El judaísmo, definición y contexto general.

El judaísmo, definición y contexto general.

JUDAÍSMO

1. Término.- Con la palabra «judaísmo» se suele indicar, en diversas lenguas europeas, el conjunto de tradiciones religiosas y culturales que distinguen a los judíos del resto de la humanidad.

El término se deriva del nombre «Judá» (hebreo, Yehudah), el cuarto hijo del patriarca Jacob y de Lía, que se convirtió también en el nombre de «la tierra de Judá» y de la tribu que allí se estableció, El nombre Yehudí indicaba inicialmente a un habitante de aquella región, especialmente en la época en que el pueblo hebreo se dividió en dos regiones: la de Judá y la de Israel (930-721). Después de la destrucción del reino de Israel, el nombre Yehudí pasó a ser común a todo el pueblo, especialmente después del retorno del destierro de Babilonia en el 538 a.C. En algunas lenguas europeas modernas se prefiere no usar este nombre, debido al recuerdo de Judas Iscariote. Por ejemplo, en Italia se prefiere usar el término «hebraísmo», mientras que la comunidad de los judíos se autodefine como «comunidad israelita»‘.

2. El judaísmo en la historia de las religiones.- La fe judía se refiere de buen grado a la llamada divina percibida por Abrahán, a la fe con que él acogió esta llamada y a las promesas de descendencia y de tierra dadas al patriarca. En medio de las diversas religiones politeístas del Asia occidental, los que se tenían por descendientes suyos supieron conservar una fe monoteísta (quizás, inicialmente, con ciertas características henoteístas). Esta fe se convirtió en el signo distintivo del pueblo liberado de la esclavitud de Egipto, que precisamente en esa liberación fue constituido como pueblo. La revelación de la Ley dada a Moisés definió ulteriormente la estructura socio-religiosa de este pueblo, basado en la fe/obediencia como respuesta a la iniciativa divina de establecer una alianza con el pueblo.
Aunque muchos de los elementos de la estructura socio-religiosa del judaísmo, como prescripciones cultuales, creencias sobre el origen y el fin del mundo, normas éticas, etc., se encuentran en otras religiones del Asia occidental antigua, el judaísmo ha sido la única que ha continuado su observancia hasta la era presente, y esto con una combinación típica de tres principios fundamentales. El primer principio es la fe en el Dios único. Un Dios trascendente, pero al mismo tiempo irrevocablemente comprometido con la historia de su pueblo mediante sus alianzas. La declaración de fe más importante: «Escucha, Israel…» (Dt 6,4ss) afirma la unidad y la unicidad de Dios. Por eso, el pecado más grave consiste en la idolatría. En segundo lugar, es esencial para el judaísmo ser pueblo. Este pueblo no encuentra su identidad únicamente en una pertenencia étnica, ni expresa su existencia necesariamente en estructuras jurídicas y políticas, sino que consiste ante todo en la conciencia participada de una historia común. Es una historia particular, pero con un significado universal para todos los pueblos de la tierra. El tercer principio fundamental del judaísmo es la Torá (literalmente, «doctrina»), refiríéndose a la revelación recibida de Moisés y en particular al Pentateuco (la palabra «Ley» indica solamente un aspecto parcial de esta doctrina). Aunque en las generaciones sucesivas y por parte de algunos judíos particulares se han interpretado de manera distinta estos tres elementos, desde el punto de vista histórico parece dificil que pueda hablarse de «judaísmo» sin estas características principales.
Para la historia de las religiones, el judaísmo ha tenido también el papel importante de ser el ambiente en donde nació el cristianismo y quizás de forma menos determinante, el islam,

3. El judaísmo contemporáneo.- Para comprender de algún modo el fenómeno complejo del judaísmo contemporáneo hay tres hechos históricos importantes: e1 primero es el hecho de la diáspora, que comenzó va con las deportaciones a Mesopotamia en el 722 a.C. y continuó con el «destierro de Babilonia»‘ (a partir del 586 a.C.). El segundo hecho va íntimamente unido al anterior: la transposición del centro de culto del templo a la sinagoga, y del papel de los rabinos como dirigentes religiosos en lugar de los sacerdotes. En adelante, será en torno al estudio de la Torá donde se expresará la identidad judía, y no en el culto en el templo. El tercer hecho consiste en la concatenación de los movimientos sionistas, la Shoah («(destrucción», palabra hebrea para recordar el holocausto) y la fundación del Estado de Israel ( 1948).
La diáspora por diversas partes del mundo ha producido dos corrientes en el judaísmo: el judaísmo sefardita (de tradición española y difundido en el mundo árabe) y el judaísmo ashkenazi (que se desarrolló en la Europa central y en la oriental). En el judaísmo ashkenazi se desarrolló también el hasidismo, que comprende varios movimientos de piedad popular de diversos tipos, vinculados a las dinastías de los rabinos. Los grupos citados constituyen el judaísmo ortodoxo, que se distingue del judaísmo reformado por la fidelidad a la observancia de la ley (halakha), especialmente como codificada en el Sulhan Arukh de Joseph Caro (1488-1575). El judaísmo reformado comenzó en el siglo XIX con movimientos en varios países, especialmente en Alemania y luego en Estados Unidos.
Es importante para el «Refonn Movement»‘ en Estados Unidos el llamado «Pittsburgh Platform» de 1855, y modificado en 1937 El judaísmo histórico, nacido también en el siglo XIX del europeo, constituye una corriente más tradicional y ha tomado el nombre de Conservative Judaism en los Estados Unidos, donde cuenta con casi el 40°Z0 de los judíos que se declaran afiliados a una sinagoga. De esta última corriente se ha desarrollado una pequeña rama en los Estados Unidos, el Reconstructionism.
La fundación del Estado de Israel constituye un nuevo hecho para la identidad judía. Para casi todos los judíos del mundo, el Estado de Israel es el centro espiritual del mundo judío.
Entre los judíos de Israel, casi la mitad se consideran como » seculares». su identidad judía coincide por tanto con la ciudadanía israelita. Entre los «religiosos», la mayor parte está formada por los ortodoxos, que ven en el establecimiento del Estado un acontecimiento religioso que requiere una síntesis de nación, sinagoga y vida según la Torá. Pero para un grupo importante, los Haredim, el nuevo Estado no constituye un hecho religioso; esto sólo podrá tener lugar después de la llegada del Mesías. Para el grupo mesiánico de los Gush Emonim, el Estado de Israel es ya el comienzo de un proceso salvífico que culminará en la llegada del Mesías.
A. Roest Crollius

Bibl.: J. Maier – P Schafer, Diccionario de judaísmo, Verbo divino, Estella 1996; L. Moraldi, Judaísmo, en NDTM, 938-969. C. Tassin, El judaísmo. Verbo Divino, Estella 1989, W Keller, Historia del pueblo judío, Desde la destrucción del templo hasta el nuevo estado de lsrael, Omega, Barcelona 1969; H. KUng, El judaísmo. Pasado, presente, futuro, Trotta, Madrid 1993; H. Mechoulan, Los judíos de España, Trotta, Madrid 1993, J Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, siglos XVI-XX. 3 vols., . Madrid 1978, Istmo,

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