintios ( 11, 17-26. 33 )
Hermanos: Con respecto a las reuniones de ustedes
ciertamente no puedo alabarlas, porque les hacen más daño
que provecho. En efecto, he sabido que, cuando se reúnen
en asamblea, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo
creo. Es cierto que tiene que haber divisiones, para que
se ponga de manifiesto quiénes tienen verdadera virtud.
De modo que, cuando se reúnen en común, ya no es para
comer la cena del Señor, porque cada uno se adelanta a
comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro
se embriaga. ¿Acaso no tienen su propia casa para comer
y beber? ¿O es que desprecian a la asamblea de Dios y
quieren avergonzar a los que son pobres? ¿Qué quieren
que les diga? ¿Que los alabe? En esto no los alabo.
Porque yo recibí del Señor lo mismo que les he
transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a
ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando
la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo,
que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre.
Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él”.
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y
beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta
que vuelva.
Palabra de Dios.
SALMO.
Salmo ( 39 )
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio,
mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: «Aquí estoy».
R.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es,
Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
R.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he
cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
R.
Que se gocen en ti y que se alegren todos los que te
buscan. Cuantos quieren de ti la salvación, repiten sin
cesar: “¡Qué grande es Dios!»
R.
EVANGELIO.
Evangelio según san Lucas ( 7, 1-10 )
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a
la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial
romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado
muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la
ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos
para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al
acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo:
“Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro
pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se
puso en marcha con ellos.
Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano
envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes,
porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por
eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta
con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano.
Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo
mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’,
y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.
Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y
volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Yo les
aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande».
Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado
perfectamente sano.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: En san Mateo se nos dice que el
centurión romano vino a entrevistarse personalmente
con Jesús para pedir la salud de su criado (Cfr. Mt
8, 5-13). En san Lucas, en cambio, él se vale de unos
intermediarios que, además de recomendarlo como
excepcional benefactor –no obstante ser extranjero–
solicitan a su favor y de buen grado la intervención
del Señor. La intención del relato es la de resaltar
una fe que Jesús dice no haber encontrado en todo
Israel. Para este hombre Jesús debe ser un profeta,
cuya palabra, incluso a distancia, puede ser tan eficaz
como la de Dios mismo.








