Conseguir la gracia de la fe

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Conseguir la gracia de la fe

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Una vez, al final de un largo día en el camino, Jesús estaba sentado alrededor de una fogata, con sus apóstoles. Les pregunto: “¿Quién dicen dicen que soy?” Pedro, quien casi siempre hablaba primero, respondió: “Jesús, tú eres el Mesías y el Hijo de Dios”.

 

El Señor le sonrió a Pedro y le aseguró: “Has sido muy bendecido, Pedro. La inteligencia humana sola no podía haber sabido esto. Mi Padre hizo que comprendieras esto”.

 

¿Recuerdas un momento en tu vida, cuando te diste cuenta de algo muy maravillosos? Supiste que una persona especial te amaba en verdad. El momento de fe es como esto. Es el don de comprensión de Dios de que su Palabra es realmente verdadera y que si amor es muy real.

 

El don se experimenta a menudo como el “toque” de Dios. “¡Me tocó y de pronto nada pareció lo mismo!” la inteligencia humana no puede llegar a este momento o producir esta experiencia sin una ayuda muy especial de Dios. La fe es, desde el principio hasta el fin, el don de Dios.

 

Sin embargo, hay cosas que podemos hacer para estar más abiertos a esta gracia. El arzobispo Anthony Bloom, quien antes fue médico y ateo firme, dio este consejo a una mujer que buscaba la experiencia de Dios: “Cuando te vayas de aquí, sal y experimenta este día hermoso lo más que puedas. Trata de estar consciente de todo lo que sucede en tu interior. Siente la luz del sol en tu espalda y las alegrías internas. Siente la brisa que sopla ligeramente contra tu rostro y escucha tus propios pensamientos apacibles. Huele la fragancia de las flores y escucha a los pájaros que cantan para ti. Principalmente, abre tu corazón con amor a aquellos que están cerca de ti”.

 

Después de un tiempo, la buena mujer regresó con el arzobispo y le dijo agradecida que en verdad había sentido la presencia de Dios en el mundo, a su alrededor, así como la caricia de Dios en el fondo de su corazón.

 

La mayoría de los teólogos apoyarían el consejo del arzobispo. Ellos proponen que hay dos caminos principales que conducen a la experiencia de Dios y al momento de fe (prepárate para dos palabrotas): auto apropiación y auto trascendencia. Auto apropiación significa conocimiento de sí mismo. Un conocimiento profundo de los propios sentidos y de las reacciones del cuerpo, de las ansiedades de los instintos y deseos más profundos.

 

La mayoría de nosotros pensamos que nos conocemos a nosotros mismos, más sólo es la punta del iceberg. Dag Hammarskjold sugirió una vez que el viaje más largo es el viaje interior y que la exploración más difícil es la de los propios espacios internos.

 

Por lo general, fingimos tanto en nuestros tratos con otras personas, que empezamos a crecer en nuestras propias simulaciones. Usamos tantas máscaras y actuamos tantos papeles, que perdemos parte de nuestra habilidad para diferenciar la verdad de la ficción. Nos preguntamos quiénes somos en realidad.

 

La auto trascendencia se mueve en dirección opuesta. Significa llegar más allá de uno mismo, amar a otra persona tanto o más de lo que nos amamos, desear la felicidad de otro ser tanto como deseamos la propia.

 

Nadie puede hacer estos dos viajes, el interior y el exterior, sin ofrecer a Dios un puerto de entrada en su vida. Cualquiera que inicia estos viajes se dirige ciertamente a un encuentro con nuestro amado Dios y experimentará, por supuesto, el contacto con Dios.

 

Hace varios años, un estudiante mío, Tommy, el residente ateo en mi curso de teología de la Fe, moría. Al final del curso me había preguntado: “¿Cree que alguna vez encontraré a Dios?” Yo respondí: “No, Tommy, pero Él te encontrará a ti”.

 

Sus últimas palabras dirigidas a mi fueron: “No encontramos a Dios, Él nos encuentra en su momento y a su manera. Sólo cuando me abrí con amor a aquellos que me rodean, Dios entró por la puerta de mi corazón que yo dejé abierta”.

 

De alguna manera, pienso que sucede así con todos nosotros. Gracias. Tommy.

 

A través de los ojos de la fe
John Powell S.J.

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