No se sabe con precisión quienes fueron los primeros promotores de la Devoción al Divino Corazón, pero ya en los siglos XI y XII encontramos algunas personas que profesaron un amor muy especial considerando la humildad de nuestro Señor Jesucristo, por ejemplo Guillermo de S. Thierry (+1148) quien invitaba a tener una experiencia muy particular de encuentro “entrando de lleno en el Corazón de Jesús”. A tal experiencia la comparaba a entrar en el “santo de los Santos” es decir, a la parte mas profunda y mas santa de su persona divina.
Por otra parte, San Bernardo de Claraval (+1153) enseñaba que el traspaso del Costado del Señor revela su infinita bondad y la caridad de su Corazón por todos nosotros. Así que no podemos simplemente contemplar un Corazón herido que derramo su Sangre y basta. Es preciso reconocer el motivo de la entrega de su vida como sacrificio de expiación y redención es su amor divino que brota como de una fuente de su Corazón Divino.
San Víctor (+1173) afirmaba que no se puede encontrar dulzura ni ternura que compare a la del Corazón de Jesús.
Todo esto nos hace reconocer en estas personas sus grandes meditaciones y las experiencias místicas fruto de la contemplación.
En medio de un mundo inmerso en el activismo y en el ruido, que nos lleva al estrés y a la enajenación, así como al olvido de las cosas de Dios y de su Amor, es conveniente para nosotros buscar los momentos de retiro espiritual en lugares donde podamos disponernos a experimentar la presencia de Diosen medio de nosotros. No dudemos en hacerlo.