El sacerdote: : «SACERDOTES PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA»

El sacerdote: : «SACERDOTES PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA»

Como todos los hombres, es hijo de una familia y de un determinado ambiente social. Como todos los hombres, ha crecido y ha tenido las dificultades propias de la adolescencia y de la juventud. Como todos los hombres, tiene su temperamento y su carácter, sus virtudes y sus defectos, sus problemas y sus inquietudes…

«SACERDOTES PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA»

El sacerdote, quiérase o no, está presente en la vida de la Iglesia y de la sociedad. Unos lo admiran, otros lo critican, pocos lo comprenden…

¿Quién es ese hombre que ha escogido el camino del sacerdocio?
¿Qué hace? ¿Cual es su papel en la comunidad cristiana y en la comunidad social?..

A. EL SACERDOTE ES UN HOMBRE

– El sacerdote es, ante todo, un hombre de carne y hueso; no es un ángel, un mago o un superhombre.

Como todos los hombres, es hijo de una familia y de un determinado ambiente social. Como todos los hombres, ha crecido y ha tenido las dificultades propias de la adolescencia y de la juventud. Como todos los hombres, tiene su temperamento y su carácter, sus virtudes y sus defectos, sus problemas y sus inquietudes…

B. EL SACERDOTE ES UN HOMBRE DE DIOS

– El sacerdote se configura como «hombre de Dios» por la dedicación primordial de su vida: todo lo que se refiere a Dios.

– El sacerdote ha sido elegido por Dios de entre los hombres y consa¬grado mediante la imposición de las manos para ser mediador -«puen¬te»- entre los hombres y Dios. De ahí que el sacerdote no sea un «burócrata de oficina», un simple administrador o un mero luchador de la promoción humana.

C. EL SACERDOTE ES EL HOMBRE DE LA COMUNIDAD Y PARA LA COMUNIDAD

– El sacerdote forma parte de la comunidad cristiana, participa de su vida y es ordenado para el servicio de la misma. El servicio principal del sacerdote consiste en presidir la comunidad con caridad en el nombre de Jesucristo.

* AL SERVICIO DE LA PALABRA DE DIOS

– El sacerdote es el hombre de la Palabra de Dios; su primer deber es la predicación del Evangelio. Esta tarea reviste dos formas principales:la evangelización y la catequesis en la comunidad cristiana.

– El sacerdote es un educador en la fe. Transmite la Palabra de Dios en nombre de Cristo y de la Iglesia; la aplica en su vida personal y la actualiza en las situaciones concretas en que viven las personas de la comunidad.

– Por ser predicador de la Palabra de Dios, el sacerdote ha de guiar la conciencia de los fieles para que respondan a las exigencias del Evan¬gelio. Por eso el sacerdote, con su predicación, ha de iluminar a la luz de la fe la vida de las personas y los problemas de la comunidad: injusticias sociales, manipulaciones, opresión de los pobres, etc.

* AL SERVICIO DEL CULTO

– El sacerdote es el ministro de los sacramentos. Otra de sus tareas importantes es presidir el culto de la comunidad cristiana, ya sea por la oración comunitaria o por la celebración de los sacramentos. En esta línea cultual hay que destacar en la vida del sacerdote la celebración de la Eucaristía, centro de todo el culto cristiano.

– El sacerdote, como servidor del culto, es un mediador de la santifica¬ción de los fieles y un educador litúrgico que forma constantemente a su comunidad para que sus celebraciones sean participativas, alegres y liberadoras.

* AL SERVICIO DE LA COMUNION FRATERNA

– El sacerdote es también el rector del Pueblo de Dios; pero su régimen sobre los fieles no es de dominio arbitrario o interesado, sino de servi¬cio, de «CUIDADO CARITATIVO». El régimen del sacerdote sobre la comunidad está orientado a promover la fraternidad entre los creyentes y la sumisión al amor de Cristo.

– El sacerdote aparece aquí como animador de la comunidad cristiana: la convoca en nombre de Jesucristo, la mantiene en la unidad y favorece la corresponsabilidad y participación de todos los fieles.

D. EL SACERDOTE ES UN SERVIDOR EN MEDIO DE LA SOCIEDAD

– El sacerdote, para poder ir al encuentro de todos los hombres y ofre¬cerles el mensaje liberador del Evangelio, ha de estar «metido» en el contexto social que lo rodea, en su problemática, en sus necesidades. Desde este punto de vista, el sacerdote ha de cumplir dos exigencias: presencia y compromiso social.
– La presencia del sacerdote en la sociedad no es como «señor» rodeado de poder y de privilegios, como los que dominan y mandan. Ha de ser una presencia sencilla, fraterna y dialogante. Sobre todo, siguiendo los pasos de Cristo, será una presencia en medio de los pobres y débiles.
– El sacerdote ha de ser también un hombre comprometido a transformar las estructuras de pecado que hay en la sociedad; esto lo hará no como líder político, sino como predicador de la verdad, defensor de la justicia y testigo del amor de Jesucristo.
– Con su presencia y con su compromiso social el sacerdote se manifestará servidor de todos los hombres. Así será como Jesús de Nazareth: el hombre de Dios y el hombre para los demás.

«Para ser un verdadero mediador, el sacerdote debe ser a la vez y simultáneamente el hombre de Dios y el hombre de los hombres»

(Cardenal SUHARD)

» NOS COMPROMETEMOS

2.3. COMPROMISOS

¿A qué nos compromete el tema que hemos reflexionado hoy?

3. MATERIALES COMPLEMENTARIOS

3.1. «UN SACERDOTE NOSE PERTENECE»

«Mis padres tenían una fe, digamos brasileña; mi madre comulgaba Un! vez al año, y mi padre -a pesar de «ser francmasón- durante todo el mes mayo rezaba a la Virgen entonando cánticos con nosotros. Esto me hace siempre dudar de las graves acusaciones contra los francmasones… El me enseño que es posible ser bueno, sin ser religioso. Más tarde, yo mismo comprendí que es posible ser católico practicante y ser egoísta.
Desde pequeñito sólo pensaba en ser sacerdote. Debía tener unos siete años, cuando me dijo mi padre:

– Hijo mío, tú dices continuamente que quieres ser sacerdote. ¿Sabes en realidad lo que significa?.. Un sacerdote no se pertenece. Pertene¬ce a Dios y a los hombres. Lleva a los otros la fe, la esperanza y la caridad. Y, sobre todo, el amor y la pureza.
Le respondí que yo quería ser un sacerdote así.

– Entonces yo te bendigo».

(B. TAPIA, Helder Cámara: proclamas a la juventud)

3.2. ¿POR QUE ME HICE SACERDOTE?
Esta es la respuesta de JOSE CARDlJN, fundador de la Juventud Obrera Católica (JOC), a la pregunta por qué me hice sacerdote?»:
«Es difícil precisar el día, y sobre todo el medio que Cristo usó para lIamarme a su servicio. Creo que he sido llamado desde el seno de mi madre, y que ella. me crió con esa intención, y tt;’da mi familia, todo el ambiente, la ciudad y la iglesia de Notre-Dame del Hal, mis maestros y profesores, todo ayudó a ello. Pero, repito, fue ante todo mi madre, una simple obrera, que me enseñó a rezar, a conocer la Historia Sagrada… y sobre todo que me enseñó a querer a los más pobres que yo, y a sacrifi¬carme por ellos».

(S. VILA, ¿Por qué me hice sacerdote?)

3.3. DIEZ TITULOS QUE DEFINEN LA IDENTIDAD SACERDOTAL

– Hombre de Dios
– Hombre de la oración
– Hombre de la cruz
– Hombre del amor sin límites
– Hombre del Evangelio
– Hombre de los sacramentos
– Hombre de la comunidad
– Hombre de la esperanza
– Hombre del discernimiento
– Hombre de las vocaciones
(JUAN PABLO 11, 11-V-1980)

3.4. SI SUEÑAS… ¡VEN! (PREGON VOCACIONAL)
Si sueñas con vivir la vida plena… ¡Ven y sígueme!
Si tu barca no acaba de tocar la otra orilla… ¡Ven y sígueme!
Si quieres compartir mi Mesa y mi Camino… ¡Ven y sígueme!
Si sientes el aliento que te empuja al desierto… ¡Ven y sígueme!
Sígueme en la Montaña, donde los pobres son felices.
Sígueme en los caminos, donde la lepra y la ceguera aguardan curación.
Sígueme en la oración, donde leerás la vida a la luz de mi Rostro.
Sígueme hasta la Cruz y no vuelvas la cara de espanto y de terror.
Sígueme hasta el sepulcro y serás ante los pueblos testigo de mi Vida.
Mientras los muertos entierran a sus muertos, tú ¡Ven y sígueme!
Mientras reparten las herencias y llenan los graneros, tú ¡Ven y sígueme!.
Mientras construyen castillos sobre arena al precio de la sangre de los
pobres, tú ¡Ven y sígueme!
Mientras echan raíces en el páramo y se sientan al lado del camino, tú
¡Ven y sígueme!

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3 Comentarios

  1. Pedro Tejeda A

    Cuando en mis manos Rey eterno os miro y lacanda mirada te levanto de mi atrevida indignidad mes espanto y la piedad de Vuestro pecho admiro…..
    “Les daré pastores según mi corazón” (Jer 3, 15).
    El Sacerdote es el regalo mas grande de Cristo a la Iglesia porque si no hay sacerdote, no habra Eucaristia y nada que aliene y fortalezca a la Iglesia. La promesa de Cristo, que ha dicho: ‘He aquí que yo estoy con Ustedes todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28, 20), y consciente de la acción constante del Espíritu Santo en la Iglesia, creemos firmemente que nunca faltarán del todo los ministros sagrados en la Iglesia… Aunque en algunas regiones haya escasez de sacerdotes, sin embargo la acción del Padre, que despierta las vocaciones, nunca cesará en la Iglesia

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