Mensaje del Director general  de la  Archicofradía de la Guardia de Honor

Mensaje del Director general de la Archicofradía de la Guardia de Honor

Mensaje del Director general  de la  Archicofradía de la Guardia de Honor

 Corazón-Santo

Queridos hermanos en el Corazón de Jesús:

En este año celebraremos  el 150 aniversario de la erección de la Archicofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón. Esta importante celebración puede representar para cada uno de nosotros una buena oportunidad para profundizar la espiritualidad de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús para vivirla de manera siempre más profunda y comprometida.

 

La nueva iniciativa de imprimir un boletín de la Guardia de Honor en México ofrece un medio apropiado para compartir nuestras reflexiones, experiencias, ideas y la consecuencia es crecer en la perfección de la vida cristiana que buscamos a través de esta vivencia eclesial.

 

La “Guardia de Honor” evoca una idea de servicio, de cercanía y de fidelidad de un soldado hacia el propio Rey, según una imagen también muy querida en la espiritualidad de la Compañía de Jesús, que desde siempre ha acompañado los Monasterios de la Visitación en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

 

El guardia de Honor es quien decide ponerse como séquito de su Señor Jesús y quedarse fielmente a su lado, pero no al lado de su trono de gloria sino en el campo de batalla, la cruz, donde Él da prueba de todo su poder y realeza. Así como María, la Madre de Jesús, Juan el discípulo que Él  quería y María Magdalena; el Guardia de Honor se queda a contemplar el misterio de amor que en ella tanto se manifiesta.

 

En Jesús crucificado y particularmente en su Corazón traspasado se manifiesta todo el profundo amor de Dios hacia cada uno de nosotros que lo ha llevado a darse completamente por la humanidad. Mirando el Corazón de Cristo descubrimos de manera clara, real y personal, toda la ternura, la cercanía, la caridad y el apoyo de Jesús a nuestras frágiles vidas, su amor por cada uno de nosotros que venimos de las experiencias más diferentes y que somos tan distintos unos de otros, así como lo eran María, Juan y María Magdalena.

 

Hoy, más que nunca, tenemos necesidad de pararnos y dejar hablar los corazones, y hacer la experiencia del amor y sobretodo del amor auténtico que viene de Dios.  Nadie es capaz de amar, si antes no se ha sentido amado y el Señor ama siempre el primero.  Hace falta solamente abrir nuestro corazón. Sumergiéndose en el amor divino  se empieza una vida de amor que por su naturaleza es un dar y recibir, es amar todos y a todos con abundancia. Sumergiéndose en el amor divino, se alcanza una mayor unión al Señor, haciendo nuestros sus sentimientos, compartiendo sus angustias, uniéndose en sus “batallas” y entonces ofrecer nuestras vidas y nuestra oración para reparar las ofensas recibidas. Solo viviendo en el amor se pueden hacer nuestras las palabras de San Pablo que dicen: “Completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo”. La ofrenda generosa de reparar es fruto del amor recibido y vivido.

 

Una vida del amor es la manera más perfecta de dar gloria al Señor. Podemos decir con San Ireneo que la gloria de Dios es el  hombre viviente, y que el hombre viviente es quien ha vuelto a la vida por el amor de Dios, una vida nueva que es la misma vida de Dios que es “Amor”.

 

Pido al Señor que bendiga  y proteja ese árbol secular de la Guardia de Honor de México, para que  se fortalezca siempre más y produzca frutos abundantes para el bien de la Iglesia y del mundo.

 

Deseo a todos un nuevo año rico en abundantes dones divinos y de santa alegría, les bendigo con cariño.

 

Mons. Paolo Borgia.

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