La pobreza en el nuevo testamento, definiciones y generalidades.

La pobreza en el nuevo testamento, definiciones y generalidades.

POBREZA

1. La pobreza en el Nuevo Testa,.).lento – La pobreza de Jesús no es carencia . bienes, va que vive en la casa de su de padre Jose .- (Mt 2.23): ejerce un oficio remunerado (Mc 6,3); su grupo está sostenido por la ayuda de los amigos, sobre todo de las mujeres acomodadas de la burguesía (Lc 8,1-3); posee una ropa más que decorosa (Jn 19,23). Su pobreza equivale a libertad (Mt 8,20), a mansedumbre, a humildad de corazón (Jn 11,29), a disponibilidad a la voluntad del Padre (Jn 4,34) hasta la muerte en la cruz (Flp 2,8), a aceptación consciente del sufrimiento.
Cristo de rico se hizo pobre para enriquecer a los demás (2 Cor 8,9). La pobreza de Cristo es cumplimiento de las profecías, adhesión plena y total al proyecto del Padre. No faltan las persecuciones políticas, el destierro (Mc 2,14-15; cf Os 11,1), la sencillez que oculta la majestad (Mt 21,4-5; cf. 1s 62,1 1; Zac 9,9- 10), la traición por parte de un apóstol y amigo (Jn 13,18; cf. Sal 41,10; Lc 22’48), el despojo total (Jn 19,24; cf. Sal 22,19; 15 52,13-53,12).
Jesús es pobre porque como Mesías evangeliza a los pobres (Mt 11,5; Lc 4,18; cf 1s 61,1), a los que anuncia la salvación. Jesús se solidariza con los pobres hasta tomar sobre sí los pecados de todo el mundo (Jn 1,29. cf. 1s 53,7-12). Jesús comparte el afán de los pobres, llena sus esperanzas, los proclama «bienaventurados» (Lc 6,20-21).
Para Jesús son pobres los pecadores, los enfermos, los indigentes, los extranjeros, a los que dirige no una palabra de consuelo, sino de salvación.
Pablo sintetiza así el («misterio» de la pobreza de Jesús: «Él, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres» (Flp 2,6-7), y «siendo pobre, se hizo rico por vosotros, para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8-9).
Jesús ofrece como «signo» del cumplimiento de las promesas mesiánicas la evangelización de los pobres (Mt 11,5; Lc 7 22) y sintetiza el dato existencial de la pobreza integral: « Las zorras tienen madrigueras y los pájaros del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8,20). Jesús se pone de parte de los pobres (93 veces en el evangelio), los felicita en la primera bienaventuranza (Mt 5,3; Lc 6,20); los exalta en la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro (Lc 6,19-31) y en el «óbolo de la viuda» (Mc 12,41-44); quiere hacer que participen de la vida social (Lc 14,21), compartiendo los bienes con los demás (Mt 19,21). Advierte y exhorta a no preocuparse por las riquezas (Mt 6,19-21.25-33), resalta los peligros de las riquezas (Lc 12,16-21; Mc 10,17-25) e invita al joven rico a renunciar a todo lo que tiene. La condición esencial para seguir a Jesús es «hacerse pobre».
Jesús preveía que no faltarían nunca pobres. Su palabra no institucionaliza la pobreza, sino que intenta despertar en los discípulos el esfuerzo por eliminar un malestar, un sufrimiento, una indigencia a través de la justicia social (Mt 23,23), el reparto de la propia riqueza (Mt 19,21; Lc 12,33; 19,8), la distribución generosa y purificadora (Mt 6,2; Lc 1 1,41; 12,33134), la ayuda tangible y real (Mt 23,31-46), sin interrupción. Los pobres en la dimensión del evangelio son « sacramento». En ellos se oculta el mismo Cristo y se le sirve o se le desprecia (Mt 10,4’2; 25,40-45), Ellos simbolizan la realidad del reino celestial (Lc 14,15-24; 15,1 1-32; 16,1931). Los pobres constituyen la prueba de la fidelidad de Dios, que les promete mediante la palabra de Jesús el reino de los cielos y al mismo tiempo la satisfacción de su hambre y de su sed (Lc 6,20-23). Otros personajes del evangelio atestiguan esta pobreza: Juan Bautista, José, María de Nazaret

2. La pobreza en los Padres.- La Didajé, san Justino, san Cipriano, Clemente de Alejandría y Orígenes ofrecen claros testimonios sobre la pobreza. Con Antonio y con Pacomio este hecho se hace colectivo y se organiza.
Es la espiritualidad del desierto como medio principal de perfección; la pobreza produce frutos copiosos : abandono filial a la providencia, libertad y gozo de espíritu, trabajo material y moral, santidad y apostolado.
Y esto tanto en la expansión geográfica en Oriente (Egipto, Palestina, Siria, Grecia) y en Occidente, como en su evolución organizativa (anacoretismo inicial, cenobitismo pacomiano).
Con san Basilio llegamos a la renuncia pública y con san Cesáreo a la fórmula jurídica: «venditionis chartanl faciat» (Regula ad monacos, y PL 67 1099) y a la clausura, como -cautelas para la pobreza efectiva e integral. En la Regla de san Benito no aparece la palabra pobreza, pero ordena la expropiación individual y permite la propiedad colectiva (es el monasterio el que posee). Algo parecido es lo que ocurría en la Iglesia de los Hechos. Contra los abusos y la relajación surgieron las diversas reformas benedictinas : Císter Fonte Avellana, Grandmont, Camáldula, Valleumbrosa, Monteoliveto y otras. Respecto a la vida monacal femenina, hay que reconocer que durante unos diez siglos (empezando por san Cesáreo, que fundó un monasterio para su hermana Cesárea) recurrió «a la propiedad sobre la base de una seguridad material perfectamente garantizada por medios humanos» (Duval).
La pobreza entró en la fórmula de los votos en 1148, adoptándola luego los frailes menores y los trinitarios.

3. La pobreza voluntaria es el fundamento del Reino de Dios.- La pobreza interior requiere la participación de la conciencia en una opción libre. La pobreza voluntaria es el fundamento del Reino de Dios. San Clemente escribe en el 101 : «Cristo pertenece a los humildes». Orígenes identifica la humildad con la justicia, la templanza, la fortaleza, la sabiduría. La verdadera pobreza es una dimensión que brota del espíritu.
a) La pobreza en los documentos del concilio Vaticano II – El concilio Vaticano II reconoce en la pobreza una opción voluntaria para concretar el seguimiento de Cristo. El concilio habla de practicar una pobreza interna y externa no sólo como dependencia cíe los superiores en el uso de los bienes; de compartir la ley . común del trabajo; de dar un testimonio comunitario de pobreza, de apoyo a los pobres y de comunión de biénes; de reafirmar el derecho de los Institutos a poseer, pero advirtiéndoles que eviten toda apariencia de lujo, de lucro excesivo y de acumulación de bienes. El concilio ha confiado a la responsabilidad de cada Instituto la búsqueda y la recuperación de aquella pobreza evangélica que pensaron y vivieron sus fundadores.
La Íglesia se propone ser ella misma pobre, como Cristo (LG 8; AG 5, 12). En la Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975) se desarrolla este mismo tema. Se insiste en la ejemplaridad de Cristo: evangeliza a los pequeños y a los pobres, que se convierten en discípulos suyos.
b) comunión de bienes.- La Iglesia primitiva asentó sus fundamentos en el evangelio de Jesús. La comunidad primitiva vive y actualiza la koinonía en la comunión de bienes. « Muchos de los que habían oído la predicación de los apóstoles creyeron, y la comunidad de creyentes aumentó en número hasta unas cinco mil personas» (Hch 4 4).
Esta comunión no se limita a los bienes de consumo, sino que requiere una comunicación existencial, el ponerlo todo en común: los carismas personales, las aspiraciones, la afectividad, etc., es decir, toda la propia personalidad
A,A. Rozzi

Bibl.: J Lois, Oración por el pobre, en CFET 635-655; P. Richard – Ellacuría, Pobíeza/Pobres, en CFC. 1030-1057. P Christophe, Para leer la historia de la pobreza, Verbo Divino, Estella 1989; A, Gelin, Los pobres de Yahvé Nova Terra, Barcelona 1970; R, Fabris, La opción por’ los pobres en la Biblia, Verbo Divino, Estella 1993; J. 1. González Faus, Vicarios de Cristo, Los pobres en la teología y espiritualidad cristianas, Trotta, Madrid 1991 .

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