Actitudes para celebrar la Eucaristía: I parte:DE PIE, SENTADO, ARRODILLADO: Por Gregorio Lutz, Ediciones Dabar

Actitudes para celebrar la Eucaristía: I parte:DE PIE, SENTADO, ARRODILLADO: Por Gregorio Lutz, Ediciones Dabar

CELEBRAR DE PIE, SENTADO, ARRODILLADO

I parte: Por

Gregorio Lutz

Además de caminar, las actitudes corporales que adoptamos durante las celebraciones litúrgicas son: estar de pie, sentado y, a veces, arrodillado. En este capítulo analizaremos lo que se puede observar respecto a cada una de estas actitudes. Después, reflexiona¬remos sobre ellas a fin de descubrir cómo nos disponen a entrar en el mis¬terio que celebramos de pie, sentados o arrodillados.

A. ESTAR DE PIE

Observaciones

¿Cuándo estamos de píe?

Podemos resumir nuestras obser¬vaciones acerca de estar de pie en misa con las palabras de la Instrucción Gene¬ral del Misal Romano, en su número 21: «Los fieles permanecen de pie: desde el comienzo del canto de entra¬da, o desde el momento en que el sacerdote se acerca al altar hasta la oración del día, inclusive; para el canto del aleluya, antes del evangelio; du-rante la proclamación del evangelio; durante la profesión de fe y la oración universal; y desde la oración de las ofrendas hasta el fin de la misa», ex-cepto, eventualmente, durante la con¬sagración o durante un momento de oración en silencio después de la co¬munión. En otras celebraciones tam-bién nos quedamos de pie durante el canto de entrada, durante la procla-mación del evangelio y la aclamación que le precede; siempre que hubiere, durante una profesión de fe, sobre todo en el bautismo y en la renovación de las promesas bautismales; durante la oración universal o una oración so-lemne de acción de gracias o de ala¬banza. También deben permanecer de pie los novios cuando realizan el sa¬cramento del matrimonio, durante el consentimiento y durante el intercam¬bio de anillos.

Reflexiones

¿Por qué permanecemos de pie en la vida diaria?

Antes de poner de relieve el senti¬do religioso y cristiano de esta posi¬ción corporal, podemos preguntamos cuándo y por qué estamos de pie en nuestra vida diaria. ¿No es, la mayoría de las veces, para trabajar? Y cuando se acerca alguien que apreciamos, ¿no nos ponemos inmediatamente de pie, para escucharlo con atención y res¬ponderle con respeto? Romano Guar¬dini, uno de los grandes promotores del movimiento litúrgico, escribió en la década de 1920: «Estar de pie significa sobre todo concentrar nuestras fuerzas, pues, al contrario de la actitud distendida de quien está sentado, asu¬mimos una actitud vigorosa y discipli¬nada. Significa también que estamos atentos, pues en esa posición hay algo de tenso y despierto. Significa, final¬mente, que estamos preparados, pues quien está de pie puede ir inmediata¬mente de un lado a otro para cumplir sin demora un encargo o empezar el trabajo que le fue confiado» 2.

¿Por qué estar de pie en la liturgia?

La historia nos enseña que ya en el Antiguo Testamento y en las religio-nes paganas antiguas la posición nor¬mal para orar era de pie. La persona que oraba miraba hacia el este, donde sale el sol, y levantaba sus brazos. Los cristianos hacían lo mismo cuando oraban. El obispo y el presbítero que presidían las celebraciones y toda la asamblea permanecían de pie, vueltos hacia el este, en dirección al sol na¬ciente, con los brazos extendidos. Sin embargo, el sentido de esa posición corporal tenía para los cristianos un sentido diferente del que tenía entre los paganos. Los cristianos veían en el sol al Señor resucitado. El domingo, día de la pascua semanal, estaba inclu¬so prohibido orar arrodillado. El primer concilio ecuménico, el de Nicea, el año 325, decretó celebrar la misa de pie durante los domingos y el tiempo pas¬cual, debido a su carácter pascual. Los cristianos tenían conciencia del sim¬bolismo de estar de pie; sabían de la alta dignidad de la persona humana. Permanecer de pie era la actitud de al-guien libre, redimido, de quien por el bautismo vivía ya la vida de resucita¬do. Era la actitud del vencedor. Ni si¬quiera delante de Dios el cristiano tie¬ne necesidad de inclinarse, pues es hijo de Dios, y entre los hermanos y hermanas es igual, tiene los mismos derechos. El resto de la creación le fue sometida para ser dominada por él. Por eso los cristianos oraron de pie du-rante muchos siglos.

En la Edad Media hubo cambios en la espiritualidad litúrgica y en las posi¬ciones corporales. Mientras el sacer¬dote que presidía la misa permanecía de pie, los fieles comenzaron a inclinarse, por ejemplo, durante las oracio¬nes principales de la misa; más tarde comenzaron a arrodillarse. Debido a este cambio, evolucionó la teología de la eucaristía; ésta cada vez más se vol¬vió una celebración de adoración al Se¬ñor. Después del Concilio Vaticano II recuperamos, al menos en parte, cos¬tumbres de los cristianos de la anti¬güedad.

B. ESTAR SENTADO

Observaciones

¿Cuándo nos sentamos?

Hablando de las posiciones del cuerpo durante la celebración eucarís-tica, la Instrucción General del Misal Romano da a entender que estar de pie es la actitud corporal normal, mientras que estar sentado es una posición ex¬cepcional. La excepción de estar sen¬tado está prevista, conforme a la Ins¬trucción del Misal. «durante las lectu¬ras antes del evangelio y durante el salmo responsorial, durante la homilía y durante el ofertorio mientras se pre¬paran los dones; y, si fuera conveniente, mientras se guarda el silencio sa¬grado después de la comunión» (n. 21). En otras celebraciones la asam¬blea de los fieles permanece sentada en los momentos correspondientes, sobre todo durante la proclamación de la palabra de Dios, incluido el salmo responsorial, con excepción del evan-gelio. que se escucha de pie, y también durante la homilía. En la liturgia de las horas, durante la salmodia. los fieles permanecen sentados.

Reflexiones

¿Por qué en la vida diaria, nos sentamos?

Cuando comparamos el estar sen¬tados durante las celebraciones litúr-gicas con la misma posición corporal en nuestra vida diaria, pensamos inmediatamente en las horas, a veces sin fin, que muchos de nuestros contem¬poráneos pasan sentados delante de la televisión. Aunque este estar sentado no tenga gran valor expresivo, porque generalmente es muy pasivo, nos pue¬de dar una pista: está sentado quien escucha o mira con actitud receptiva o, tal vez, simplemente para descansar o rehacer sus fuerzas. Todos nos sen¬tamos mientras tomamos los alimen¬tos y para conversar unos con otros. Un caso típico de permanecer senta¬do, que nadie puede imaginar en otra actitud corporal, es la escuela. Allí, los alumnos reciben, por lo menos tradi¬cionalmente, las enseñanzas del profesor, escuchándolo con más o menos atención, y reflexionan y debaten so¬bre aquello que el profesor quiere co¬municarles. También se trabaja senta¬do en algunas profesiones. Ahora no estoy pensando en los casos en los que sólo se busca descanso para el cuerpo, como, por ejemplo, el tornero, que puede trabajar de pie o sentado. Hay trabajos que casi necesariamente se hacen en esta posición. El que escri¬be una carta o un libro, el que elabora un discurso o hace un cálculo mate¬mático difícil lo hace sentado. En esos casos se asume tal posición corporal porque favorece pensar y reflexionar.

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