De la carta a los Hebreos 10,19-25. Jueves 31 de Enero de 2019.

Hermanos: En virtud de la sangre de Jesucristo, tenemos la seguridad de poder entrar en el santuario, porque él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo. Asimismo, en Cristo tenemos un sacerdote incomparable al frente de la casa de Dios.

De la carta a los Hebreos 10,11-18. Miércoles 30 de Enero de 2019. Misa por los Moribundos.

Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Y prosigue después: Yo les perdonaré sus culpas y olvidaré para siempre sus pecados. Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hacen falta más ofrendas por ellos.

De la carta a los Hebreos 10,1-10. Martes 29 de Enero de 2019. Misa para dar Gracias a Dios.

‘Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad”.
Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios para establecer el nuevo. Y en virtud de esta voluntad, todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez por todas.

De la carta a los Hebreos 9,15.24-28. Lunes 28 de Enero de 2019.

así también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos Al final se manifestará por segunda vez, pero ya no para quitar el pecado, sino para salvación de aquellos que lo aguardan y en él tienen puesta su esperanza.

De la2a carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 1,1-8. Sábado 26 de Enero de 2019.

No puedo olvidar tus lágrimas al despedirnos y anhelo volver a verte para llenarme de alegría, pues recuerdo tu fe sincera, esa fe que tuvieron tu abuela Loida y tu madre Eunice, y que estoy seguro que también tienes tú.
Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación

Del libro de los Hechos de los Apóstoles 22,3-16. Viernes 25 de Enero de 2019. Fiesta de la Conversión del Apóstol San Pablo.

Pero en el camino, cerca ya de Damasco, a eso del mediodía, de repente me envolvió una gran luz venida del cielo; caí por tierra y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’. Yo le respondí: ‘Señor, ¿quién eres tú?’. Él me contestó: ‘Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues’. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Entonces yo le dije: ¿Qué debo hacer, Señor?’. El Señor me respondió: ‘Levántate y vete a Damasco; allá te dirán todo lo que tienes que hacer’.

De la carta a los Hebreos 7,23-8,6. Jueves 24 de Enero de 2019. Misa Nuestra Señora Reina de la Paz.

Hermanos: Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio, Jesucristo tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros. Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos.

De la carta a los Hebreos 7,1-3.15-17. Miércoles 23 de Enero de 2019. Misa Por la Unidad de los Cristianos.

En efecto, como Melquisedec, Jesucristo ha sido constituido sacerdote, en virtud de su propia vida indestructible y no por la ley, que señalaba que los sacerdotes fueran de la tribu de Leví. La palabra misma de Dios lo atestigua, cuando dice: Tú eres sacerdote para siempre, como Melquisedec.

De la carta a los Hebreos 6,10-20. Martes 22 de Enero de 2019. Misa Por la Unidad de los Cristianos.

Así pues, mediante estos dos actos irrevocables, promesa y juramento, en los cuales Dios no puede mentir, tenemos un consuelo poderoso los que buscamos un refugio en la esperanza de lo prometido. Esta esperanza nos mantiene firmes y seguros, porque está anclada en el interior del santuario, ahí donde Jesús entró, precediéndonos, constituido sumo sacerdote, como Melquisedec.

De la carta a los Hebreos 5,1-10. Lunes 21 de Enero de 2019.

De igual manera, Cristo no se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasaje de la Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec.