San Pío X, Vida
“sencillez Evangélica”
Es el único –si no nos engañamos – en la historia de los Papas que ha recorrido todos los grados de la jerarquía. Pío X, fue siempre, en sus costumbres, el hijo de aquel pobre alguacil de Riese y de Margarita Sansón, el don Giuseppe de Tómbolo y de Salzano, el mismo que había sido en su ministerio de obispo y de patriarca.
Sobre el trono papal, mudo solamente el hábito externo: el tenor de vida, sencillo y modesto, permaneció inalterable.
En medio de los esplendores de la Basílica Vaticana y en la magnificencia de las grandes audiencias de su Corte, llevaba siempre la dignidad del soberano y la majestad del Vicario de Cristo. Pero, tan pronto como se desposeía de la tiara o de sus ornamentos pontificiales, volvía con naturalidad a su sencillez innata, ya que nunca supo habituarse a las grandezas y a las pompas oficiales de la Corte papal: las sufría, pero exigía que todo se realizara con la solemnidad tradicional del ceremonial del rito.
Bastaba mirarlo para comprender que la tiara le pesaba en la frente y el manto de oro en los hombros.
Así pues, en su vida privada nada de suntuoso, nada de ceremonias, nada de honores áulicos; tan solo aquella misma sencillez que quiso siempre en su palacio episcopal de Mantua y en su sede patriarcal de Venecia.








