Preparación para el sacramento de la confirmación: Decimo tema Sacramento reconciliación.

Preparación para el sacramento de la confirmación: Decimo tema Sacramento reconciliación.

PREPARACIÓN PARA EL SACRAMENTO
DE LA CONFIRMACIÓN.

TEMA DÉCIMO: LA PENITENCIA (1)

1. ¿Qué es el sacramento de la Penitencia?

El sacramento de la Penitencia es el sacramento por el cual a los bautizados se les perdonan los pecados cometidos después del bautismo.

2. ¿Qué nombre recibe, además, este sacramento?

Al sacramento de la Penitencia también se le llama Confesión, porque la confesión de los pecados es un acto muy principal y de institución divina, ya que para que el sacerdote pueda perdonar los pecados ha de saber previamente qué es lo que ha de perdonar.

3. ¿Quién instituyó el sacramento de la Penitencia?

El sacramento de la Penitencia – como los demás sacramentos – fue instituido por Jesucristo, cuando en la tarde del día de su resurrección se apareció a los Apóstoles y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; y a quien se los retuviereis, les serán retenidos” (Jn 20, 19-23)

4. Si enseñaba Jesús que los pecados solamente los puede perdonar Dios, ¿cómo es que los puede perdonar un sacerdote?

En efecto, Jesús enseñó: “ ¿quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?( Mc 2,7). Pero en la confesión es Jesús mismo, representado por el sacerdote, quien los perdona. Y es que a los Apóstoles y a sus legítimos sucesores en el sacerdocio entregó Jesús esa potestad.

5. Entonces, cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la absolución, ¿declara que los pecados están perdonados y, realmente, los perdona en ese acto?

Cuando el sacerdote pronuncia la fórmula de la absolución, la pronuncia de modo indicativo y en primera persona. Dice: “Yo (Cristo), te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Y es Jesucristo mismo quien absuelve y concede el perdón, sirviéndose del sacerdote – (ministro) – como instrumento, en quien Cristo “se impersona”

6. ¿Es necesario recibir el sacramento de la Penitencia para que se nos perdonen los pecados?

Sí. Los bautizados que hayan cometido algún pecado mortal necesitan acercarse al sacramento de la Penitencia para obtener el perdón divino.

7. ¿Por qué?

Porque así lo dispuso el Señor cuando dio a los Apóstoles la potestad de perdonar los pecados: “A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; y a los que los retuviereis, les serán retenidos” ( Jn 20,23)

8. ¿Y si no fuese posible recibir este sacramento y no se quisiera estar en estado de pecado, ¿no es posible encontrar el perdón de los pecados hasta el momento de la confesión?

Cuando no fuese posible recibir el sacramento de la Penitencia (por ejemplo, porque vivimos muy lejos de donde residen los sacerdotes o no fuera posible buscar la confesión por ser mala hora…) y se hubiera cometido algún pecado mortal, puede salirse de ese estado de pecado haciendo un acto de contrición perfecta, junto con el propósito de confesarse cuanto antes.

9. Entonces, ¿bastaría hacer un acto de contrición y tener propósito de confesar para acercarse a comulgar?

No. Ésta sería una grave equivocación, aunque sea uno de los contrayentes de una boda, o por ser padrino de la misma; o en el funeral de un ser querido, o en la fiesta del pueblo, etc.etc. Conviene saber que el bautizado que está en estado de pecado mortal no puede acercarse a recibir la Sagrada Comunión sin que, previamente, se haya confesado. Esta doctrina ha sido repetida por la Iglesia en recientes ocasiones, dada la laxitud que en esta materia reina hoy en día entre los cristianos. Quien esto haga cometería un gravísimo sacrilegio.

Por desgracia, últimamente se ha extendido esta práctica contraria a la doctrina de la Iglesia. Cosa que debemos desterrar con nuestro ejemplo.
10. Pero, ¿no es suficiente el acto penitencial que se hace al comienzo de la Santa Misa para perdonar los pecados?

El acto penitencial que se hace al comenzar la Santa Misa no tiene eficacia sacramental para perdonar los pecados mortales. Sí, en cambio, para perdonar los pecados veniales y para disponer el alma para asistir con fruto a la Santa Misa.

11. ¿Permite la Iglesia en algunos casos que se pueda impartir la “absolución colectiva”?

La Iglesia permite que en algunos casos un sacerdote pueda impartir una absolución a un grupo numeroso de personas, sin que previamente hayan hecho la confesión individual de sus pecados; por ejemplo, en una guerra, en un naufragio o en otro peligro grave de muerte, o cuando haya mucha gente y un grupo pequeño de sacerdotes, siempre con conocimiento y autorización del Sr. Obispo diocesano.

12. ¿Y los que hubieren recibido esa absolución colectiva han de confesar individualmente esos pecados perdonados?

Pasada esa imposibilidad física o moral que permitió la absolución colectiva, los pecados que se perdonaron por la misma han de ser confesados individualmente a un sacerdote, ya que la absolución colectiva se impartió con esa condición. Y si no se hiciera esto cuanto antes, sería inválida dicha absolución colectiva.

13. ¿Cuál es la materia del sacramento de la Penitencia?

La materia del sacramento de la Penitencia son los actos del penitente, a saber: la contrición, la confesión y la satisfacción. O dicho de otro modo más claro, los siguientes cinco actos del penitente: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda (que se contiene en la noción de contrición), decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.

14. ¿Y cuál es la forma el sacramento de la Penitencia?

La forma del sacramento de la penitencia es, fundamentalmente, como sigue: “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

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Ejemplos para ilustrar este tema

1.- El viejo y su viejo violín.

Un pobre hombre iba de pueblo en pueblo y se ganaba la vida tocando un viejo violín. Al final, pasaba su agujereada gorra y los que le habían escuchado dejaban caer unas monedas en ella.
Cierto día, comenzó a tocar como solía, se reunió la gente, y fue sacando con esfuerzo de su viejo violín aquellos ruidos más o menos armoniosos. Pero pasó por allí un famoso músico, se paró, y, sin decir nada al viejo, cogió su violín, lo preparó, lo afino… y sacó de él una bellísima pieza musical. El viejo, entusiasmado, cogió el violín y, lleno de asombro, decía con entusiasmo: ¡Es mi violín! ¡’ es mi violín…!
También nosotros, cuando andamos “desafinados”, sin la gracia de Dios en el alma, no podemos sacar de ella nada más que ruidos desafinados. Pero si nos ponemos en manos del artista, de Dios, y Él nos limpia y nos afina en una buena confesión ¡cuántas cosas maravillosas sacaremos de nuestra vida!

2.- Un tesoro al alcance de la mano

Una vez estuve en España, escribe un autor americano, y oí hablar a un obrero que había encontrado un billete de mil dólares; no le llamó mucho la atención; los billetes españoles son más grandes cuanto mayor valor tienen, y “aquel papelito” no le impresionó demasiado. Se lo guardó en el bolsillo, y unos días mas tarde, al pasar por un Banco, entró a preguntar cuánto valía. Y casi se desmaya cuando se lo dijeron, pues la suma aquella equivalía a tres meses de su jornal.
No es raro encontrarse con gente que no sabe lo que tiene. Nosotros tenemos un tesoro que quizá no apreciamos: el sacramento de la Penitencia.

Reflexión y propósito para esta semana

* Pregunta cuáles son las cinco cosas necesarias para hacer una buena confesión. Y asimílalas con el mayor interés.

** Ayudado de un formulario de examen de conciencia,
ve haciendo “una rebusca”en tu interior para ir preparando una buena y contrita confesión.
(como apéndice a estas charlas se incluye un examen de conciencia)

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