A Ti, encomiendo mi causa.  Oremos para que no nos dejemos vencer por las tribulaciones.  Hora Santa

A Ti, encomiendo mi causa. Oremos para que no nos dejemos vencer por las tribulaciones. Hora Santa

A Ti, encomiendo mi causa.  Oremos para que no nos dejemos vencer por las tribulaciones.  Hora Santa

Parroquia de San Pío X

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 Se reza la Estación del Santísimo Sacramento…

 

¡Oh Dios ¡ El camino de la cruz es el que reservas a los que más amas, a los que mucho quieres, llevas por camino de trabajos y mientras más los amas, mayores son las dificultades. Tu voluntad no es darnos riquezas, ni deleites, ni honras, ni todas estas cosas de acá, toda tu voluntad la cumpliste bien en tu Hijo, en todos aquellos dolores, injurias y persecuciones, hasta que entrego su vida en la Cruz. A quien te amare mucho, verás que puede padecer mucho por ti, al que te amare poco, poco. Amén.

 

Lectura del libro del profeta Jeremías  20, 10-13

En aquel tiempo, dijo Jeremías: “Yo  oía el cuchicheo de la gente que decía: Terror por todas partes. Denunciemos a Jeremías, vamos a denunciarlo. Todo los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera, diciendo: Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de él.

Pero el Señor, guerrero poderosos, está a mi lado, por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo, quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia serpa eterna e inolvidable.

Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo y conoces lo más profundo de los corazones, haz que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

 Canten y alaben al Señor, porque él ha salvado la vida de su pobre  de la mano de los malvados”

Palabra de Dios.

 

Releemos en silencio y compartimos la frase que más nos agrade.

 

Canto.

//¿Cómo pagarle al Señor todo el bien que me ha hecho?

Alzare siempre la copa de la salvación

Invocare su Nombre en su presencia caminare

Porque escucho mi clamor y mi voz suplicante, Gracias Dios por tu amor.

 

Vuelve alma mía al reposo recobra tu calma

Porque el Señor es bueno en cuanto ha hecho por ti.

Te ha librado de la muerte de caída de tus pasos

Cumple con fidelidad tu promesa al Señor, Gracias Dios por tu amor. //

 

¿Cómo pagarle al Señor todo el bien que me ha hecho?

Gracias Dios por tu amor.

 

A ti encomiendo mi causa.

Intimidad Divina P. Gabriel Sta. Ma. Magdalena O.C.D.

 

El lamento de Jeremías perseguido resuena en la Liturgia cuaresmal como expresión del sufrimiento de Cristo, rechazado, calumniado, odiado a muerte. Pero al contrario de Jeremías, Jesús no invoca la venganza ni procura sustraerse a sus enemigos. Verdad es que el Evangelio afirma varias veces que “se les escabullo de las manos” (Jn 10,39), esto se explica únicamente porque aún no ha llegado la hora fijada por el Padre. En espera de esta hora, entre los insultos de los judíos, las amenazas de detenerle, Jesús continúa su obra de evangelización y “muchos acudieron a él”. El sabe que le espera en la Cruz, sabe que las afirmaciones acerca de su divinidad y la resurrección de Lázaro irritaran todavía más a  sus opositores y harán que los acontecimientos se precipiten, pero con serenidad  y libertad soberanas prosigue su obra. Le sostiene la confianza en el Padre: “a ti encomendé mi causa” (Jer 20,12)

A ti encomendé mi causa. Esta es la actitud de confianza en Dios que debe adoptar y sostener el cristiano en la hora del dolor, de la persecución. “No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”. Quien se proponga vivir a fondo el Evangelio,  defender la verdad, hacer el bien, no podrá evitar la contradicción de ese mundo que se opuso a Cristo. Y permitiéndolo Dios, pueden añadirse todavía sufrimientos e incomprensiones por parte de otras fuentes de oposición, tal vez por parte de los buenos, de los amigos, hasta de los familiares o de los hermanos que comparten nuestro mismo ideal. El cristiano no se escandaliza; sabe que la cruz es parte esencial  de la herencia y del seguimiento de Cristo; sabe que como Cristo salvó al hombre con la Cruz, el hombre entra en el camino de la salvación y coopera a la salvación del mundo llevando su propia Cruz.

Releemos en silencio y oramos espontáneamente de acuerdo a lo que leímos.

 

Canto.

Señor yo quiero servirte y quiero vivir tu Evangelio,

Yo quiero serte fiel hasta la muerte y ser testigo alegre de tu amor.

 

Ya no los llamare servidores, si cumplen todos mis mandatos.

Serán para siempre mis amigos y no tendré secretos con ustedes.

 

Ustedes no me han elegido, fui yo quien se fijo en ustedes

Pues quiero que produzcan mucho fruto y ese fruto permanezca para siempre.

Recuerden aquello que les dije, que el siervo no es mayor que su Señor

A mí siempre me han perseguido y a ustedes los perseguirán.

 

 

Oremos a María Santísima

 Madre que bebiste un cáliz tan amargo como tu Hijo, intercede por nosotros para que podamos beber el cáliz que tiene preparado para nosotros, enséñanos a sufrir en paz, quien dice paz no dice alegría, al menos alegría gustada. Sufrir en paz, es querer todo lo que Dios quiere para cada uno de nosotros, como hijos de Dios, queremos parecernos a Jesús.

1er. Misterio. Quien se repliega sobre el propio sufrimiento termina por irritarlo y ahogarse en él, trucando en si mismo todo arranque generoso. Quien, por el contrario, se abandona a Dios se mantiene en equilibrio, es capaz de pensar en los otros más que en sí, esta siempre pronto a entregarse “resistid firmes en la fe – escribe san Pedro a los cristianos perseguidos – sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos.

Oremos por todos los que sufren en el mundo.

 

2do. Misterio. Pensar en las tribulaciones de los demás, mayores tal vez que las propias, ayuda a olvidarse de sí mismos, a superar los sufrimientos personales para dedicarse a aliviar los sufrimientos de los demás, llevando la propia cruz en solidaridad con los hermanos que sufren y sobre todo, en conformidad con Cristo crucificado.

Pidamos la gracia de olvidar nuestros sufrimientos para consolar a los demás.

 

3er. Misterio. Sin embargo, puede hacerse a veces tan profunda la angustia, que también Jesús en Getsemaní se vio oprimido por los padecimientos hasta sudar sangre y gemir. “Me muero de tristeza” (Mt. 26, 38) Aún siendo el Hijo de Dios y Dios mismo, quiso experimentar en si  todo el abatimiento, el terror, la repugnancia de la naturaleza humana ante el sufrimiento.

Oremos por todos los que vivenangustiados,  abatimiento ante el sufrimiento.

 

4to. Misterio. En la tristeza mortal de Cristo, todo hombre halla santificadas sus propias angustias y penas y halla al mismo tiempo las fuerzas para no sucumbir. Refugiándose con Jesús en su plegaria al Padre: “Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tu quieres”, el cristiano resiste los asaltos del dolor, no se ve ni arrollado ni desesperado; el abandono filial y confiado a la voluntad de Dios le hace capaz de afrontar con sencillez y hasta con serenidad, las situaciones más trágicas, porque sabe que los que confían en el Señor no quedarán defraudados ( Dan 3,40)

Oremos para confiar plenamente en e Señor en toda adversidad.

 

5to. Misterio. “Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia que os ha llamado como cristianos  a su eterna gloria os restablecerá, os afianzará, os robustecerá (1Pe 5,10) Las tribulaciones de esta vida son siempre “un breve sufrir” en comparación con la feliz eternidad a la que conduce la cruz.

Pidamos para que la felicidad eterna nos ayude a aceptar con generosidad el sufrimiento.

  

 Oremos en silencio

Por las necesidades de todo el mundo.

Consagremos a todo el género humano al Inmaculado Corazón de María Santísima.

 

 Reparemos el Corazón de Jesús

Los momentos que nos quedan  reparemos el Corazón de Jesús que sufre por todos los sacrilegios cometidos en las diversas Iglesias del mundo entero y por todos los que cometen comuniones y confesiones sacrílegas, oremos para que el Espíritu Santo, de luz y conversión a todos los pecadores.

 

Repetimos varias veces esta jaculatoria, para reparar su Corazón.

Jesús que eres azotado en nuestras Iglesias. Te Adoro en todas las partículas esparcidas. Tómame como tu sagrario, tu trono, tu altar; sé que no soy digno, pero tú quieres estar entre los que te amamos y yo te quiero amar también por los que no te aman, hazme digno de recibirte a Ti, que quieres ser semejante a nosotros en esta hora de guerra. Que mi amor sea lámpara que arda ante Ti

 

 

Oremos Unidos

¡Oh Dios hombre sometido a pasión! Te suplico con toda mi alma

Has que nunca aparte mis ojos de ti. Si me mantengo apoyada en ti,

Tú me inflamaras toda entera

Procurare, con todas mis posibilidades, dirigir y fijar en ti mi mirada.

Quiero volver mutuamente a ti y recorrer contigo

El camino de la Pasión y de la Cruz

¡O Dios hombre afligido! Sé tú mi apoyo

Quien pudiese contemplarte  tan pobre y colmado de inefable

Y continúo dolor, despreciado y anonadado

Y esta visión fuese fruto de la gracia, ciertamente te seguiría por el camino

De la pobreza, del continuo sufrir, del envilecimiento y del desprecio.

Cuando nos alcanza el sufrimiento, es señal de que somos tus elegidos,

Amado Señor, de que nos das la prenda de tu amor.

Fijemos pues nuestra mirada en tu dolor y cualquier tormento nuestro hallará

Su alivio. ¡Tú, Hijo de Dios, recibiste mal por bien!

 

Bta. Ángela de Folingo.

 

¡¡¡Unidos en la Eucaristía!!!

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