El ciego Bartimeo que hay en todos los hombres. Mc 10, 46-50

El ciego Bartimeo que hay en todos los hombres. Mc 10, 46-50

El ciego Bartimeo que hay en todos los hombres. Mc 10, 46-50

*Comentario al evangelio.

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En su asamblea eucarística, la iglesia celebra en la parte de la liturgia de la palabra, precioso pasaje, conmovedor, doctrinal, mesiánico, lleno de gran cantidad de temas que se han elaborado a partir de este texto. Los santos padres, estudiosos y gran cantidad de predicadores han utilizado al ciego Bartimeo como su título para predicación o título de libro o artículo. Para comentar acerca de este texto lo citamos en su integridad y posteriormente se harán los comentarios más convenientes:

Mc 10:46 Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.
Mc 10:47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”
Mc 10:48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”
Mc 10:49 Jesús se detuvo y dijo: “Llamadle.” Llaman al ciego, diciéndole: “¡Ánimo, levántate! Te llama.”
Mc 10:50 Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús.
Mc 10:51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: “¿Qué quieres que te haga?” El ciego le dijo: “Rabbuní, ¡que vea!”
Mc 10:52 Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado.” Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.

Jesús se encuentra en Jericó, al terminar el motivo de su presencia en aquella región, al salir le sucede o hace que suceda lo inesperado, un hombre a todo pulmón revela su mesianidad: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”. Los sinópticos tratan este pasaje de diferente manera. San Marcos es el único que le da nombre a este ciego: Bartimeo, hijo de Timeo.

Título mesiánico.

San Marcos nos narra este hermoso pasaje lleno de colorido doctrinal. Bartimeo es un ciego que pide limosna en las afueras o entrada de la ciudad según sea el caso. Su condición según el código del pecado para un judío es que su mal es por ser pecador: “Dios lo maldijo con ese mal”. Condenado a vivir de la piedad, un marginado de la sociedad.

La fama de Jesús como mesías a esa altura de su vida ministerial es bien conocida, pero muchos no lo podían gritar a voz abierta por temor a ser expulsados de las sinagogas Cfr. Jn 9, 22. Los judíos en su radicalidad (judíos dirigentes no todo el pueblo), había sentenciado a los que vivían de la caridad de la sinagoga o los que obtenían algún beneficio, el quitarles tal motivante sí reconocían a Jesús como mesías. Bartimeo se encuentra como de costumbre, quizá en el mismo lugar pidiendo limosna, muy probablemente él ya sabía que Jesús estaba dentro de la ciudad, pues seguramente causó gran alboroto su llegada que para Bartimeo con agudeza auditiva no se le escaparía o para un necesitado que busca una solución y los versos 46-47 dicen que al salir ya de la ciudad el ciego Bartimeo al oír el gentío no pudiendo ubicarlo exactamente se puso a gritar con voz fortísima: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”, parece que era su última oportunidad, muy parecido a la del joven rico que llega corriendo ya cuando Jesús parte.

Bartimeo no puede correr a él, su voz serán sus pies y el modo de ir a Jesús, pero a la vez este Bartimeo es la voz de muchos temerosos, marginados que no tienen voz, él autor, con la voz de Bartimeo muestra a sus discípulos o miembros de una comunidad el reconocimiento de Jesús como mesías. Este Bartimeo no tiene nada que perder y sin miedo al no ubicar la posición grita a los cuatro puntos cardinales. Quizá algún escéptico dirá: grito hijo de David porque seguramente lo venían gritando algunos a Jesús como mesías. Se sabe que el mesías vendrá de la estirpe de David, el título Davídico es indispensable, lo sabe todo judío, sin embargo, Marcos vuelve a utilizar en dos ocasiones más el título de David Cfr 11, 10.; 12, 35-37, quedando de manifiesto el importarle el título mesiánico de Jesús para sus lectores o escuchas. Este ciego da una catedra a todos nosotros como el ciego de San Juan 9, ss, no tiene miedo de desafiar al mundo y hoy, ¿cuántos saben que Jesús es el Señor y no lo reconocen?, ¿cuántos son bautizados en él y no lo siguen?, para Bartimeo es su única opción, alternativa, oportunidad, pero para una sociedad tan compleja de este siglo XXI es sólo una opción más entre un abanico de posibilidades e incluso entre los cristianos, para Bartimeo tal vez sea el momento de los cumplimientos de las promesas de Dios que a través del profeta Isaías se ha profetizado a los pobres, como este pobre ciego Cfr. Is 61, 1.

Lo que nos llama la atención es ¿por qué muchos lo querían callar?, ¿acaso pensaban en él y que la sinagoga no lo apoyará más?, ¿o simplemente es un artificio de San Marcos para hacer la siguiente expresión?: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”, por las entrañas de Jesús entró el clamor del ciego y cita Pseudo-Jerónimo Considerando, pues, la espontaneidad de este ruego, le recompensa llenando su deseo.

Llamarle es la respuesta de Jesús: Mc 10:49 Jesús se detuvo y dijo: “Llamadle.” Llaman al ciego, diciéndole: “¡Ánimo, levántate! Te llama.”

Vocación-llamado para ir a Jesús; se juzga a una persona porque de repente se hace religiosa después de una vida paupérrima, pero la llamada de Jesús también es irresistible, sea llamado por un servidor o mensajero también es gracia de Jesús, el detalle es: ¿Quién escucha?, llamarle es un privilegio, pero también la realidad es que muchos son llamados pero dicen: “pocos los elegidos”, ¿usted cree eso?, porque entonces se dirá que por esa razón muchos se hacen del oído sordo. Bartimeo tuvo el privilegio de ser escuchado y ser llamado, la respuesta de él es la respuesta de fe, aunque incompleta Jesús nos podría decir: “créanme aunque sea por los milagros que hago” cfr. Jn 6,30.

El gran Sabio orígenes comenta sobre este verso:

Orígenes, in Matthaeum, tomo 16 tract. 13

Como si dijese: Los que ya creían pretendían hacerle callar y le increpaban porque llamaba hijo de David al Salvador, denominación en verdad muy indigna de El, en vez de hijo de Dios. Pero él no desistió. “Sin embargo, él alzaba mucho más el grito”, etc. Oyó el Señor sus gritos y, “parándose entonces Jesús -dice el texto- lo mandó llamar”. Ved, pues, cómo el ciego que menciona San Lucas es inferior a éste, porque no lo llamó Jesús, como dice San Mateo, ni lo mandó llamar, como se refiere aquí, sino que mandó se lo trajeran, puesto que no podía venir él por sí mismo.
Este ciego, por el contrario, fue llamado por mandato del Señor, según estas palabras: “Y le llamaron, diciéndole: Ea, buen ánimo, levántate que te llama”. Y continúa: “El cual, arrojando su manto, se puso de pie al instante, y vino a El”. Acaso el manto de este ciego mendicante es la pobreza y la ceguera en que se halla envuelto, y arrojándolo, llega al Señor, quien le pregunta: “¿Qué quieres que te haga?”

Hay tantas explicaciones que le dan al manto que la nuestra sale sobrando y nos vamos a enfocar sobre la medula del texto: Mc 10:51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: “¿Qué quieres que te haga?”. Jesús nos interpela a cada uno de nosotros: ¿qué quieres que haga por ti? (pon tú nombre), tú trabajo, tú salud, tú familia, tú esposa o esposo, tus hijos, tus deudas, tú vida sexual, tú dinero, las amenazas, tus bienes. Para Barimeo es salir de las tinieblas que lo consumen, es lo más importante salir de su estado de lástima, de mendigues teniendo un Dios tan poderoso, amoroso, y misericordioso: El ciego le dijo: “Rabbuní, ¡que vea!”. Para los ciegos la oscuridad es su compañera, su mente trata de traer imágenes que no conoce, su imaginación se hace un poco más asertiva cuando toca, huele, escucha, come, sin embargo no tiene la idea al 100% de lo que está ante él, cuando se va perdiendo la vista, la nitidez, el contraste, el brillo de las cosas se va esfumando, para algunos solo siluetas verán pero sabe lo que era, para el ciego de nacimiento no, por mucho que compensen sus sentidos no será completo, Maestro le dice Bartimeo a Jesús, casi le dice, enséñame a “ver”, pero hay otro tipo de ceguera: “la ignorancia”, ver lo que es verdad y no saber que es verdad, ver solo la mentira que él quiere ver o ver lo que no sabe sin saber que es lo que está ente él, la ceguera de no saber, de no conocer es una ceguera que mata al ser humano porque limita sus grandes dones y el entendimiento, Bartimeo sabe que Jesús es un maestro porque enseña a ver la vida desde la óptica de Dios. Bartimeo quiere conocer la realidad, con ello conoce la luz de la fe que ha nacido en él por eso Jesús como aguijón para que nunca olvide le dice estás palabras: Mc 10:52 Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado.” Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.

Conclusiones

La salvación será de en adelante el estandarte de este ex ciego, quizá vea el pecado, lo conozca con la vista, muy probablemente se vea tentado por los placeres del mundo, tal vez nunca vio la mueca de desprecio de muchos al verle, verá los rostros, las burlas, pero también conocerá las cosas y gente que solo imagino y oyó. Muchas veces discutimos con nuestros hijos porque no quieren ir por lo menos a la asamblea eucarística a celebrar con Jesús (¡qué aburrido!), porque no les llama la atención de lo que es religioso, no tienen ya por Dios, quieren solo la fiesta, la farándula, el lujo, la buena vida en pocas palabras, en sí, su dolor del padre o madre es ver en sus hijos la tremenda “ceguera que tienen”, incapaces de caminar hacía la salvación, Bartimeo se ha salvado por “fe”, pero a nuestros hijos: ¿qué los salvará?, ciegos caminan siguiendo solo voces que los desorientan más: droga, sexo, alcohol, dinero, placer, poder, tener; cantidad de mantos los cobijan, incapacitados para poder desprenderse de este mundo para ir a Jesús.

Este Bartimeo dando hasta un salto se dejó llevar por alguno que lo presentó a Jesús, ¿quién lleva a nuestros hijos hoy a la salvación?, se dice que el hombre es el artífice de todo, todo lo puede, todo es mental dirán algunos, pero… ¿cuándo gritarán clamando a Jesús: sálvame?, Bartimeo libró las tinieblas, pero los hijos ¿cómo saldrán de ellas?, ¿con alternativas?; bastará ver que en cada uno de nosotros hay un Bartimeo, un pordiosero del amor, un pordiosero de la fe, un necesitado de salvación, un invadido por las tinieblas, un atacado por la soledad, un desorientado por tantas voces que oye pero no sabe de dónde vienen.

Hay un Bartimeo dentro de nosotros, pero también las cualidades mismas de Bartimeo, ya llegó tú última oportunidad, ¿quieres gritar: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”?; un pregunta siempre estará latente aunque nosotros no seamos los mejores cristianos: “¿Qué quieres que te haga?”, el Bartimeo qe hay en cada uno también tiene este privilegio y Jesús hará hasta donde tú fe te alcance y más.

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