La necesidad de que aumente nuestra fe. Lc 17, 5-10

Llamados a nuestra celebración eucarística por lo menos una vez a la semana, nos reunimos en un día muy especial: “el día del Señor”, un día con Jesús que celebramos el triunfo de la salvación, el misterio de la resurrección del Él. Hoy nos dirige su palabra como columna de lo que creemos, en sí, hoy toca la parte sensible de nuestra “fe”.

Evangelio San Lucas 17,5-10. Domingo 6 de Octubre de 2019.

En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: `Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería.
¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños,

Evangelio San Lucas 10,17-24. Sábado 5 de Octubre de 2019. Misa de Santa María Virgen.

En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.
Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

Evangelio San Lucas 10,13-16. Viernes 4 de Octubre de 2019.

En aquel tiempo Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza.

Evangelio San Lucas 10,1-2. Jueves 3 de Octubre de 2019. Misa del Santísimo Nombre de Jesús.

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Evangelio San Mateo 18,1-5.10. Miércoles 2 de Octubre de 2019. Loa Ángeles Custodios.

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”.
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande

Evangelio San Lucas 4,51-56. Martes 1 de Octubre de 2019.

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén.

Evangelio San Lucas 9,46-50. Lunes 30 de Septiembre de 2019.

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”

El cielo y el infierno realidades para el católico Lc 16, 22-26

Reunidos en la santa eucaristía, escuchamos desde el ambón sacerdotal, como Jesús nos narra un acontecimiento de dos hombres que tienen diferentes condiciones de vida, los dos tienen el mismo fin en cuanto a morir, pero tienen un distinto lugar de destino, esto nos hace recordar la cultura que existe en el catolicismo de la existencia del cielo e infierno.

Evangelio San Lucas 16,19-31. Domingo 29 de Septiembre de 2019.

>En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.