La misa, Eucaristía o asamblea. Su significado para el católico

La misa, Eucaristía o asamblea. Su significado para el católico

MISA

La misa es el nombre más habitual  en Occidente para designar la celebración de la eucaristía, el acto de culto por excelencia. Al principio la palabra latina missa indicaba la despedida al  final de cada reunión; a continuación pasó a significar el conjunto de las oraciones con que terminaban una celebración, e incluso todo el oficio divino; desde el siglo Vl se utilizó para indicar la eucaristía.
Desde siempre la Iglesia dirige a los  creyentes la invitación a reunirse en asamblea en torno a Jesús resucitado para celebrar su memorial. Es una asamblea eclesial, pero convocada por el Señor: Jesús sale al encuentro de sus amigos, está en medio de ellos para revelar su presencia de resucitado y comunicarse a ellos mediante las Escrituras y el pan compartido, como a los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35).
Pero es también una iniciativa del Padre que quiere abrazar en la unidad a sus hijos dispersos. Y es iniciativa del Espíritu Santo, don del Padre transmitido por el Hijo, para que nos unamos a su muerte y resurrección y nos hagamos miembros vivos de su cuerpo. Por eso la misa se abre y se cierra  siempre con el signo de la comunión trinitaria.
La Institutio generalis (Principios y normas) que presenta y comenta él nuevo Ordo Missae (Rito de la Misa) ofrece las indicaciones teológicas y la orientación pastoral fundamental : « La celebración de la misa… es acción de Cristo y del pueblo de Dios, jerárquicamente ordenado» (n. 1). Por eso implica y supone una presencia activa, una conciencia responsable y un compromiso consecuente para realizar el acto sagrado. El contenido de «la acción de Cristo y del pueblo de Dios» consiste en el don de la salvación, realizada por Cristo y ritualizada sacramentalmente en la celebración; y es , ofrenda del culto al Padre, en la mediación de Cristo y en la comunión con él. La salvación y el culto alcanzan su cima en el signo litúrgico: por eso en la misa se lleva a cabo en el plano objetivo sacramental la realización más intensa del misterio pascual, en el cual se ha cumplido la obra de la redención del hombre y de la perfecta glorificación de Dios. En torno al misterio pascual, actualizado en cada una de las eucaristías, se hace memoria de los misterios de la redención en la sucesión de los tiempos del año. Además, de la celebración eucarística dimanan, por derivación, participación y eficacia, todas las demás acciones sagradas  y toda la vida cristiana, de la misma manera que se orientan hacia ella: la eucaristía es la cumbre y la fuente (SC 10) de la salvación.
Así pues, la misa es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia universal, para la local y para cada uno de los fieles. Por consiguiente, es de suma  importancia que la celebración de la misa se ordene de tal manera que los ministros y los fieles, «participando cada uno en ella según su propio orden y grado, obtenga la abundancia de aquellos frutos para cuya consecución nuestro Señor Jesucristo instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y de  su sangre, y lo confió a la Iglesia como memorial de su pasión y resurrección (n.2).
La celebración del memorial del Se ñor consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística. que forman un único acto de culto: otros ritos sirven de apertura y de clausura de la misma celebración.
Tras el canto de entrada, la señal de  la cruz y el saludo, toda la asamblea realiza él acto penitencial, que concluye con una fórmula de perdón pronunciada por el sacerdote, El Gloria, que sigue en las fiestas, es una de las composiciones más antiguas: con él la comunidad eclesial, «reunida en el Espíritu Santo, glorifica y suplica a Dios Padre y al Cordero»Más tarde, con la colecta, se expresa el carácter de la celebración.
La liturgia de la palabra está constituida principalmente de lecturas escogidas de la sagrada Escritura; la homilía, la profesión de fe y la oración universal desarrollan y terminan esta parte de la celebración, La Constitu ción Sacrosanctum concilium, n. 7, presenta la liturgia de la palabra como un grado de la presencia real de Cristo en la comunidad: cuando en la Iglesia se lee la sagrada Escritura, «Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el evangelio» (n. 9). Los domingos y las fiestas hay tres lecturas: el Profeta, el Apóstol y él Evangelio. Su proclamación educa al pueblo cristiano en el sentido de la continuidad en la obra de la salvación, según la pedagogía divina. Se ha organizado un ciclo de lecturas en tres años (A-B-C), haciendo proclamar los evangelios sinópticos según el criterio de la lectura semi-continua. Para los días feriales hay un ciclo de dos años para la primera lectura, y un ciclo único para el evangelio.
La liturgia eucarística se abre con la preparación y presentación de los dones y prosigue con la parte central y culminante de la misa, la plegaria eucarística, oración de acción de gracias y de santificación. Junto al canon romano (la plegaria), texto antiquísimo y solemne, figuran en el Misal romano otras seis plegarias eucarísticas. Todas ellas concluyen con la doxología final.
Se recita luego el Padre Nuestro con las plegarias que siguen y se intercambia el signo de la paz. Después de la fracción del pan y de la conmixtión, viene la comunión de los ministros y de los fieles: cuando la hacen todos bajo las dos especies, se expresa con más plenitud su forma de signo del banquete, así como la voluntad divina de ratificar la nueva y eterna alianza en la sangre del Señor. Pero incluso bajo una sola especie se recibe al Cristo entero y se participa del sacramento en toda su verdad.
El ritual de comunión termina con una oración, a la que sigue la bendición y la despedida (como significa aquí literalmente el término latino missa).
R. Gerardi

Bibl.: P Fahey. Misa. en DPAC, 11, 14501454; 1. ‘Oñatibia, Eucaristía, en CFP, 309323; J Jungmann, Missarum Sollemnia, Madrid 1955-1956; L. Maldonado, La plegaria eucarística. Estudio de teología bíblica y litúrgica sobre la misa, Ed. Católica, Madrid 1967

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1 Comentario

  1. Antonio Melián

    Si no hay auténtica comunidad, sentir, sufrir, común unión, ¿la «Misa» es verdadera, obtiene los resultados para los que se constituyó?

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