Palabra de Dios 28 de Julio de 2026. Martes XVII del Tiempo Ordinario.
Evangelio del dia.
PRIMERA LECTURA.
Del libro del profeta Jeremías ( 14, 17-22 )
Que mis ojos lloren sin cesar de día y de noche, porque
la capital de mi pueblo está afligida por un gran desastre,
por una herida gravísima. Si salgo al campo, encuentro
gente muerta por la espada; si entro en la ciudad, hallo
gente que se muere de hambre. Hasta los profetas y los
sacerdotes andan errantes por el país y no saben qué hacer.
¿Acaso has rechazado, Señor, a Judá? ¿O te has cansa
do ya de Sión? ¿Por qué nos has herido tan gravemente,
que ya no tenemos remedio? Esperábamos tranquilidad
y sólo hay perturbación; esperábamos la curación y sólo
encontramos miedo.
Reconocemos, Señor, nuestras maldades y las culpas de
nuestros padres; hemos pecado contra ti. Por ser tú quien
eres, no nos rechaces; no deshonres el trono de tu gloria.
Acuérdate, Señor, de tu alianza con nosotros y no la que
brantes. ¿Acaso los ídolos de los paganos pueden hacer
llover? ¿Acaso los cielos, por sí solos, pueden darnos la
lluvia? Tú solo, Señor y Dios nuestro, haces todas estas
cosas, por eso en ti tenemos puesta nuestra esperanza.
Palabra de Dios.
SALMO.
Salmo ( 78 )
R. Socórrenos, Señor, y te alabaremos.
No recuerdes, Señor, contra nosotros, las culpas de
nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos,
porque estamos totalmente abatidos.
R.
Para que sepan quién eres, socórrenos, Dios y salvador
nuestro. Por el honor de tu nombre, sálvanos y perdona
nuestros pecados.
R.
Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo; con tu bra
zo poderoso salva a los condenados a muerte. Y nosotros,
pueblo tuyo y ovejas de tu rebaño, te daremos gracias
siempre y de generación en generación te alabaremos.
R.
EVANGELIO.
Evangelio según san Mateo ( 13, 36-43 )
En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue
a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y
le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña sembrada
en el campo».
Jesús les contestó: «El sembrador de la buena semilla
es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena
semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los
partidarios del demonio; el enemigo que la siembra es el
demonio; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y
los segadores son los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego,
así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a
sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que
inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen
en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su
Padre. El que tenga oídos, que oiga».
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Al igual que en la del «sembrador»,
la explicación de esta parábola hay que atribuírsela al
mismo evangelista san Mateo, que –a su vez– refleja la
lectura que de la misma hizo la primitiva comunidad.
La explicación se pone en labios de Jesús estando Él
ya en casa y a instancia de sus discípulos. En ella se
pone en contraste el destino tan distinto de la «cizaña»
y del «trigo», es decir, de los pecadores y de los justos.
La paciencia tolerante de Dios es muy grande, pero
al final de los tiempos todos seremos sometidos a su
«juicio», con suerte desigual para buenos y malos.








