Disyuntiva del ministerio al predicar el kerigma.

Disyuntiva del ministerio al predicar el kerigma.

Disyuntiva del ministerio al predicar el kerigma.


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La tarea de un ministerio de evangelización es difícil, ardua y requiere una gran disposición de tiempo para evangelizar a hermanos y a quienes no se ha bautizado. El mensaje del kerigma requiere una gran preparación y asimilación del contenido.

En muchos ministerios existe una gran disyuntiva que da un giro completo a la predicación, sí se supone que el predicar el kerigma requiere que se esté lo más enchufado posible al Espíritu santo y que es fundamental el que lo este, ¿qué será el modo de anunciar el kerigma?, es un asunto vital; la disyuntiva es: permitir o no permitir que el predicador lo haga con el “librito” en la mano, el librito es el contenido de cada tema del kerigma. Muchos predicadores, predican el kerigma leyendo el contenido en público, dicen algo y luego hablan de ello. Unos más leen una parte, hacen unos segundos de silencio por estar leyendo y luego sigue hablando posteriormente. Muchos hasta mal entienden lo que leen cometiendo otro gran error.

El kerigma es una proclamación de la palabra de Dios muy seria, no es para jugar. Una idea loca que surge para este criterio en los ministerios es que todos en el ministerio deben de predicar, por lo tanto echando a perder se enseña. Muchos predicadores al predicar leen desde el ambón gran parte del contenido del kerigma, se nota menos, sin embargo… inmediatamente se siente que se está leyendo y no predicando, sí al leer se nota que lo hace, pues con mayor razón el que traiga el libro en la mano porque “se ve”, el que “lea” unos párrafos del librito no implicaría señalamientos si lo hace debidamente, a que nos referimos: “en el librito” vienen algunos numerales de Evangelii Nuntiandi, algunos numerales de alguna conferencia episcopal, algunos numerales del Concilio Vaticano II.

Lo más triste es que esto ocurre en ministerios donde hay excelentes predicadores, los cuales enseñaron perfectamente el método, y que estos predicadores lo toleren.

Algunos ministerios arguyen que es por la falta de predicadores de experiencia y que se están enseñando, por ello lo permiten, no es posible aceptar este criterio dado lo que se está en juego, que es la salvación y que se tenga un encuentro con Cristo Jesús.

No es lo mismo leer que predicar, los sentidos predicando están volcados al anuncio, mientras que en la mente del que lee, su atención lo pone en el librito para no perder la secuencia. Muchos ministerios han creado un mal hábito: enseñan a los predicadores que deben de aprender el tema tal como viene estructurado, “¡No es dogma de ¡”, hacerlo así, no digo que se predique como se quiera, lo importante es asimilar el tema y lo predique a los hermanos, argumentan que por el algo fulanito o sutanito lo puso así, ¡sí!, pero muchos párrafos son repetitivos, solo le dan vuelta a una idea central.

No debe haber disyuntiva, predicar es un gran don de Dios, no todos somos para predicar, no todos somos para enseñar, no todos somos para algunos apostolados, pero hay una realidad: todos somos evangelizadores, se evangeliza desde la cocina, desde el servicio de baños, desde atender a los del retiro, poner gafetes, desde servir agua, desde interceder etc.

Sí todavía ese hombre y esa mujer no está preparada para predicar y quiere predicar de esa manera: “utilizando el librito, leyéndolo o haciendo silencios mientras lee, ¡no lo deje!, damos razones para no hacerlo:

1.- Es predicador, no es catequista. El predicador proclama la palabra de Dios anunciando e invitando. El catequista explica, puede leer y luego desmenuzar dicha lectura.

2.- El respeto a la predicación debe impedir tales acciones. Recuerde que es un “don” de Dios.

3.- El predicador no enseña, no se presenta como maestro, proclama la palabra de Dios, es un heraldo de Dios.

4.- El predicador debe de reunir requisitos básicos para anunciar la palabra de Dios, básicos como capacidad para trasmitir ideas, capacidad para poder hilar esas ideas, capacidad para aceptar las mociones del espíritu santo etc

5.- El predicador es un testigo fiel de ese mensaje por ello lo hace suyo y lo asimila para trasmitir tales experiencias que lo ha transformado.

6.- Se supone que ya preparó su tema con el “librito”, anotó sus puntos, estructuró en su mente el mensaje e incluso ya lo practicó, ¿todavía usa el librito en la mano por sí las dudas?, cargue mejor la palabra de Dios (biblia)

Se pueden dar más razones pero estas salen sobrando entendiendo la importancia de la predicación. No condenamos radicalmente el leer el tema en público, sin embargo hay técnicas para predicar auxiliándose del librito, algunos lo ponen en el ambón y al estar en el ambón predicando la santa escritura (un pasaje de la biblia), hace un silencio y dice “palabra de Dios” a la vez echa una pequeña mirada al librito y no se notó. Puede decir: “la Iglesia manda esto o dice esto”, toma el librito y lo lee, ¿se notó?, ahora nos dará la razón sí lo que lee es parte de un contenido central del tema, por ejemplo, ¿qué es la conversión?, sí le lo que dice el librito, lo que nos demuestra es que no ha entendido que es la conversión, ¿qué significa?, que no ha entendido el tema.

Esperamos con estos breves párrafos ayudar a eliminar dicha disyuntiva, la cual no debe de existir, prepare mejor a sus predicadores para la salvación de nuestros hermanos.

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