Una comentario a “Evangelio San Lucas 8,16-18. Lunes 19 de Septiembre de 2011.”.

  1. Juliáan Vicente García

    Jesús, luz del mundo, viene en encender la lámpara de la Iglesia para que sea luz de la humanidad. Él quiere seguir alumbrando al mundo a través de la lámpara de la Iglesia y de cada bautizado. Por tanto no puede ocultarse ni desaparecer esta luz sin dejar el mundo a oscuras. Allí donde hay un cristiano, debe brillar la luz de Cristo.
    “El daño a la Iglesia, afirma el Papa Benedicto XVI, no lo provocan sus adversarios, sino los cristianos mediocres… En vez de poner la luz sobre el candelero, se puede meter debajo del celemín. Preguntémonos: ¿cuántas veces ocultamos la luz de Dios bajo nuestra inercia, nuestra obstinación, de manera que no puede brillar por medio de nosotros en el mundo? Una vela puede dar luz solamente si la llama la consume. Permitid que Cristo arda en vosotros, aun cuando ello comporte a veces sacrificio y renuncia.
    No temáis perder algo y, por decirlo así, quedaros al final con las manos vacías. Tened la valentía de usar vuestros talentos y dones al servicio del Reino de Dios y de entregaros vosotros mismos, como la cera de la vela, para que el Señor ilumine la oscuridad a través de vosotros. Tened la osadía de ser santos brillantes, en cuyos ojos y corazones resplandezca el amor de Cristo, llevando así la luz al mundo. Confío que seáis llamas de esperanza que no queden ocultas. “Vosotros sois la luz del mundo”. “Donde está Dios, allí hay futuro”.
    “Vosotros sois la luz del mundo” Prosigue San Agustín: Está colocada esta ciudad sobre un monte, esto es, sobre la gran justicia de Dios que representa ese monte, en el cual juzga el Señor. Poner la antorcha debajo del celemín significa preferir las comodidades del cuerpo a la luz de la verdad. Lo hace todo aquel que oscurece y cubre la luz de la buena doctrina con las comodidades temporales.
    Coloca la antorcha sobre el candelabro aquel que sujeta su cuerpo al ministerio de la palabra, para que la predicación de la verdad sea primero y las atenciones del cuerpo vengan después. La doctrina resplandece más cuando el cuerpo está reducido a la esclavitud en los momentos en que, por medio de las buenas obras y demás actos visibles, se da buen ejemplo a los demás.”
    Y no quiero acabar sin recordar la llamada que nos hace el Papa Francisco: “A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis: «En esto reconocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros» (Jn 13,35). Es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre: «Que sean uno en nosotros […] para que el mundo crea» (Jn 17,21) (EG. 99)
    Y Jesús acaba el pasaje con una seria advertencia: “A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»

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