«Dios quiere contar contigo».QUE SE ALEGREN LOS QUE BUSCAN AL SEÑOR

«Dios quiere contar contigo».QUE SE ALEGREN LOS QUE BUSCAN AL SEÑOR

“Dios quiere contar contigo”
QUE SE ALEGREN LOS QUE BUSCAN AL SEÑOR..
Viernes 06/mayo/2011.


Hech. 3; 1 – 10.

1. Un día, cuando Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres de la tarde, 2. acababan de dejar allí a un tullido de nacimiento. Todos los días lo colocaban junto a la Puerta Hermosa, que es una de las puertas del Templo, para que pidiera limosna a los que entraban en el recinto. 3. Cuando Pedro y Juan estaban para entrar en el Templo, el hombre les pidió una limosna. 4. Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada, y le dijo: «Míranos.» 5. El hombre los miró, esperando recibir algo. 6. Pero Pedro le dijo: «No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo: En nombre del Mesías Jesús, el Nazareno, camina.» 7. Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó. 8. Inmediatamente tomaron fuerza sus tobillos y sus pies, y de un salto se puso en pie y empezó a caminar. Luego entró caminando con ellos en el recinto del Templo, saltando y alabando a Dios. 9. Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, 10. y lo reconocieron: ¡Es el tullido que pedía limosna junto a la Puerta Hermosa! Y quedaron sin palabras, asombrados por lo que había sucedido.

Sal. 104.

1. ¡Bendice al Señor, alma mía! ¡Eres muy grande, oh Señor, mi Dios, vestido de gloria y majestad, 2. envuelto de luz como de un manto. Tú despliegas los cielos como un toldo, 3. construyes sobre las aguas tu piso alto. Tú haces tu carro de las nubes y avanzas en alas de los vientos. 4. Tomas de mensajeros a los vientos y como servidores un fuego en llamas. 5. Pusiste la tierra sobre sus bases, por siempre jamás es inamovible. 6. La cubres con el manto de los océanos, las aguas se han detenido en las montañas. 7. Ante tu amenaza emprenden la fuga, se precipitan a la voz de tu trueno; 8. suben los montes, bajan por los valles hasta el lugar que tú les señalaste; 9. pusiste un límite que no franquearán, para que no vuelvan a cubrir la tierra. 10. Haces brotar vertientes en las quebradas, que corren por en medio de los montes, 11. calman la sed de todos los animales; allí extinguen su sed los burros salvajes. 12. Aves del cielo moran cerca de ellas, entremedio del follaje alzan sus trinos. 13. De lo alto de tus moradas riegas los montes, sacias la tierra del fruto de tus obras; 14. haces brotar el pasto para el ganado y las plantas que el hombre ha de cultivar, para que de la tierra saque el pan 15. y el vino que alegra el corazón del hombre. El aceite le dará brillo a su rostro y el pan fortificará su corazón. 16. Los árboles del Señor están colmados, los cedros del Líbano que plantó. 17. Allí hacen sus nidos los pajaritos, en su copa tiene su casa la cigüeña; 18. para las cabras son los altos montes, las rocas son escondrijo de los conejos. 19. Pusiste la luna para el calendario y el sol que sabe a qué hora ha de ponerse. 20. Tú traes las tinieblas y es de noche, en que rodan todas las fieras de la selva; 21. rugen los leoncitos por su presa reclamando a Dios su alimento. 22. Cuando el sol aparece, se retiran y vuelven a acostarse en sus guaridas; 23. el hombre entonces sale a su trabajo, a su labor, hasta que entre la noche. 24. ¡Señor, qué numerosas son tus obras! Todas las has hecho con sabiduría, de tus criaturas la tierra está repleta! 25. Mira el gran mar, vasto en todo sentido, allí bullen en número incontable pequeños y grandes animales; 26. por allí circulan los navíos y Leviatán que hiciste para entretenerte. 27. Todas esas criaturas de ti esperan que les des a su tiempo el alimento; 28. apenas se lo das, ellos lo toman, abres tu mano, y sacian su apetito. 29. Si escondes tu cara, quedan anonadados, recoges su espíritu, expiran y retornan a su polvo. 30. Si envías tu espíritu, son creados y así renuevas la faz de la tierra. 31. ¡Que la gloria del Señor dure por siempre y en sus obras el Señor se regocije! 32. él, que mira a la tierra y ésta tiembla, y si toca a los montes, echan humo. 33. Al Señor quiero cantar toda mi vida, salmodiar para mi Dios mientras yo exista. 34. Ojalá que le agrade mi poema, yo, como sea, me alegro en el Señor. 35. ¡Desaparezcan de la tierra los pecadores y que no existan más los malvados! ¡Alma mía, bendice al Señor!

Lc. 24; 13 – 35.

13. Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, 14. e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. 15. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, 16. pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. 17. El les dijo: «¿De qué van discutiendo por el camino?» Se detuvieron, y parecían muy desanimados. 18. Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?» 19. «¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: «¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!» Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. 20. Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. 21. Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Pero todo está hecho, y ya van dos días que sucedieron estas cosas. 22. En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, 23. pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. 24. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.» 25. Entonces él les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes, y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! 26. ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?» 27. Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y luego todos los profetas, . 28. Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, 29. pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.» Entró, pues, para quedarse con ellos. 30. Y esto sucedió. Mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, 31. y en ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero ya había desaparecido. 32. Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» 33. De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. 34. Estos les dijeron: «Es verdad. El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.» 35. Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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