Palabra de Dios 6 de Feb. del 2026. SAN PABLO MIKI Y COMPAÑEROS MÁRTIRES.
Evangelio del dia.
PRIMERA LECTURA.
Del libro del Eclesiástico (Sirácide) ( 47, 2-13 )
Como se aparta la grasa para los sacrificios, así fue escogido
David entre los hijos de Israel. Él jugaba con leones, como si
fueran cabritos y con osos, como si fueran corderos. Joven aún,
mató al gigante y lavó la deshonra de su pueblo: hizo girar su
honda y de una pedrada derribó la soberbia de Goliat. Porque
invocó al Dios altísimo, él le dio fuerza a su brazo para aniquilar
a aquel poderoso guerrero y restaurar el honor de su pueblo. Por
eso celebraban con canciones su victoria sobre diez mil enemigos,
y lo bendecían en nombre del Señor.
Ya cuando era rey, peleó con todos sus enemigos y los derrotó.
Aniquiló a los filisteos y quebrantó su poder para siempre.
Por todos sus éxitos daba gracias al Dios altísimo y lo glorificaba.
Amaba con toda el alma a su creador y le entonaba canciones de
alabanza. Instituyó salmistas para el servicio del altar, que con
sus voces hicieron armoniosos los cantos. Celebró con esplendor
las fiestas y organizó el ciclo de las solemnidades. El santuario
resonaba desde el alba con alabanzas al nombre del Señor.
El Señor le perdonó sus pecados y consolidó su poder para
siempre. Le prometió una dinastía perpetua y le dio un trono glorioso
en Israel. Por sus méritos le sucedió un hijo sabio, que vivió en paz:
Salomón fue rey en tiempos tranquilos, porque Dios pacificó
sus fronteras; le construyó un templo al Señor y le dedicó un
santuario eterno.
Palabra de Dios.
SALMO.
Salmo ( 17 )
R. Bendito sea Dios, mi salvador.
Perfecto es el camino del Señor y firmes sus promesas. Quien
al Señor se acoge en él halla defensa.
R.
Bendito seas, Señor, que me proteges; que tú, mi salvador
seas bendecido. Te alabaré, Señor, ante los pueblos y elevaré mi
voz, agradecido.
R.
Tú concediste al rey grandes victorias y con David, tu ungido,
y con su estirpe siempre has mostrado, Señor, misericordia.
R.
EVANGELIO.
Evangelio según san Marcos ( 6, 14-29 )
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido
tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el
Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros
decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a
los antiguos. Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté
la cabeza, y que ha resucitado”.
Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y
encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías,
esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido
tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo
mandó encarcelar.
Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle
la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto
a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía
custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero
le gustaba escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte,
a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de
su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y
su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey
le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo
daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque
sea la mitad de mi reino”.
Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le
contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente
junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una
charola, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los
convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó
a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo
decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó
a la joven y ella se la entregó a su madre.
Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger
el cadáver y lo sepultaron.
Palabra del Señor.
SAN PABLO MIKI Y COMPAÑEROS MÁRTIRES.
El 5 de febrero de 1597, en Nagasaki (Japón) fueron crucificados
veintiséis cristianos (misioneros jesuitas y franciscanos, religiosos
japoneses, como Pablo Miki, y diecisiete laicos: catequistas,
intérpretes, médicos y niños). Sonriendo y cantando sufrieron el
martirio. (Entre ellos estaba san Felipe de Jesús).