Sin reservas
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Sin reservas…

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El amor de Dios, que “se perdió a sí mismo” por nosotros entregándose a nosotros, nos da la libertad interior para “perder” nuestra vida y encontrar de este modo la vida verdadera. La participación en este mundo dio a María la fuerza para su “sí” sin reservas. Ante el amor respetuoso y delicado de Dios, que para realizar su proyecto de salvación espera la colaboración libre de su criatura, la Virgen superó toda vacilación y, con vistas a ese proyecto grande e inaudito, se puso confiadamente en sus manos. Su alma y libre  de sí misma, permitió a Dios colmarla con su Amor, con el Espíritu Santo. Así María, la mujer sencilla, pudo recibir en sí misma al Hijo de Dios y dar al mundo el Salvador que se había donado a ella.

 

Benedicto XVI

Ángelus, 9-9-2007

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